El saber del psicoanalista

Conferencias en Sainte Anne
(1971/2)

CLASE 3 (6-Ene-1972)

No se sabe si la serie es el principio de lo serio. Sin embargo me encuentro frente a esta cuestión que aparece, de que evidentemente no puedo continuar acá lo que en otra parte se define como mi enseñanza, lo que se llama mi seminario. Aunque fuese porque no todo el mundo está enterado de que hago una pequeña conversación por mes aquí. Y como hay gente que se molesta a veces desde bastante lejos, para seguir lo que digo en otro sitio bajo ese nombre de seminario, no sería correcto, quiero decir, continuar acá.

Entonces, se trata, en suma, de saber lo que hago acá. Es seguro que no es del todo lo que yo esperaba. Estoy agobiado por esta afluencia que, hace que aquellos a quienes en realidad convocaba a algo que se llamaba "el saber del psicoanalista", no están para nada forzosamente ausentes, pero si un poco perdidos. Inclusive a los que están no se si aludiendo a mi seminario, les hablo de algo que conozcan. Deben también tomar en cuenta que, por ejemplo, desde la última vez, los que acá reencuentro, se encontraban allí, justamente lo he abierto, a ese seminario. Lo he abierto, si se es un poco atento y riguroso no se puede decir que pueda hacerse en una sola vez. Efectivamente, hubo dos. Y es por eso que puedo decir que lo abrí, porque si no hubiese habido segunda vez, no habría habido primera. Tiene su interés para recordar algo que introduje hace un cierto tiempo con respecto a lo que se llama la repetición. La repetición no puede evidentemente comenzar más que la segunda vez, que se encuentra por el hecho de que si no hubiera segunda no habría primera, que se encuentra pues siendo aquella que inaugura la repetición. Es la historia del cero y del uno. Pero con uno no puede haber repetición, de modo que para que haya repetición, no para que eso sea abierto, debe haber una tercera.

Es de lo que parecemos habernos dado cuenta a propósito de Dios: él sólo comienza. . .tardamos un tiempo en darnos cuenta, o bien lo sabíamos desde siempre, pero no fue notado porque después de todo, no se puede jurar nada en este sentido, pero en fin, mi querido amigo, Kójeve, insistía mucho sobre esta cuestión de la Trinidad cristiana.

Sea como fuera hay evidentemente un mundo, desde el punto de vista de lo que nos interesa —y lo que nos interesa es analítico— entre la segunda vez, que es lo que creí deber subrayar con el término Nachtrag, la retroacción. Evidentemente son cosas que no retomaré — no acá— más que en mi seminario, trataré de volver a esto este año. Es importante porque es en eso que hay un mundo entre lo que aporta el psicoanálisis y lo que aportó cierta tradición filosófica que ciertamente no es desdeñable, sobre todo cuando se trata de Platón, quien subrayó bien el valor de la díada. Quiero decir que a partir de ella todo se viene abajo. Qué es lo que se viene abajo, él debía saber qué, pero no lo dijo. Sea como fuere, no tiene nada que ver con el Nachtrag analítico, el segundo tiempo. En cuanto al tercero, cuya importancia acabo de subrayar, no la toma solamente para nosotros sino para Dios mismo.

Hace un tiempo, y con respecto a cierta tapicería que estaba expuesta en el Museo de Arte Decorativo, que era muy linda, a la que insistí para que todo el mundo fuese a ver, se ve ahí el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo que estaban representados estrictamente bajo la misma figura, la figura de un personaje bastante noble y barbudo, eran tres en entremirarse, causa mayor impresión que ver a alguien frente a su imagen. A partir de tres empieza a hacer un cierto efecto.

Desde nuestro punto de vista de sujetos, qué es lo que podría empezar en tres para Dios mismo? Es una antigua pregunta que planteé desde muy pronto, desde el momento en que comencé mi enseñanza, la planteé y luego no la reanudé, les diré enseguida por qué, es que evidentemente no es más que a partir de tres que puede creer en sí mismo.

Porque resulta bastante curioso, es una pregunta que nunca fue planteada, por lo que sé: cree Dios en sí mismo? Sería no obstante, un buen ejemplo para nosotros. Es completamente sorprendente que esta pregunta que planteé bastante temprano y que no creo vana no haya suscitado, aparentemente al menos entre mis correligionarios, quiero decir aquellos que fueron instruidos a la sombra de la Trinidad. Comprendo que a los otros no les haya sorprendido, pero en cuanto a ellos, verdaderamente, son "incorreligionibles"...No hay nada que hacer. Sin embargo, tenía ahí algunas personas notorias de la jerarquía que se llama cristiana. Se plantea la cuestión de saber si es porque ellos están tan metidos — lo que me cuesta creer que no entienden nada o — lo que es mucho más probable porque son de un ateísmo lo bastante integral como para que esta pregunta no les haga ningún efecto. Es la solución por la que me inclino. No se puede decir que esto sea lo que llamaba hace un rato una garantía de seriedad porque no puede ser más que un ateísmo, de alguna manera una somnolencia, lo que está bastante extendido. En otras palabras, no tienen la menor idea de la dimensión del medio en el que hay que nadar: se mantienen a flote lo que no es del todo igual—, se mantienen a flote gracias al hecho de que se tienen de la mano, Entonces, así, de la mano...hay un poema de Paul Fort en ese estilo: "Si todas las niñas del mundo. . .— empieza así— se dieran la mano, etc. . . podrían dar la vuelta al mundo.. .". Es una idea loca, porque en realidad las chicas del mundo jamas soñaron con eso, pero los varones por el contrario — también habla de ellos los varones, para eso, se entienden. Se tienen todos de la mano. Se tienen todos de la mano tanto más cuanto que si no se tuviesen de la mano, haría falta que cada uno enfrente a una chica por sí solo, y eso no les gusta. Hace falta que se tengan de la mano. Las chicas, es otro asunto. Son llevadas a eso en el contexto de ciertos ritos sociales, "las danzas y leyendas de la China antigua", eso es. . ., eso es chic, hasta es Che King — no shocking— es che king: fue escrito por alguien llamado Granel, que tenía una clase de genio que no tiene absolutamente nada que ver ni con la etnología — él era indiscutiblemente etnólogo— ni con la sinología — era indiscutiblemente sinólogo— entonces el susodicho Granel planteaba que en la China antigua, las chicas y los varones se enfrentaban en igual número, por qué no creerlo? En la práctica, en lo que conocemos en nuestros días, los varones se ubican siempre en cierto número más allá de la decena, por la razón que les expuse hace un rato, porque estar solo, cada uno enfrente de su cada una, se los expliqué: está demasiado lleno de riesgos. Para las chicas, es otra cosa. Como ya no estamos en tiempos del "Che King" se agrupan de dos en dos, hacen migas con una amiga hasta que hayan, por supuesto, logrado arrancar a un pibe de sus filas. Si señor! Piensen lo que piensen y aún si estás ideas les parecen superficiales, están fundadas, fundadas en mi experiencia de analista. Cuando ellas han alejado a un pibe de sus filas, naturalmente dejan a la amiga, que por otra parte no se las arregla peor por eso.

Sí! En fin, me dejé llevar un poco por todo esto. Dónde me creo que estoy! Me uno así, una cosa trae la otra, por Granet y esta historia sorprendente de lo que alterna en los poemas del "Che King", ese coro de los varones enfrentado al coro de las niñas. Me dejé llevar así, a hablar de mi experiencia analítica, sobre la cual hice un flash, ese no es el fondo de las cosas. No es acá donde expongo el fondo de las cosas Pero dónde estoy, dónde creo estar, para hablar en definitiva, para hablar del fondo de las cosas. Me creería casi con seres humanos o seres a mano, incluso! (1). Es así, sin embargo es así como me dirijo a ellos. Pero es eso, es el hablar de mi seminario lo que me llevó, en el fondo. Como después de todo, ustedes son quizás los mismos, hablé como si les hablara a ellos, lo que me llevó a hablar como si hablara de ustedes y — quién sabe— eso lleva a hablar como si les hablara a ustedes. Lo que no estaba, a pesar de todo, en mis intenciones. No estaba en absoluto en mis intenciones, porque si vine a" hablar a Ste. Anne, era para hablar n los 'psiquiatras y muy evidentemente, ustedes no son muy evidentemente todos psiquiatras Entonces finalmente, lo que hay de cierto, es que es un acto falido. Es un acto falido que entonces, en todo momento corre el riesgo de lograrse, es decir que podría ser que de todos modos, le hable a alguien. Cómo saber a quien le hablo? Sobre todo que al fin de cuentas, ustedes cuentan en el asunto, por más que me esfuerce. . . Ustedes cuentan al menos en esto que no hablo ahí donde contaba hablar, ya que contaba con hablar en el anfiteatro Magnan y hablo en la capilla.

Qué historia! 

¿Escucharon?

¡Hablo en la capilla! Es la respuesta. Hablo en la capilla, es decir a las paredes!

Cada vez más logrado, el acto falido! Ahora sé a quién le vine. a hablar: a lo que siempre hablé en Ste. Anne, a las paredes! No hace falta que vuelva sobre eso, ya hace mucho. De tanto en tanto he vuelto con un pequeño titulo de conferencia, acerca de lo que enseño, por ejemplo, y además algunos otros, no voy a hacer la lista. Acá siempre hablé a las paredes.

X:—(...).

LACAN: —¿Quién tiene algo que decir?

X: — Deberíamos salir todos si les habla a las paredes. 

LACAN: — ¿Quién? . . .¿Quién me habla ahí?

X: Las paredes. 

LACAN:— Es ahora cuando voy a poder hacer el comentario de esto, de que hablando a las paredes, se interesan algunas personas. Por eso pregunté recién, quién hablaba. Es seguro que las paredes en lo que se llama — en lo que se llamaba en la época en que se era honesto, un asilo, el asilo clínico, como se decía— las paredes, a pesar de todo, no son poca cosa.

Diré más: esta capilla me parece un lugar extremadamente bien hecho para que captemos de qué se trata cuando hablo de las paredes. Esta especie de concesión de la laicidad a los internados, una capilla con su guarnición de monaguillos, por supuesto. No es que sea formidable, eh? desde el punto de vista arquitectónico, pero en fin es una capilla con la disposición que de ella se espera. Se omite demasiado que el arquitecto, por más esfuerzo que haga para salir de ahí, está hecho para eso, para hacer paredes. Y que las paredes, a fe mía... es de todos modos muy curioso que a partir de aquello de lo que hablaba hace un rato, a saber, el cristianismo, se inclinan quizás, por ahí, un poco demasiado hacia el hegelianismo, pero está hecho para rodear un vacío. Cómo imaginar qué es lo que llenaba los muros del Partenón y de algunas otras cositas por el estilo, de las que nos quedan algunas paredes derrumbadas, es muy difícil saberlo. Lo que hay de cierto es que no tenemos absolutamente ningún testimonio. Tenemos la sensación de que durante todo este período que recortamos con esta etiqueta moderna del paganismo, había cosas que ocurrían en diversas fiestas que se llaman, de las que se conservaron los nombres de lo que eran porque hay anales, que fechaban las cosas así: "Es en las grandes Panateneas que Adimante y Glaucón. . . etc.", ustedes saben lo que sigue ". . . encontraron al susodicho Céfalo". Qué es lo que pasaba ahí? ¡Es absolutamente increíble que no tengamos la menor idea!

Por el contrario, en lo que se refiere al vacío, tenemos una y grande porque todo lo que nos ha quedado legado, legado por una tradición que se llama filosófica, le hace un gran lugar al vacío. Hasta hay alguien llamado Platón que hizo pivotar alrededor de eso toda su idea del mundo, viene al caso decirlo, es él quien inventó la caverna. Hizo de ella una cámara obscura Había algo que sucedía en el exterior y todo eso pasando por un agujerito hacia todas las sombras. Es curioso, es ahí donde tendríamos quizás un cabo, una pequeña huella. Es manifiestamente una teoría que nos hace ver de cerca lo que se refiere al objeto a.

Supongan que la caverna de Platón sean estas paredes, donde se hace oír mi voz. 

Es obvio que las paredes, me hacen gozar! Y es en esto que ustedes gozan, todos y cada uno, por participación. Verme hablando a las paredes es algo que no puede dejarlos indiferentes. Y, reflexionen: supongan que Platón haya sido estructuralista, se habría dado cuenta de lo que concierne a la caverna, verdaderamente, a saber, que sin duda es ahí donde nació el lenguaje. Hay que dar vuelta el asunto, porque por supuesto hace mucho tiempo que el hombre gime, como cualquiera de los animalitos chillando por tener la leche materna; pero para darse cuenta de que es capaz de hacer algo que, por supuesto, entiende desde hace mucho, — porque en el parloteo, el farfulleo, todo se produce— pero para elegir, debió darse cuenta de que las K resuenan mejor desde el fondo, el fondo de la caverna, de la última pared, y que las B y P brotan mejor en la entrada, es ahí donde escuchó su resonancia.

Esta noche me dejo llevar, ya que les hablo a las paredes. No hay que creer que lo que les digo, quiera decir que no saqué ninguna otra cosa de Ste. Anne, no llegue a hablar sino muy tarde, quiero decir que no se me habría ocurrido salvo para cumplir algunas tareas menores. Cuando era jefe de clínica, contaba algunas historias a los practicantes, incluso es ahí que aprendí a quedarme en el molde con las historias que cuento. Un día, contaba la historia de una madre de un paciente, un encantador homosexual al que yo analizaba y, no habiendo podido hacer otra cosa que verla llegar, a la tortuga en cuestión, ella había dado este grito; "Y yo que creía que él era impotente!" Yo cuento la Lista, diez personas entre los. . no habla más que practicantes, la reconocen enseguida! No podía ser otra Que ella. Ustedes se dan cuenta de lo que es una persona mundana! Eso hizo toda una historia, porque se me lo reprochó, cuando yo había dicho absolutamente nada más que ese grito sensacional. Eso me inspira desde entonces mucha prudencia para la comunicación de los casos. Pero en fin, es todavía una pequeña digresión, retomemos el hilo.

Antes de hablar en Ste. Anne, en fin, hice ahí muchas otras cosas, aunque no fuese más que venir y cumplir mi función y, por supuesto, para mi, para mi discurso, todo parte de ahí. Porque es evidente que, si hablo a las paredes, empecé tarde, a saber que, antes de oír lo que me devuelven, es decir, mi propia vez predicando en el desierto — es una respuesta a la persona...— mucho antes de eso, oí cosas totalmente decisivas, en fin, que lo fueron para mi. Pero eso es mi asunto personal. Quiero decir que la gente que está acá a título de estar entre las paredes, es totalmente capaz de hacerse oír, a condición de que se tengan las orejas apropiadas!

Para decirlo todo y rendirle homenaje por algo a lo que ella es ajena, todos saben que es por esta enferma que designé con el nombre de Aimée —que no era el suyo, por supuesto— que fui llevado hacia el psicoanálisis.

No se trata sólo de ella, por supuesto. Hubo otros antes y hay todavía unos cuantos a quienes dejo la palabra. En eso consiste lo que se lama mis presentaciones de enfermos. A veces hablo después con algunas personas que asistieron a esta especie de ejercicio, en fin, esta presentación que consiste en escucharlos, lo que evidentemente no les pasa cada dos por tres. Ocurre que hablando después con algunas personas que estaban ahí para acampanarme, para agarrar lo que pudieran, me pasa, hablando de eso después, que aprendo de eso, porque no es tan enseguida, hace falta evidentemente que se armonice la voz para reenviarla a las paredes.

Y es alrededor de esto que va a girar lo que voy a tratar este ano de poner en cuestión: es la relación de algo a lo que doy mucha importancia, a saber, la lógica. Aprendí muy pronto cuanto podía la lógica volver "odioso al mundo". Era en una época en que yo era aficionado a un cierto Abelardo, atraído sabe Dios por qué olor de mosca!

A mi, la lógica, no puedo decir que me haya vuelto absolutamente odioso a nadie salvo a algunos psicoanalistas, porque a pesar de todo... es quizás porque llego a taponar seriamente su sentido.

Llego a eso tanto más fácilmente cuanto que no creo en absoluto en el sentido común. Hay sentido, pero no hay común. Probablemente no haya uno sólo entre ustedes que me entienda en el mismo sentido. Por otra parte, me esfuerzo para que el acceso de este sentido no sea demasiado cómodo, de modo que ustedes deban poner algo de su parte, lo que es una secreción saludable y ano terapéutica. Secreten el sentido con vigor y verán cuanto más cómoda se vuelve la vida!!

Es por eso que me di cuenta de la existencia del objeto a, del que cada uno de ustedes tiene el germen en potencia. Lo que hace su fuerza y al mismo tiempo, la fuerza de cada uno de ustedes en particular es que el objeto a es completamente ajeno a la cuestión del sentido. El, sentido es un pequeño garabato agregado a este objeto a con el cual cada uno de ustedes tiene su ligazón particular.

Esto no tiene nada que ver ni con el sentido ni con la razón. La cuestión a la orden del día es que la razón tiene que ver con aquello a lo cual, en fin, debo decir, muchos se inclinan a reducirla: a la réson. Escriban: R.E.S.O.N. Escriban, dénme el gusto. Es una ortografía de Francis Ponge quien; siendo poeta y, siendo lo que es, un gran poeta, no debemos dejar de tomar en cuenta lo que nos cuenta. No es el único. Es una cuestión muy grave, que no vi seriamente formulada, fuera de este poeta, más que al nivel de los matemáticos, es a saber, que la razón, de la que nos contentaremos por ahora con captar que parte del aparato gramatical, tiene que vérselas con algo que se impondría —no quiero decir, como "Intuitivo", ya que seria recaer en la pendiente de la intuición, es decir de algo visual— pero con algo justamente resonante.

Acaso lo que resuena es el origen de la res, de lo que se hace la realidad? Es una pregunta, una pregunta que atañe, muy propiamente hablando, a todo lo que puede extraerse del lenguaje, a título de lógica. Todos saben que ella no alcanza, y que le fue necesario desde hace algún tiempo —lo habríamos podido ver venir desde hace un tiempo, desde Platón precisamente—, poner en juego la matemática. Y es. ahí cuando se plantes la pregunta de dónde centrar este real al que la interrogación lógica nos hace recurrir y que resulta estar al nivel matemático. Hay matemáticos que dicen que no podemos tomar como eje esta junción llamada formalista, este punto de junción matemático lógico, que hay algo más allá, al que después de todo no hacen más que rendir homenaje todas las referencias intuitivas de las que se creyó poder purificar esta matemática y que busca más allá a qué réson, R.E.S.O.N., recurrir para aquello de lo que se trata, a saber, de lo Real. No es esta noche, por supuesto, que voy a poder abordar la cosa aquí.

Lo que puedo decir es que, es por un cierto sesgo, que es el de una lógica, como pude en un recorrido que, a partir de mi enferma Aimée culminó en mi anteúltimo año de seminario en enunciar, bajo el título de cuatro discursos, hacia el que converge el tamizado de una cierta actualidad, pude por esta vía, hacer qué? Dar al menos la razón de las paredes.

Porque quien quiera que habite en estas: paredes, estas paredes las paredes del asilo clínico, conviene saber que lo que sitúa y define al psiquiatra en tanto tal, es su situación en relación a esas paredes, esas paredes por las cuales el laicismo hizo en ellas exclusión de la locura y de lo que eso quiere decir. Esto no se aborda más que por la vía de un análisis del discurso. A decir verdad, análisis se hizo tan poco antes de mi que resulta cierto decir que jamás surgió por parte de los psicoanalistas la menor discordancia con respecto a la posición del psiquiatra. Y sin embargo en mis Escritos se ve retomado sigo que expuse desde antes de 1950, bajo el título "Acerca de la causalidad psíquica"; me levantaba ahí contra toda definición de la enfermedad mental que se amparara en esta construcción hecha de una apariencia que por estar enganchada al órgano dinamismo, no dejaba menos enteramente de lado aquello de lo que se trata, en la segregación de la enfermedad mental, a saber algo que es otra cosa, que está ligado a un cierto discurso, el que designo como discurso del Amo. La historia muestra aún que este discurso vivió durante siglos, de un modo provechoso para todo el mundo, hasta un cierto desvío, en el que se volvió, en razón de un deslizamiento ínfimo que pasó inadvertido para los propios interesados, lo que lo especifica desde entonces como el discurso del capitalista, del que no tendríamos ningún tipo de idea si Marx no se hubiese dedicado a completarlo, a darle su sujeto: el proletario. Gracias a lo cual el discurso del capitalismo se expande donde quiera que reine la forma de Estado marxista. 

Lo que distingue al discurso del capitalismo es esto: la Verwefung, el rechazo, el rechazo fuera de todos los campos de lo Simbólico, con lo que ya dije que tiene como consecuencia. El rechazo de qué? De la castración. Todo orden, todo discurso que se entronca en el capitalismo, deja de lado lo que llamaremos simplemente las cosas del amor, amigos míos. Ven eso, eh? no es poca cosa!

Y es por eso que dos siglos después de este deslizamiento, llamémoslo calvinista, después de todo, por que no? —la castración hizo finalmente su entrada abrupta bajo la forma del discurso analítico. Naturalmente, el discurso analítico todavía no fue capaz de darle ni siquiera un esbozo de articulación, pero en fin, le multiplicó la metáfora y se dio cuenta de que todas las metonimias salían de ahí.

Ahí está! Ahí está en nombre de qué, llevado por una especie, un tipo de barullo que se habla producido en algún lugar del lado de los psicoanalistas, fui llevado a introducir lo que había de evidente en la novedad psicoanalítica, a saber que se trataba de lenguaje y que era un nuevo discurso. 

Como les dije finalmente, el objeto a en persona, es decir esta posición a la cual no se puede siquiera decir que apunta el psicoanalista: es llevado ahí, es llevado a eso por su analizando... La cuestión que se plantea es: cómo es que un analizando pueda tener alguna vez ganas de volverse psicoanalista. Es impensable, llegan a eso como las bolitas de ciertos juegos así, que ustedes conocen bien, que terminan por caer en el coso; llegan a eso sin tener la menor idea de lo que sucede. Finalmente, una vez que está ahí, ahí están y hay en ese momento, a pesar de todo, algo que se despierta, es por eso que propuse su estudio.

Sea como fuere, en la época en que se produjo este torbellino entre las bolitas, no se puede decir con qué alegría escribí este "Función y campo de la palabra y del lenguaje". Cómo puede ser que haya aceptado así, de entre muchas otras cosas sensatas, una especie de exergo tipo cantinela, que encontraran en...no tienen más que mirar, en el nivel de la parte 4, hasta donde recuerdo, es un asunto que habla encontrado en un almanaque...eh?...se llamaba: "París en el año 2000", no le falta talento! No le falta talento aunque nunca más hayamos oído hablar del nombre del tipo del que cito el nombre —soy honesto— y que cuenta esto que no tiene, en fin... que aparece ahí en esta historia de "función y campo" como pelos en la sopa, empieza así:

Entre el hombre y la mujer 

Está el amor, 

Entre el hombre y el amor... 

—No lo habían notado nunca, ¿eh?, ese asunto en su coso! 

Hay un mundo 

Entre el hombre y el mundo 

Hay un muro.

Lo ven, yo había previsto lo que les iba a decir esta noche, les hablo a las paredes. Van a ver que no tiene ninguna relación con el capitulo que sigue. Pero no lo pude resistir, Como acá les hablo a las paredes, no hago un curso, entonces no les voy a decir lo que en Jakobson basta para justificar que estos seis aleluyas sean de todos modos poesía. Es poesía proverbial porque ronronea: 

Entre el hombre y la mujer 

Hay el amor,

— Pero por supuesto! Hasta es lo único que hay!

Entre el hombre y el amor 

Hay un mundo.

Es lo que se dice siempre: "hay un mundo" así, "hay un mundo", eso quiere decir; "Ustedes, no lo lograrán nunca", como quien no quiere la cosa, al principio: "entre el hombre y la mujer, está el amor", eso quiere decir que...(Lacan se golpea las manos)...se engancha, un mundo, flota, eh? Pero con "hay un muro"...entonces ahí, ustedes comprendieron que "entre" quiere decir "interposición". Porque es muy ambigüo el "entre". Por otra parte, en mi seminario, hablaremos de la mesología, que es, lo que tiene función de "entre". Pero acá estamos en la ambigüedad poética y —hay que decirlo— vale la pena.

Réson! Borren réson! (del pizarrón).

Amor. 

El amor, está ahí, el redondelito. 

Bueno, lo que acabo de trazarles acá, en el pizarrón, este pizarrón que gira, es una forma, una forma como cualquier otra, de representar la Botella de Klein. Es una superficie que tiene ciertas propiedades topológicas sobre las cuales averiguarán los que no estén informados, se parece mucho a una banda de Moebius, es decir simplemente a lo que se hace torciendo una tirita de papel y pegando la cosa después de una media vuelta. Sólo que acá hace un tubo, es un tubo que en un cierto lugar, se vuelve sobre sí mismo. No les quiero decir que ésta sea la definición topológica de la cosa, es un modo de imaginarlo del que ya hice bastante uso, para que una parte de las personas que están acá sepan de qué hablo.

Vean entonces cómo igualmente la hipótesis es que entre el hombre y la mujer, deberla hacerse ahí, como decía Paul Fort hace un rato, un redondel, entonces puse el hombre a la izquierda, es pura convención, la mujer a la derecha, podría haberlo hecho inversamente. Tratemos de ver topológicamente lo que me gustó en estos seis versitos de Antoine Tudal, para nombrarlo. "Entre el hombre y la mujer está el amor." Se comunica con todo. Ahí, ustedes lo ven, eso circula! Está puesto en común, el flujo, el influjo, y todo lo que se agrega cuando se es obsesivo, la oblatividad, ese sensacional invento del obsesivo. Bueno! Entonces, el amor está ahí, el redondelito que está ahí en todas partes, aparte de que hay un lugar donde eso va a volver sobre sí mismo y mucho! Pero quedémosnos en el primer tiempo: entre el hombre (a la izquierda), la mujer (a la derecha), está el amor, es el redondelito. Este personaje del que les dije que se llamaba Antoine, no crean de ningún modo que yo diga jamás algo de más, es para decirles que era del sexo masculino, de modo que ve las cosas de su lado.

Se trata de ver lo que va a haber ahora ahí, cómo podemos escribirlo, lo que va a haber entre el hombre, es decir él, el "pueta" el "pueta de Puasia", como decía el querido León Paul Fargue, ¿qué es lo que hay entre él y el amor? ¿Me veré obligado a volver a subir al pizarrón? Ustedes vieron hace un rato que era un ejercicio un poco vacilante. Bueno! y bué, para nada: porque de todos modos a la izquierda ocupa todo el lugar. Por lo tanto, lo que hay entre él y el amor es justamente lo que está del otro lado, es decir, que es la parte derecha del esquema, Entre el hombre y el amor, hay un mundo, es decir que recubre el territorio ocupado primero por la mujer, ahí donde escribí M, en la parte de la derecha. Es por eso que aquel al que llamaremos el hombre, en este caso, se imagina que "conoce"— el mundo, en sentido bíblico así, que "conoce" el mundo, es decir muy simplemente, esta especie de sueño de saber que viene ahí, en el lugar de lo que estaba, en este esquemita, marcado con la M, de la mujer. 

Lo que nos permite ver topológicamente, del todo, aquello de lo que se trata es que seguidamente, cuando se nos dice: "entre el hombre y el mundo...", ese mundo, sustituido a la volatilización del compañero sexual —cómo se llegó a eso, es lo que veremos después—, bué, "hay un muro", es decir, el lugar en el que se produce esa vuelta sobre sí mismo, la que introduje un día como significando la junción entre verdad y saber. Yo no dije que estaba cortado, es un poeta de Papuasia quien dice que es un muro, no es un muro: es simplemente el lugar de la castración. Lo que hace que el saber deja intacto el campo de la verdad, y recíprocamente, por otra parte. 

No obstante, lo que hay que ver es que este muro está en todas partes. Porque lo que define a esta superficie; es que el circulo o el punto de vuelta sobre sí mismo —digamos, el circulo, ya que ahí lo representé con un circulo—es homogéneo en toda la superficie. Es incluso lo que hace que se equivocaran al representarla como una superficie intuitivamente representable. Si les mostrara enseguida la especie de corte que basta para volatilizarla, a esta superficie, en tanto especifica, topológicamente definida, volatilizarla instantáneamente, verían que no es una superficie lo que uno se representa, sino que es algo que se define mediante ciertas coordenadas —llamémoslas, si quieren, vectoriales— tal que en cada uno de los puntos de la superficie la vuelta está siempre ahí, en cada uno de sus puntos. De modo que en cuanto a la relación entre el hombre y la mujer, y todo lo que resulta de eso con respecto a cada uno de los compañeros, a saber su posición, así también como su saber, la castración está en todas partes.

El amor, el amor, que eso comunique, que fluya, que irrumpa, que sea amor, o qué! El amor, el bien que quiere la madre para su hijo, el "(a)muro" (2) alcanza con poner entre paréntesis el a para reencontrar lo que palpamos a diario, es que aún entre la madre y el hijo, la relación que la madre tiene con la castración, eso tiene mucho que ver!

Quizás para hacerse una sana idea de lo referente al amor habría que partir quizás de esto que, cuando algo se juega pero seriamente, entre un hombre y una mujer, siempre se pone en juego la castración. Es lo que es castrante. Y qué es lo que pasa por ese desfiladero de la castración, es algo que trataremos de alcanzar por vías que sean un poco rigurosas: no pueden serlo sino lógicas y aún topológicas.

Acá les hablo a las paredes, aún a los (a)muros, y a los (a)murssements (3). En otro lugar intento dar cuenta de esto. Y cualquiera pueda ser el uso de los muros para el mantenimiento en forma de la voz, está claro que los muros, no más que el resto, no pueden tener soporte intuitivo, aún con todo el arte del arquitecto en la clave.

Cosa curiosa, cuando definí estos cuatro discursos de los que hablaba hace un rato y que son tan esenciales para ubicar aquello de lo que, hagan lo que hagan, siempre son de a aún modo los sujetos, y sujetos, quiere decir "supuestos", supuestos en lo que pasa de un significante, de que está claro que es él, el amo del juego, y que ahí ustedes no son, respecto a algo que es otra cosa, por no decir el Otro, no son sino el supuesto. No le dan sentido. No tienen bastante ustedes mismos como para eso. Pero le dan un cuerpo a este significante que los representa, el significante-Amo!

Y bien! Lo que ustedes son acá dentro, sombras de sombra literalmente, no se imaginen que la sustancia que es del sueño de siempre atribuirse, sea otra cosa que este goce del que están cortados. Cómo no ver lo que hay de parecido en esta invocación sustancial y este mito increíble, del que Freud mismo se hizo reflejo, del goce sexual que es sin duda este objeto que corre, que corre como en el juego de la sortija, pero cuyo estatuto nadie es capaz de enunciar, si no es como el estatuto supremo, precisamente. Es el supremo de una curva a la que da su sentido, y también muy precisamente, de la que el supremo escapa. Y es por poder articular el abanico de los goces "sexuales" que el psicoanálisis da su paso decisivo. Lo que demuestra es justamente que el goce que se podría decir sexual, que no sería apariencia de lo sexual, se marca con el indicio —nada más, hasta nueva orden de lo que no se enuncia, de lo que no se enuncia más que con el indicio de la castración. 

Las paredes, antes de lograr estatuto, de tomar forma, es ahí, lógicamente, que las reconstruyo, estas $, S1, S2 y esta a, con los que hice para ustedes durante algunos meses, un jueguito, de todos modos es ese el muro detrás del cual, por supuesto, pueden poner el sentido de lo que nos concierne, de aquello de lo que creemos saber lo que quiere decir: la verdad y la apariencia, el goce, el plus de gozar.

Pero sin embargo, con respecto a lo que igualmente no tiene necesidad de paredes para escribirse, estos términos como cuatro puntos cardinales con respecto a los cuales ustedes tienen que situar lo que son, el psiquiatra bien podría después de todo darse cuenta de que las paredes, las paredes a las cuales está ligado por una definición de discurso...ya que, de lo que debe ocuparse, qué es? no es otra enfermedad que la que se define por la ley del 30 de Junio de 1938, a saber "alguien peligroso para sí mismo y para los otros".

Es muy curiosa esta introducción del peligro en el discurso con el que se asienta el orden social. Qué es este peligro? "Peligroso para sí mismo", en fin, la sociedad no vive más que de eso, y "peligroso para los otros", Dios sabe que toda libertad es dejada a cada uno en este sentido.

Cuando veo elevarse en nuestros días protestas contra el uso que se hace —para llamar a las cosas por su nombre y hacer rápido, es tarde en la URSS, de los asilos o de algo que debe tener un nombre más pretencioso para encerrar, digamos, a los oponentes, pues es bien evidente que son peligrosos para el orden social en el que se insertan.

Qué es lo que separa, qué distancia, entre la forma de abrir las puertas del hospital psiquiátrico en un lugar donde el discurso capitalista es perfectamente coherente consigo mismo, y en un lugar como el nuestro, donde todavía está en los balbuceos. Quizás la primera cosa que los psiquiatras, si hay algunos acá, podrían recibir, no digo de mi palabra, que no tiene nada que ver en el asunto, sino de la reflexión de mi voz sobre estas paredes, es saber primero lo que los especifica como psiquiatras.

Eso no le impide, dentro de los límites de estas paredes, oír otra cosa que mi voz. La voz, por ejemplo, de los que están internados acá, ya que después de todo, eso puede llevar a alguna parte...hasta hacerse una justa idea de lo que concierne al objeto a.

Les hice partícipe esta noche, en suma, de algunas reflexiones y, por supuesto, son reflexiones a las cuales mi persona como tal no puede ser ajena. Es lo que más detesto en los otros. Porque después de todo, entre la gente que me escucha de tanto en tanto y a la que se llama por eso —Dios sabe por qué!— mis alumnos, no podemos decir que se privan de reflejarse (4).

El muro siempre puede permitir "murarse".

Sin duda es por eso que volví a contar cosas a Ste. Anne. No es, propiamente hablando, para delirar, sino que, a pesar de todo, de estas paredes, algo me quedaba sobre el corazón.

Si puedo, después de todo este tiempo, haber logrado edificar con mi $, mi S índice 1, mi S índice 2 y el objeto a, la réson de ser, del modo que lo escriban, puede ser que después de todo, no tomen la reflexión de mi voz sobre estos muros por una simple reflexión personal.

NOTAS

(1) Juego por similicadencia entre étres humains (seres humanos) y coususmains, que en argot tiene el sentido de confiables, hechos a mano.

(2) Juego de palabras entro l'amour (el amor) y I (a)mur: literalmente el (a)muro. 

(3) Neologismo homofónico do ammussements (divertimentos, entretenimiento).

(4) Muroir: Juego de palabras entre mur (pared, muro) y miroir (espejo).


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