Seminario 21 - Jacques Lacan
Los no engañados erran (Los nombres del padre)

Clase 8, del 19 de Febrero de 1974

 

Así, mi querido Kondepierre, que se lo he burlado... Lo hice porque usted me lo ordenó, y yo lo tomé. Bien.

Lo que le birlé a Rondepierre es un librito de Hintikka que se llama Models for Modalities. Se trata de una lectura muy buena. Está bien hecha para demostrar lo que no se debe hacer. Al respecto, es útil.

Este Hintikka es un finlandés, un lógico, no porque hizo lo que no se debe hacer, pues, como acabo de decir, no es muy muy muy muy útil. Es particularmente demostrativo, justamente. Si leen lo que acabo de escribir en el pizarrón:

verán quizás dónde puede colocarse eso, lo que no se debe hacer. En fin, lo verán mejor cuando haya dicho más al respecto.

Por el contrario, -ya que todavía tengo un minutito- por el contrario, hay un buen ejemplo, un buen ejemplo de lo que se puede hacer. Es otro Librito. Otro librito del mismo Jaakko -parece que se dice Jaakko Hintikka- Jacques, por lo tanto, que se llama Time and Necessity, y como subtitulo: Etude sur la Théorie des Modalités d'Aristote. No esta mal y... supone -lo tengo sólo desde hace dos días- que alguien, el Hintikka en cuestión, se me había adelantado, y desde hace mucho tiempo, pues su titirito no sólo fue escrito sino que además salió; se me habla adelantado desde hace mucho tiempo sobre lo que les hacia observar la vez pasada: que vale la pena leer el Organon de Aristóteles, porque lo menos que se puede decir es que hará que se rompan la cabeza, y que lo difícil es saber, en alguien que produce aperturas (frayeur) -asi lo llamé- como Aristóteles, por que... por qué eligió esos términos y no otros Eligió esos y no otros porque... al fin de cuentas no es posible decir por qué si no comienzo por articular lo que hoy tengo que decirles.

Naturalmente, lo que hice la vez pasada no es poca cosa, ¡hay que hacerlo! Naturalmente, esto pasó desapercibido para más de una persona, pero hubo algunas que acusaron el golpe. Bien. Entonces, si no yerro y no parezco hacerlo, ¿cómo juego el juego que me guía? (Comment joue le jeu qui me guide?) .

Así se forma un verbo: " juegoeljuego" (joul jeu), yo juegoeljuego (je joul jeus, tú juegaseljuego (tu joul leu), Ia cosa sigue y da como para "él juegaeljuego "(il joul jeu) (1). Y después, esto ya no se sostiene. Aquí, el verbo juegoaljugar (joul jouer) no da como para "nosotros juegaaljugamos"(nouse jouljou) (2). Esto prueba que sólo se juega el juego en singular. En plural es dudoso, no se ''conjuega''(conjeugue) en plural el juegoeljuego. Y el hecho de que no hay plural no impide que lo mismo haya varias personas en singular. Hay tres; precisamente. En esto se reconoce el tres de lo Real, que como ya intente hacerles sentir: es tres (est trois) e incluso "estrecho" (étroit) (3) como la Puerta.... (4). Por lo tanto, lo que hice la vez pasada desplazaba algo, ¿qué?: lo que justamente pretendo es que no desplace todo. Incluso ésa es mi posibilidad de ser serio... Mi posibilidad de ser serio es que, en la seriedad... eso no apriete todo. Aprieta estrechamente la serie. Lo que anticipe es esto: que hay YA una lógica. E inclusive esto es lo que puede sorprender. Si Aristotetes no la hubiera comenzado, ella no estarla ya allí.

Entonces llego aquí y digo: es el saber de lo Real. Lo demuestro a cada momento, tengo que decirlo. Allí reconozco al tres. Pero al tres como nudo. Mi querida estructura, mi estructura de pacotilla, muestra ser nudo borromiano. Naturalmente, no basta nombrarla, llamarla así; porque no basta que sepan que eso se llama nudo borromiano para que sepan hacer algo con él. Tengo que decirlo: ¡hay que hacer el nudo borromia no! Aquí despunta una lucecita sobre lo que yo hago; puesto que de aquí he partido, voy a decir la verdad. Esto prueba ya que no basta decirla para estar en ella, en lo verdadero. Y de inmediato digo: uno de los puntos pivote de aquello en lo cual hoy entiendo hablar, en lo que aquí hago, como analista, ya que es de eso que hablo: yo no descubro la verdad, la invento. A lo cual agrego que esto es el saber.

Porque, cosa curiosa, es extraño nadie se preguntó nunca qué era el saber. Ah, yo tampoco. Salvo el primer día en que, agarrado por el brazo con respecto a esa tesis que, entre nosotros, pero dónde está François Wahl, no sé pero qué importa, tal vez esté aquí, tal vez no, pero si lo está hago observar que un día prometí públicamente, cediendo a una tierna presión, que volverla a publicar esa tesis. Lo dije, eso les basta, en Seuil Naturalmente, no dejaban de mordisquearme los talones al principio, en el momento en que saque los Escritos, para que volviera a publicarla; en ese momento dije que no quería cambié de opinión, pero ahora ya no están apurados. En síntesis, qué importa, des pues de todo yo prometí, pero si no se realiza evidentemente no es culpo mía. En fin, así es al menos como fui mordisqueado por algo que de este modo, dulcemente, ha hecho que me deslizara hacia... hacia Freud. Era algo que tenla la mayor relación con la pregunta que hoy formulo.

Puede parecer sorprendente que fuera así, a propósito de la psicosis, que me deslicé hacia esa pregunta..., hizo falta Freud, en fin, para que me la planteara verdaderamente: ¿qué es el saber?. El saber tiene trazas de descubrir, de revelar como se dice, alétheia, mi bienamada. Yo te muestro al mundo. Toda desnuda. Yo levanto velo. El mundo no puede pero, ¡por supuesto!, ya que de el se trata: cuando la muestro, a esa verdad, la bienamada, es a el que muestro. Si dije que la lógica es la ciencia de lo Real, esto tiene evidentemente una relación muy estrecha con lo siguiente: que la ciencia puede ser sin conciencia. Porque justamente, eso no se dice que la lógica es la ciencia de lo Real. Que no se diga es un signo al menos de que no se lo toma por verdadero... Lo curioso es que, a falta de decirlo, uno no esté harto de decir cualquier cosa que valga sobre la lógica. Eso se demuestra andando, pero cuando Uno lo anuncia, aquí al comienzo, abran cualquier libro de lógica y verán el titubeo. Es igualmente curioso. Desde luego es por eso que... que Aristóteles no llamó directamente a su Organon: Lógica. Lo asombroso es que lo haya llamado Organon .

Sea como fuere: ciencia, por lo tanto, sin conciencia. Un día alguien dijo -se llamaba Rabeiais, era alguien particularmente astuto, y basta leer lo que escribió para darse cuenta; dijo escribir lo que escribió Rabeiais, si es como para decir hay que hacerlo-: "Ciencia sin conciencia", dijo, "no es sino ruina del alma". Y es verdad. Sólo que hay que tomarlo no como lo hacen los curas, a saber: que causa estragos en esa alma que, como todos saben, no existe, sino que ¡echa al alma por tierra! Sin duda no advierten que si digo "esto echa al alma por tierra", es decir que la vuelve completamente inútil, es exactamente lo mismo que lo que acabo de decirles al decirles que revelar la verdad al mundo es revelar al mundo mismo. Eso quiere decir que no hay más mundo que alma. Y que por consiguiente, cada vez que se parte de... de un estado del mundo, como se dice, para señalar allí la verdad, ¡uno se mete el dedo en el ojo! Porque el mundo -y bien, basta ya de afirmarlo- es una hipótesis que se apodera de todo lo demás. Comprendida el alma. Y eso se ve bien al leer a Aristóteles, el Sobre el alma; lo mismo que para Hintikka, les aconsejo mucho su lectura.

Si hay saber, si es posible plantearse la pregunta sobre el saber, entonces es muy natural que me hayan agarrado con eso, porque la paciente de mi tesis, el "caso Aimée", y bien, ella sabia; ella confirma, simplemente, aquello de lo que ustedes comprenden que he partido: ella inventaba; lo cual no basta, por cierto, para asegurar, para confirmar que el saber se inventa, porque, como se dice, ella desvariaba... Pero así me vino la sospecha. Naturalmente, yo no lo sabia. Precisamente por eso hay que dar un paso más en la lógica, y advertir que el saber, contrariamente a lo que sostiene la lógica epistémica - que parte de la HIPOTESIS, y en esto descansa el barrido que ella constituye-, hay que ver qué dará eso si ustedes escriben -así escriben ellos-: saber de a, a minúscula (no está tan mal elegida esa a minúscula, en fin, es una casualidad que sea la misma letra que la mía), saber de a minúscula; habría que Comentarlo, aquí designa al sujeto; por cierto que ellos no saben que el sujeto es aquello de lo que la a minúscula es la causa, pero en fin, es un hecho que ellos lo escriben así: S de a minúscula alfa. La lógica epistémica parte de esto: que el saber es forzosamente saber lo verdadero. Ustedes no pueden imaginar a dónde lleva esto. ¡A locuras! A locuras... aunque más no fuera ésta cuya falsedad acusa el saber inconsciente: que es imposible saber nada, supuestamente verdadero como tal, sin saberlo. Quiero decir, saber Que se robe

Hay un matemático muy simpático, muy experto en Hintikka, que hace la lindísima demostración -sus notas me fueron comunicadas- de que el saber que se soportaría en que no se sepa que se sabe es estrictamente inconsistente, en fin, imposible de enunciar en la lógica epistémica.

Pueden palpar aquí que el saber... ¡se inventa!, ya que esa lógica es un saber. Un saber como cualquier otro, y aquí quisiera hacerlos bajar un poco a tierra y recordarles simplemente qué es el saber inconsciente. Este merece PLENAMENTE el título de saber, y en cuanto a su relación con la verdad, es preciso decir que Freud se inquieta por ella, al punto de caer en el desconcierto cuando una de sus -en esa época se les llamaba pacientes, aún no se había encontrado el término -"analizante"- cuando una de sus pacientas le trae un sueño que miente deliberadamente.

Aquí está la falla.

Hay algo en Freud que se prestaba a la confusión en que se incurrió al traducir Trieb por "instinto". Todos saben que el instinto es... es un saber, supuestamente natural, Pero en cuanto a Freud, hay algo al menos que hace un pliegue: el instinto de muerte. Desde luego, yo he dado un pasito más. Pero en el mal sentido. El da vueltas y más vueltas y se da cuenta. Tienen que leer el famoso "más allá", si, Más Allá del Principio del Placer, como por azar. En ese Más Allá, en fin, él se preocupa, cómo es posible que algo cuyo módulo es permanecer en cierto umbral, el de menor tensión posible, sea esto lo que le gusta a la vida, como dice. Sólo que él advierte en la práctica que la cosa no marcha. Entonces piensa que la cosa pasa más abajo que el umbral. A saber, que esa vida que mantiene la tensión en cierto umbral de Golpe se pone a aflojar y hela aquí sucumbiendo por debajo del umbral hasta alcanzar la muerte. Es así como al fin de cuentas, Freud hace pasar la cosa. La vida es algo que levantó un día -Dios sabe por qué, hay que decirlo- y después no pide más que regresar, como todo el resto. Freud confunde el mundo inanimado con la muerte. Inanimado, quiere decir que se le supone no saber nada. Esto no quiere decir nada más para quienquiera dé al alma su equivalente sensato. Pero el hecho de que no sepa nada no prueba que esté muerto. ¿Por qué el mundo inanimado seria un mundo muerto? . Esto no quiere decir gran cosa, por cierto, pero plantear la pregunta tiene también su sentido...

Sea como fuere, correlativamente a esa cuestión del Más Allá del Principo del Placer, Freud nada en medio de algo que está mucho más cerca de la cuestión de la muerte, de lo que ella es: Freud parte, parte y después abandona la cosa, y es bien fastidioso. Parte del problema del germen y del soma. Lo atribuye a... a Weisman. No puedo extenderme, pero no es del todo lo que dijo Weisman. El que partió de la separación del germen y del soma es un tipo que vivió un poco antes, y que se llamaba Nussbaum. Además por lo que les hace a ustedes quedémonos aquí, no tiene gran importancia.

Lo importante es lo que rozó Freud en esta ocasión: que no hay muerte sino allí donde hay reproducción de tipo sexual. Es todo.

Si empleamos el término de Aristóteles, el huparkein en cuestión, "el pertenecera", y lo empleamos de la manera correcta, de la manera como Aristóteles lo emplea, es decir, sin saber por qué punta atraparlo, vemos que el sexo huparkei "pertenece a" la muerte, a menos que la muerte no pertenezca al sexo, y nos quedamos aquí, teniendo en la mano, precisamente, el mango r por donde hemos atrapado la cosa.

Allí donde le Falla se demuestra en sus consecuencias, a propósito de eso y bajo el pretexto de que algo en el mundo muestra que la vida a veces va hacia la muerte, Freud articula lo que sin embargo es difícil eliminar del sexo: el goce; y efectuando un deslizamiento que se habría evitado si hubiera tenido firmemente entre sus manos el nudo borromiano, designa como masoquismo la pretendida conjunción de ese goce, goce sexual, y la muerte. Es un colapso.

Si hay un lugar donde la clínica, la práctica, nos muestran algo -y esto explica que yo felicitara por ello, así, al pasar, a alguien que después anduvo mal-, si hay algo bien evidente es que el masoquismo es puro camelo. El masoquismo es un saber, desde luego, ¡un saber hacer, incluso! Pero si hay un saber del que se palpa que se inventa, que no esta al alcance de todo el mundo, ¡es ese Faltaría decir que el personaje en cuestión, a quien felicite al pasar, no era un clínico, sólo que habla leído a Sacher Masoch. Si es allí que eso se ve, que el masoquismo se inventa y que no está al alcance de todo el mundo, que es una manera de establecer una relación allí donde no hay la menor relación, entre el goce y la muerte, ello está claramente manifestado por el hecho de que, sin embargo, sólo ponemos allí la puntita del dedo meñique, no nos dejamos agarrar así nomás en la máquina.

Lo que al menos permite vialumbrar el alcance de lo que enunció, que el saber, allí donde lo aprehendemos por primera vez, así, manejable, manejable porque no somos nosotros quienes sabemos -como dice uno de mis alumnos, que llama a eso el no-saber, pobre muchacho!, el se imagina que no sabe ¡qué curioso!- pero todos sabemos porque todos inventamos un truco para llenar el agujero (trou) en lo Real. Allí donde no hay relación sexual, eso produce "troumatismo" (troumatsme) Uno inventa. Uno inventa lo que puede, por supuesto. Cuando no se es malo, se inventa el masoquismo. Sacher Masoch era un boludo. Hay que ver también con qué pinzitas tomaba a Sacher Masoch la persona que queria jugar la cosa para responderle. No sabia qué hacer de eso. ¡Sólo tenia Le Figaro para expresarse, y esto lo dice todo! En fin, dejemos a Sacher Masoch. Hay saberes más inteligentemente inventados. Y por esto digo que lo Real se inventa no sólo allí donde hay un agujero, sino que no es impensable ( que no ser por ese agujero que avanzábamos en todo lo que inventamos de la Real, lo que no es poco, porque está claro que hay un lugar donde eso, eso camina, lo Real, y es que lo hacemos entrar como tres, esa cosa bastarda, pues por cierto que es difícil manipular lógicamente esa connotación "tres" para lo Real.

Todo lo que sabemos es que "uno" connota muy bien el goce, y que "cero" quiere decir "no lo hay", lo que falta, y que si cero y uno hacen dos, esto no vuelve menos hipotética la conjunción del goce de un lado con el goce del otro.

No sólo no la vuelve más segura, sino que la estropea. Un mundo ni hecho ni por hacer, un mundo totalmente enigmático, desde el momento en que se intenta hacer entrar en él ese algo que estarla modelado sobre la lógica, con lo cual se fundamentaría que en la especie llamada "humana" se es hombre o se es mujer. Muy especialmente contra eso se eleva la experiencia; y no necesito ir muy lejos: hace apenas unas horas alguien me contó su encuentro con un chofer de taxi, del que no sólo le era imposible, a la persona que hablaba, decir si era un hombre o una mujer, sino que incluso se lo preguntó y el chofer no pudo responderle. Esto es algo bien corriente, e incluso de allí partió Freud.

El parte así, como comentario; la experiencia no le basta porque es preciso que se enganche un poco por todas partes a la ciencia, desde el momento en que no hay nada que se parezca más a un cuerpo masculino que un cuerpo femenino, si se sabe mirar en cierto nivel, en el nivel de los tejidos. Esto no impide que un óvulo no sea un espermatozoide, y aquí yace la cosa del sexo. Resulta completamente superfluo hacer observar que para el cuerpo eso puede ser ambigüo, como en el caso del chofer. Es completamente superfluo. Porque se ve que lo que determina no es siquiera un saber, es un decir. Sólo es un saber porque es un decir lógicamente inscribible; aquel que les he escrito con todas las letras, hay que decirlo, con mi Existe x no-phi de x, a saber: la excepción a cuyo alrededor pivotea que es en la medida en que esa excepción trae consecuencia para todos aquellos que creen que lo tienen, ¿qué tienen qué?: lo que no nos animamos a llamar la cola, lo llamamos el falo, y esto es lo que queda por determinar.

Mientras que del otro lado hay decir, decir formal aunque decir de nadie, no-existe x, o sea que sólo es para todo otro que está negada la función phi de x, que la negación, digamos para ilustrar, es dejada -no diré a Dios porque esa historia, ese collage del otro con Dios nos joroba sino a quien realice, a pesar de todo, esa suerte de universalidad de que no hay negación de la función phi de x, y es la única forma de universalidad del decir de una mujer, cualquiera que sea. No es menos cierto -pienso que recuerdan lo que escribi en el pizarrón, y que no me veré obligado a escribir otra vez- no es menos cierto que en ese conjunto, no todo decir formula lo función phi de x. En otros términos, que a mi pequeña barra que pongo sobre la A invertida, signo del cuantificados universal, a la pequeña barra por la cual se inscribe el no-todo, habría que sustituirle el signo de lo enumerable, a saber: alfa cero. Lo que se opone al Uno del Todo del hombre -y no hay más que uno como todo el mundo sabe, prueba de ello es que se lo designa por medio del articulo definido- lo que allí se opone al Todo del hombre es, tenemos que decirlo, LAS mujeres, en tanto que no hay medio de conseguirlo sino enumerándolas; y no puedo decir enumerándolas a todas porque lo propio de lo enumerable es justamente que jamás se llega al final. Y si les doy esta marcación es preciso que les sirva para algo, es preciso que ilustre lo que dije la vez pasada sobre el decir verdadero. El decir verdadero es lo que tropieza, y tropieza con esto: que para un... o-o insostenible, que seria el de que todo lo que no es hombre es mujer y a la inversa, lo que decide, lo que abre el camino, no es otra cosa que ese decir, ese decir que se precipita en lo que tiene que ver con el agujero por donde falta a lo Real lo que podría inscribirse de la relación sexual.

¿Qué sucede entonces con el saber? luego -no llegué a esta hora, es decir, 1 h 20, o algo así, si, 24- no he llegado a esta hora para decirles la cuarta parte de lo que tengo que hacerles pasar por las tripas, porque ésa es la función del decir, y si yo no se los digo no bastará con que lo escriba, pero al menos voy a darles una pequeño muestra de lo que puede escribirse, ya que sin esta reflexión sobre lo escrito, sin lo que hace que el decir venga a escribirse, no hay medio de que les haga sentir la dimensión con la que subsiste el saber inconsciente. Y lo que deben hacer como paso suplementario es advertir que si lo que les hago sensible al decirles que el inconsciente no descubre nada, pues no hay nada que descubrir, no hay nada que descubrir, no hay nada que descubrir en lo Real ya que allí hay un agujero, si el inconsciente inventa, es tanto más precioso advertirles que en la lógica ocurre lo mismo, a saber, que aunque Aristóteles no hubiera inventado su primera apertura, si no la hubiera hecho pasar del decir a ese machacar del ser gracias al cual hace silogismos, por supuesto se había hecho silogismo antes, sólo que no se sabia qué eran los silogismos. Para darse cuenta, es preciso inventarlo: para ver dónde está el agujero, es preciso ver el borde de lo Real.

Y cómo ya se ha hecho tarde y no vine para decirles la cuarta parte -será tanto peor, lo que viene después rellenará- al menos es preciso que les haga sentir el alcance de una cierta manera con la que yo me abro la lógica modal.

En cuanto a lo de construir, a lo de inventar -y vean aquí todos los ecos de intuicionismo que les plazca, siempre que sepan de qué se trata- un día traduje lo necesario por lo que no deja de escribirse. Bueno, sépanlo, hay una huella en Aristóteles (en la lógica preposicional, a saber, que algo es verdadero o falso, cuya notación es "cero" o "uno", según los casos) hay una pequeña huella, hay un lugar donde Aristóteles patina -se los mostrare cuando quieran-, en el Peri Hermeneias, como por casualidad, Sobre la Interpretación, para los que no lo entienden, hay un lugar donde estalla lo siguiente: que la lógica preposicional es tan modal como las otras. Si es verdad que eso sólo se sitúa allí donde les digo, es decir, allí donde la contradicción no es, al fin de cuentas, más que artificio, artificio de suplencia, pero que no por eso resulta menos verdadero, y lo verdadero juega aquí el rol de algo de lo que se parte para inventar los otros modos. A saber, que "necesario que: p", por más verdad que sea no puede traducirse sino por: eso "no deja de escribirse". Puede verse que entre este hecho, el hecho de que algo no deja de escribirse -entiendan por ello que eso se repite, que es siempre el mismo síntoma, que cae siempre en el mismo pliegue puede verse que entre el "no deja de escribirse: p" y el "no deja de escribirse: no p", estamos en el artefacto del cual testimonia justamente, y que al mismo tiempo testimonia esa abertura[béance] concerniente a la verdad y que el orden de lo posible está, como lo indica Aristóteles, conectado a lo necesario. Lo que deja de escribirse, es p O no p. En este sentido, lo posible testimonia la fallo de la verdad. Salvo que no hay nada que sacar de ello. No hay nada que sacar de ello y el mismo Aristóteles lo testimonia. El testimonia allí su confusión en todo instante entre lo posible y lo contingente. Lo que escribe aquí mi V hacia abajo, porque después de todo lo que deja de escribirse puede también dejar de no escribirse, o sea salir a luz como verdad de la cosa... Puede ocurrir que yo ame a una mujer como uno cualquiera de ustedes -el tipo de aventuras en las que ustedes se pueden deslizar- y esto no dará sin embargo ninguna seguridad en cuanto a la identificación sexual de la persona que amo, como tampoco a la de la mía. Sólo que hay algo que, entre todas esas contingencias, bien podría testimoniar la presencia de lo Real. Y se trata de lo que sólo se anticipa por medio del decir en tanto éste se soporta en el principio de contradicción. Naturalmente, no se trata del decir corriente de todos los dias, no sólo en el decir corriente de todos los días ustedes se contradicen sin cesar, o sea que no prestan atención alguna al principio de contradicción, sino que verdaderamente nada hay como la lógica para elevarlo a la dignidad de un principio, y permitirles, no por cierto asegurar ningún Real, sino reencontrarse en lo que éste podría ser cuando ustedes lo hayan inventado.

Precisamente en esto he marcado lo relativo a lo imposible, es decir, lo que separa, pero de modo distinto al de lo posible: no es un o-o, es un y-y. En otras palabras, que sea a la vez p y no p, esto es imposible, y precisamente ustedes lo rechazan en nombre del principio de contradicción. Sin embargo, se trata de lo Real, puesto que de aquí parto, o sea: que para todo saber es preciso que haya invención; esto es lo que sucede en todo encuentro, en todo encuentro primero con la relación sexual.

La condición para que eso pase a lo Real, la lógica, y es en eso que ella se inventa, y que la lógica es el más bello recurso de lo que tiene que ver con el saber inconsciente, O sea, de aquello con lo cual nos guiamos en las calmas ecuatoriales. Lo que la lógica llegó a elucubrar, no fue por atenerse a esto: que entre p y no p hay que elegir, y que caminando según la vena del principio de contradicción llegaremos a salir de él en cuanto al saber. Lo importante, lo que constituye lo Real es que, por la lógica, pasa algo que demuestra no que a la vez p y no p sean falsos, sino que Nl UNO Nl OTRO pueden ser verificados lógicamente de ninguna manera. Tal es el nuevo punto de partida, el punto sobre el que volveré la próxima vez: ese imposible de una y otra parte, ése es el Real tal como nos permite definirlo la lógica, y la lógica sólo nos permite definirlo si somos capaces, con respecto a esa refutación de uno y otro, de inventarla.


Referencias

(1) La escritura del original remeda a una posible escritura fonética. En la primera, segunda y tercera personas del singular el verbo suena igual (joulieu), pero ello no es posible en castellano.

(2) Para el plural, Lacan ha modificado el infinitivo, que ya no es joulieu sino jouljouer. Se advierte la imposibilidad de trasladar esto al castellano.

(3) est trois y étroit son homófonos.

(4) Alusión al fragmento de la Biblia donde se dice que ancha es la puerta del infierno y estrecha la del cielo.


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