Seminario 21 - Jacques Lacan
Los no engañados erran (Los nombres del padre)

Clase 12, del 23 de Abril de 1974

Puesto que faltan tres minutos para la hora, en primer lugar voy a librarme de un deber que no cumplí la vez pasada. No lo hice porque creí que se haría solo, pero como incluso en mi Escuela vi que nadie había dado ese paso, ello me incita a provocar a otros para que lo den. Hay un libro que acaba de aparecer en "Champ freudien"' como se dice, colección que ocurre que yo la dirijo. No por nada apareció en ese colección, incluso fue preciso que yo le forzara la entrada. El libro se llama — es un titulo, tanto vale éste como cualquier otro— se llama: El amor del censor. Es del llamado Pierre Legendre, que es profesor de la facultad de derecho. Invito vivamente a quienes, no sé demasiado por qué, se acumulan aquí alrededor de lo que digo, los invito vivamente a eso que se llama tomar conocimiento de él, es decir a leerlo, con un poco de cuidado porque les enseñará algo. Y ahora comienzo.

Comienzo o más bien recomienzo. Es lo que más me sorprende. Quiero decir que cada vez tengo ocasión de advertir que si he hablado de la esperanza en ciertos términos, a propósito de una pregunta que me formularon, kantiana: "¿que puedo yo ... que puedo esperar?", yo había dicho que la esperanza, yo había replicado que la esperanza era una cosa propia de cada uno. No hay esperanza común. Es completamente inútil esperar una común esperanza Entonces voy a confesarles la mía, la que me posee durante toda la semana hasta la mañana en que me despierto en honor de ustedes — por ejemplo, esta misma mañana—; hasta ese momento tengo siempre la esperanza de que esto será la última vez, que yo podré decir "y se acabo". El hecho de que esté aquí porque cuando lo diga será antes de comenzar, el hecho de que esté aquí les prueba que por particular que sea para mi esa esperanza, esta frustrada.

Entonces al despertarme pensé naturalmente en una cosa muy diferente de la que había preparado para decirles, y me surgió esto que si hay — ya lo dije pero debo repetirlo— si hay algo cuya verdad ha descubierto el análisis, es el amor del saber. Puesto que al menos si lo que les hago observar tiene algún acento, algún acento que los conmueva la transferencia revela la verdad del amor y precisamente por el hecho de que se dirige a lo que enuncié sobre el sujeto-supuesto-saber. Después de lo que enuncié la vez pasada, con algún acento creo, al menos me lo imagino espero que lo recuerden, no sólo dije que no había deseo de saber sino que incluso hablé de algo que articulé, efectivamente con el HORROR de saber.

Entonces, ¿cómo unir eso, por así decir? Y bien, precisamente, eso no se une. Es el matrimonio del cielo y del infierno. Hay un tal William Blake, ustedes saben, que en su época, con su pequeño material propio —que no era endeble— removió esto; incluso le dio exactamente ese titulo. Entonces quizás lo que les estoy diciendo es que el matrimonio en cuestión no es del todo lo que se cree. Lo que se cree al leer a Wililam Blake precisamente, Lo que no hace más qué volver a acentuar algo que les dije en otra parte, algo que implica en todo caso a nuestra experiencia, y a la experiencia analítica que no estoy aquí más que para situar. 

¿Que es una verdad sino una queja? Al menos esto responde a lo que nosotros, analistas, si es cierto que hay (du) psicoanalista, nos encargamos de recoger. Y no la recogemos sin observar que la división la marca. Marca la verdad. Que ella NO puede decirse TODA (Qu'elle ne peut PAS-TOUT etre dite). Tal es nuestro camino (voie); del camino, hace mucho tiempo que se habla. Y si se lo pone en primer lugar sí un enunciado que espero les este zumbando en los oídos, si se lo pone en primer lugar, de esto se trata en primer lugar, aunque las soluciones que se han sostenido difieren entre si, y mucho. Se trataría de tener una pequeña idea de la nuestra. Y después, inmediatamente después, cuando se enuncie ese término, la vía, inmediatamente después se habla de la verdad que si es la que acabo de decir, es algo así como una tabla podrida, y después en tercer lugar, uno se atreve, en fin, alguien en todo caso se atrevió: un tal San Juan, habló de la vida. Son emisiones imprudentes. ¿Emisiones de que? de voz. De esa voz que se escribe de una manera muy diferente, v, o, i, x (1) aquellas. Son imprudentes emisiones de voz las que enuncian tales acoplamientos. Pueden observar que el acoplamiento, en este caso, va por tres. ¿Y que es la vida, en este caso? La vida es algo que en ese tres hace entonces un agujero. No sé si saben que es la vida pero es también curioso que esto sea problemático. La vida que para esta ocasión escribirá, como hice con lalengua, en una sola palabra. Sólo para sugerir que no sabemos de ella muchas cosas excepto que ella selava (s'lave), Es casi la única marca sensible de lo que entra en la vida.

Acerca de esos acoplamientos, ¿que sugiero aquí, a partir de la experiencia que se define como analítica? ¿Que sugiero aquí? ¿Se trata de acoplamientos para pensar? Si fuera eso seria esa especie de báscula que habría caído en el discurso universitario. Esto es lo que se piensa. Es decir que on baise (2). Les hago observar que en ese discurso — es un pequeño test, simplemente no me jacto de el en absoluto, no soy aceptado sino más bien soportado, si, tolerado— todo esto nos lleva al estatuto de lo que enunciaba la vez pasada ligado a nuestra relación, de ustedes, de mi, y que yo ponía en suspenso entre la voz y el acto de decir. Me atrevo a esperar que el acto de decir tenga allí más peso, aunque pueda dudar de ello, ya que ese duda es lo que la vez pasada emití como tal. Si es el acto de decir es aquel que yo recibo de una experiencia codificada. También enuncié — ya lo ven, insisto en repetirme— también enuncié esto: ¿que hace falta, en el sentido de que falta para que esa experiencia codificada NO este al alcance de todo el mundo? No es una cuestión de división del trabado, o sea que no todo el mundo puede dedicarse analizar a los demás. No está al alcance de todo el mundo por un hecho de estructura del que intenta recordar la vez pasada, o el menos indicar, a que entiendo ajustarlo. No puede estar al alcance de todo el mundo cumplir ese oficio que definí hace un instante como el de, recoger la verdad como queda.

¿Cuál es el estatuto de ese matrimonio que evoqué después poniéndolo bajo el patronazgo de William Blake? Cuando digo no está al alcance de todo el mundo, esto lleva lejos, implica que hay alguien para quien DE HECHO está, prohibido. Y cuando enuncio las cosas así entiendo desmarcarme en cuanto que habría esto, esto que en alguna parte sostiene Hegel, ese rechazo inscripto — dice en lo que el llama – "la ley del corazón", ese rechazo del desorden del mundo. Hegel muestra que si eso se hace, es fácil. Y tiene mucha razón. No se trata de producir aquí el desorden del mundo se trata de LEER allí el no-todo. ¿Es esto sustitución de la idea de orden? Sobre ello, precisamente, me propongo hoy avanzar, con esa cuestión dejada hace un instante. de lo que me impulsa. Lo que me impulsa a testimoniarlo.

¿En que consiste aquel no-todo? Es evidente que no puede relaciónarse con lo que constituiría todo con ... con un mundo armonioso. Entonces, ¿es preciso aprehender el no-todo en un elemento? Un elemento que peca, justamente de no estar allí armonizado. ¿Basta esto para que TODO esté allí adquirido — permítanme anticiparlo— en la bifurcación, en el árbol?. Les hago observar que aquí, como quien no quiere la cosa, al plantearles una pregunta así, esa bifurcación es también lo que acaba de hacer, un signo una "y" griega de algo que es sensible, con lo cual abrimos el camino: esta el árbol, está el vegetal, forma ramas, es su modo de presencia. Y no veo por qué no iría yo a atascarme allí, en algo que al menos se recomienda a nuestra atención porque es obra de la escritura la vieja Urszene, la escena primaria tal como se inscribe en la Biblia, al comienzo del llamado Genesis. Lo tentador, y después, la inexperta, la llamada Eva, y después el tontazo de los tontazos, el Adan Primero. Y después lo que circula, la cosa que se le quedó atravesada en la garganta la manzana como se dice. Pero esto no es todo está el abuelo que acude y que después les da la paliza. No estoy en contra de leer eso.

No estoy en contra porque está lleno de sentido. Justamente de eso habría que limpiarlo. Quizás, si ... si se raspara todo el sentido, habría una posibilidad de acceder a lo Real. Esto incluso es lo que les estoy enseñando. Que lo que nos importa no es el sentido de la queja sino lo que podríamos encontrar más allá, definible como Real. Sólo que para limpiar el sentido no habría que olvidarlo pus de lo contrario produce rechazo, y en todo esto hay algo que se olvida. Justamente, el árbol. Lo enorme es que no se advierta que era eso lo que estaba prohibido. No la serpiente, no la manzanas no la prostituta debutante no el tontazo, era el árbol a lo que no había que acercase Y es admirable nadie lo recuerda. Pero él, EL ARBOL, ¿ que piensa de ello? Aquí doy un salto, pues que quiere decir? ¿qué piensa él de ello? Nada sino esto: que está en suspenso, y que es muy precisamente lo que me hace suspender todo lo que puede decirse a titulo de la vida, de la vida que se lava. Porque a pesar de que el árbol no se lava — eso se ve— ¿a pesar de esto el árbol goza? Pregunta que yo llamaría esencial. No se trata de que haya esencia fuera de la pregunta la pregunta ES la esencia, no hay otra esencia que le de la pregunta. Como no hay pregunta sin respuesta — hace tanto que se los machaco—, esto quiere decir que la esencia también depende de ella, de la respuesta. Sólo que aquí, ella Falta. Es imposible saber si el árbol goza, aunque no sea menos cierto que el Árbol es la vida.

Pido disculpas por haber imaginado esto, por haberles presentado esto con ayuda de la Biblia. La Biblia a mi, no me asusta. Para nada. Hasta diría más, tengo una razón para eso. Hay gente que se forma en ella, los Judíos, como generalmente se los llama. No puede decirse que hayan meditado sobre la cosa: la Biblia. Más aún: todo prueba en su historia que no se han ocupado de la naturaleza, que han talmudizado, como se dice, esa Biblia. Y bien, debo reconocer que eso los ha vencido. ¿En que me doy cuenta?. En esto, si, que verdaderamente contribuyeron, cuando estuvo a su alcance, al dominio que me interesa, aunque no sea el mío — el mío en el sentido de dominio del análisis— que verdaderamente contribuyeron, y con particular astucia, al dominio de la ciencia. ¿Que quiere decir esto? No fueron ellos quienes la inventaron. .

La historia de la ciencia partió de una interrogación sobre la ... (pongan esto entre comillas, se los ruego) sobre la "naturaleza", sobre la physis, a propósito de lo cual Heidegger se retuerce las circunvoluciones. ¿Que era la naturaleza para los griegos?, se pregunta. Ellos se hacían una idea de la naturaleza. Hay que decir que la idea que de ella se hacían — como el mismo Heidegger lo sugiere— se ha perdido. Está perdida, perdida, perdida. ¡No veo por que lo lamentaríamos ya que está perdida, ¿no? Y bien, no hay que hacer un duelo tan grande, puesto que incluso no se sabe ya lo que es. Bueno. No se sabe ya lo que es porque es evidente que si la ciencia ha logrado, ha logrado surgir, no parece por otra parte que los Judíos hayan puesto en ella AL COMIENZO mucho de sí mismos. Fue después (après-coup) con las palmas una vez ganadas, que vinieron a poner su grano de sal, y que se advirtió que está bien claro. En fin, Einstein, para exagerar, el gran fulano Newton, es él quien está en vias de lograrlo. Y además no es el único, hay otros — que llegado el caso los nombraría, pero no puedo hablar de todos a la vez porque pululen y además no están todos en al mismo rincón—. Lo cierto es que resulta sorprendente que haya bastado con esa cosa sagrada, !escrita!, la Escritura por excelencia, como se dice, para que ellos volvieran a lo que los griegos prepararon, y prepararon por algo que no debe distinguirse de la escritura, de la escritura en tanto que la especifica, en fin, que sea posible leerla, que cuando se la lee constituye un decir —un decir extravagante, naturalmente, como les conté recién a propósito de esa escena para el arrepentimiento un decir extravagante, ! pero un decir!. Esta bien claro que si el Talmud tiene un sentido, consistiría precisamente en vaciar de sentido ese decir, o sea no estudiar más que la letra. Y de esa letra inducir combnaciones absolutamente chifladas, del género de la equivalencia entre la letra y el número, por ejemplo; pero también es curioso que eso los haya formado, y que estén al día cuando se las tienen que ver con la ciencia...

Esto me autoriza, yo diría, a actuar como ellos, a no considerar como un campo prohibido lo que llamaré la espuma religiosa, a la que recién recurría. Llamo aquí "espuma" al sentido, simplemente, el sentido a propósito del cual yo intentaba precisamente hacer la limpieza, planteando la pregunta del árbol ¿que es el árbol?, y que es en un punto muy preciso que he señalado. porque no me quedo en el aire: ¿acaso goza?, la espuma religiosa también puede ser, en fin, material de laboratorio? y por que no, por que no servirnos de ella, ya que nos llega con lo que yo llamo, haciéndola caer entera de un lado, lo que yo llamo la verdad porque desde luego que no es la verdad vaciada es la verdad abundante (foisonnente).

De todos modos puedo indicarles que no por nada hay Judíos biólogos. Acabo de leer una cosa cuyo titulo también les daría ... un librito sobra la sexualidad y las bacterias. Algo me impresionó en la lectura de ese libro, al que leí con pasión de punta a punta porque estaba en mi, en mi hilo, digamos, si la ameba, hum ... esa pequeña porquería que miran por el microscopio, y que además manifiestamente bulle, les come cosas ... ella ... bueno, es seguro que goza!. Y bien, en cuanto a la bacteria, me interrogo ¿goza la bacteria? Es gracioso, lo único que pueda sugerirnos esa idea es — no puedo decir que es en Jacob que lo descubrí, no hay que exagerar, ya había llegado a mi una especie de rumor ...; pero en este Jacob que además en este caso está asociado a un tal Wolman, verdaderamente me fascinó lo que sigue: la carácterística de la susodicha bacteria es que no hay nada en el mundo como una bacteria para poder ser infectada. Para decirlo todo, la bacteria no nos aportaría absolutamente nada si no existiera el bacteriófago. Y el lazo que hace — que hace: no hace, eso se desprende— pero en fin, es cierto que el hecho de que como su nombre lo indica, Jacob sea Judío, no es por nada que en su informe, informe de experiencias acumuladas, minuciosas, abundantes (foisonnantes), en fin, que en su informe sobre lo que pasa entre le bacteria y el bacteriófago podamos adquirir el "sentimiento", digamos, que de la infección, de su infección por el bacteriófago, la bacteria goza, eventualmente.

Y si se mira desde muy cerca, en fin, remítanse al texto, yo se los indico, será el segundo que se pondrán a buscar en ediciones de bolsillo, sólo que es muy difícil de encontrar, está archiagotado, apareció en América.... ¡que fastidio! no estaría mal que se hicieren secar fotocopias. Circula también uno en francés, pero no puedo decirles, no me precipité sobre el pues lo leí en inglés; en fin, también hay uno en francés que no se si todavía puede encontrarse vean ustedes mi benevolencia, se los indico en el momento en que van e hacerme la más tremenda competencia si quiero conseguirlo. Tanto peor, siempre esta la fotocopia ...

Al fin de cuentas, allí se toca la articulación, una articulación muy particular. Si con ello Jacob manifiesta que hay SEXO a nivel de la bacteria, sólo lo manifiesta por esto, lean bien el libro que entre dos mutaciones de bacterias del mismo linaje — o sea de ese famoso Escherichia Coli que sirvió de material de laboratorio en ese preciso nivel— que entre dos mutaciones de bacterias de la misma procedencia, lo que CONSTITUYE el sexo es que entre esas mutaciones no hay relación posible. Esto quiere decir que si en un linaje de bacterias la mutación consiste en una posibilidad de Abundancia (foisonnement) mayor que en la otra, la otra se distingue a nivel de esa posibilidad de abundancia :abundancia-mas, fertility como lo llamen en ingés abundancia-menos. Las abundantes-mas, cuando se encuentran con las abundantes-menos las hacen mutar del lado de la abundancia. Mientras que las abundantes- menos, cuando van a las abundantes-mas, no las hacen mutar del lado de la abundancia-menos. Es, por lo tanto, esencialmente de la NO RELACION entre dos ramas — ! otra vez encontramos a nuestro arbolito! — es por lo tenso de la no-relación entre dos ramas de un mismo árbol que por primera vez se sugiere. a nivel de la bacteria la idea de que hay una especificación sexual.

Entonces ven ustedes en que nota esto puede tocarme, porque encontrar esa no—relación en un nivel muy diferente del de la pretendida evolución de la vida — que es aquel por el cual se especifica el ser hablante al menos en fin, es apropiado para retenerme. y al mismo tiempo para intentar también ponerlos un poco al tanto ... Porque en suma, esto quiere decir que en su primera aparición — que por otra parte no tiene estrictamente nada que ver con su segunda aparición, que es una pura homología— la sexualidad no es en absoluto lo mismo, sino que llegado el caso puede ser en un nivel del árbol, una cosa ligada a la infección y a ninguna otra; de todos modos es digno de retenernos. Por cierto esto tampoco quiere decir precipitarnos no hay que precipitarse, sobre todo porque esa es la mejor manera de meter la pata pero, en fin, es sensible. Y que la cuestión del goce se sugiere desde la infección, sexualidad de alcance limitado, es también digno de retenernos. Cuando digo "no precipitarse"' también quiere decir no dejarse llevar de las narices.

Hago aquí ruptura, tomo las cosas por otro extremo y pregunto ¿hay saber en lo real? Es esencial que aquí yo rompa, pues si no yo al menos ustedes hasta aquí se han dejado llevar de las narices, es decir, se detienen allí donde yo mismo me detengo, para no dejarme llevar de igual modo. Plantear la segunda pregunta, la que ahora anticipo, después de haberme dejado llevar por la espuma religiosa ¿que interés ofrece esto, que ahora vuelvo a partir?. No es difícil sentirlo, el goce irrumpe en lo real . Y habrá un momento — será más tarde, porque al menos es preciso seriar las cosas— en que la cuestión se invierta. ¿Que puede responder lo real, si el goce lo interroga? Y aquí comienzo — ven ustedes el lazo— a plantear la pregunta: el saber no es lo mismo que el goce. Más aún, si a un punto los he llevado al partir de ese saber que se inscribe del inconsciente, es éste; no es forzoso que el saber goce de sí mismo.

Por esa ahora, ruptura, retomo un hilo por otra punta, de la cual no se encuentra ningún término en lo que sostuve primeramente. Retomo el hilo por otra punta, y pregunto sobre el saber en lo real. Por cierto que dicha pregunta, como todas las otras, sólo se plantea desde la respuesta. Diré incluso más desde la respuesta tal como acabo de acentuarla. El inconsciente EN EL SENTIR de Freud es aquello EN NOMBRE DE LO CUAL formulo la pregunta del saber en lo real. Pero no la planteo dando al inconsciente de Freud todo su alcance. Digo solamente que el inconsciente no se concibe, en primer lugar, sino por esto que es Un saber. Pero me limito a esto. En nombre de lo cual le cuestión del saber en lo real tome su sentido.

Lo hay y no hay necesidad del inconsciente de Freud para que lo haya. Lo hay según todas les apariencias, sin lo cual lo real no marcharía. He aquí de donde parto y, como ustedes ven tiene un aire muy diferente. Un aire griego, justamente. Lo real es como el discurso del Amo: es el discurso griego. Lo real: es preciso que marche. Y no se ve como lo hará,, sin que en lo real haya saber. Pero también aquí, entonces, no precipitarse. Aquí se trata de algo más que de dejarse llevar de las narices, aquí se trata de quedar pegoteado con ese paso. Es preciso cortar su marco. Si he dado ese paso en lo real, para no quedar pegado es preciso que le recorte todo lo viscoso que lo rodea. Y esto en lo real es, me atrevo a decirlo, aquello que no quiere decir nada fuera de un sentido.

En lo real, esto quiere decir: lo que no depende de la idea que yo tenga de ello. Un paso más con la misma goma al pie: aquello en lo cual no importa que yo piense. Que yo piense en él, a lo real la importa un bledo. Y por eso, precisamente, la primera vez que intenté hacer vibrar esta categoría en los oídos de mis oyentes, los de Santa Ana, no puedo decir que no he sido gentil; les dije lo real es lo que siempre vuelve al mismo lugar. Y esto es, justamente, ponerlo en su lugar. La noción de lugar surge de aquí. 

Entonces, al decir esto, pongo a lo real, lo sitúo, justamente, lo pongo en su lugar, CON UN SENTIDO, no lo olvidemos, un sentido en tanto que sabido: el sentido se sabe. Tan es así que uno se asombra, visto el genio de lalengua, que no se haya hecho con él una sola palabra, que nos hayamos atascado: lo sensato (le sensé), lo sensible, todo lo que se quiera, pero que no haya acabado por cristalizarse: lo sensabido (le sensu) (3). Hay que creer que esto tenía ecos que no nos complacían.

Lo que en todo caso estoy diciendo en lo relativo a lo real es, en primer lugar, que el saber de que se trata en la pregunta "¿hay saber en lo real?", debe ser completamente separado del empleo de lo sabido (su) en lo sensabido (la sensu). Es del sentido a partir de aquí que separo lo real, pero no es por el mismo saber que pregunto para saber si hay saber en lo real. El saber de que se trata en la pregunta no es ese orden de saber que lleva sentido o, más exactamente, que, por el sentido, es llevado.

Lo ilustraré de inmediato. Y lo haré con Aristóteles. Es muy llamativo que en su Física, después de un extenso período Aristóteles haya dado el salto, el salto por el cual se demuestra que su física no tiene nada que ver, estrictamente, con la physis cuyo fantasma (fantôme) Heidegger trata de hacernos resurgir. PARA RESPONDER a la pregunta que ahora planteo ¿hay saber en lo real?, se las toma con el saber del artesano. Los griegos no tenían la misma relación con la escritura. La flor de lo que produjeron son dibujos, trazas de planos. Es su idea de la inteligencia. No basta con tener una idea de la inteligencia para ser inteligente. Esta recomendación está especialmente dirigida a ustedes. Y es sorprendente que sea Aristóteles quien nos lo pruebe.

Hay que decirlo: ¡sabe dios qué le imputa Aristóteles al artesano!. En primer lugar, le imputa saber lo que quiere. Sin embargo, ¡es el colmo! ¿dónde se ha visto que alguien que se las arregla como artesano sepa lo que quiere?. Es Aristóteles quien le echa eso a la espalda. Gracias a Aristóteles, el artesano "causa final" (4). Y además, mientras está en eso, no veo verdaderamente por qué, lo que lo detiene, él "causa formal", también, tiene idea, como se dice. Y después de esto él, él causa "causa", él causa incluso medio (moyen), el "causa eficiente" para decirlo todo, y hemos de considerarnos dichosos si Aristóteles le deja un papelito que cumplir a la materia. Aquí esta ella: ella ¡"causa material"! Ello causa (ça cause), ello causa, ello causa incluso a tontas y a locas.

Porque, para tomar las cosas a nivel de donde salen, es decir la vasija, así salió, no por cierto que los griegos sólo supieran hacer eso, ellos sabían hacer cosas mucho más complicadas, pero todo eso sale de la vasija. Cuando planteo la pregunta "si hay saber en lo real", es precisamente para excluir de ese real lo que tiene que ver con el saber del artesano. El saber del artesano no sólo no causa, sino que es exactamente de ese orden de saber el que el artesano sirve porque otro artesano le enseñó a hacerlo así. 

Y lejos de que la vasija tenga un fin, una forma, una eficacia e incluso una materia cualquiera, la vasija es un modo de gozar. ¡Se les enseñó a gozar haciendo Vasijas! Y si no se le compra su vasija — y es el cliente quien tiene esto en su caletre— si no se le compra su vasija, y bien, es para su goce, o sea que el se queda con ella, y con esto no se adelanta mucho. Es esencial separar este modo de aquello de que se trata cuando planteo la pregunta si hay saber en lo real.

Al menos, sería preciso que haya aquí algunos de los que estuvieron, no sé, en la exposición de excavaciones arqueológicas chinas, así se la llamó, excavaciones chinas que fueron lo mejor que el país de Mao encontró para enviarnos. Allí pueden ustedes ver — a ese nivel, porque hay razones para que en dicha zona aún puedan verse las vasijas en el momento de su surgimiento— pueden ver que a esas vasijas absolutamente fascinantes, admirables, a esas vasijas del tiempo de la aparición de las vasijas, cuando por primera vez se hicieron vasijas, se les hicieron tres pies, como por azar; pero pies que no son pies, no son pies que se atornillen, ustedes comprenden, son pies, pies que están allí en la continuidad de la vasija. Vasijas que tienen picos de los que puede decirse que toda boca es indigna de antemano. Vasijas que, en su advenimiento, son por sí mismas cosas ante las cuales uno se prosterna.

¿Creen ustedes que tal Surgimiento tiene algo que ver con la descomposición aristotélica? Basta mirarlas para ver que esas vasijas no pueden servir para nada. Pero hay una cosa segura, y es que han brotado, digamos, como una flor. Que Aristóteles las descomponga las concause en cuatro causes — por lo menos— diferentes, por sí sólo demuestra que las vasijas son de otra parte.

¿Pero por que les hablo de ellas si precisamente las pongo en otra parte?. Les hablo de ellas porque si es el cliente quien finalmente tiene que juzgar la Vasija, a falta de lo cual el alfarero tendrá que apretarse el cinturón, esto nos demuestra algo que el cliente no sólo compra la vasija sino también al artesano, al "alfarero" (potière), si puedo expresarme así. Y basta ver la consecuencia del vínculo que hay entre el hecho de que la vasija esté tan bien hecha y que el alfarero sea llevado al pináculo, para advertir que esta vieja historia es exactamente la misma que aquélla de donde surgió la noción de dios. Está tan bien hecho que uno imagina que dios es un alfarero, exactamente como el artesano. El dios de que se trata es, es — en otro tiempo, mi viejo amigo André Breton habría creído pronunciar una blasfemia al decir que dios es un puerco—. No por nada la vez pasada les dije que nunca alenté a los surrealistas. No se trata en absoluto de que yo abrevie y diga que dios es una Vasija; ¡dios es un zopenco! (5), dios es el alfarero, es cierto, pero el alfarero también es un zopenco. Es, en fin, el sujeto del saber supuesto a su arte.

Pero no se trata de esto cuando les pregunto. Hay saber en lo real? Porque eso se encontró el día en que de lo real se logró arrancar una pizca, es decir, en el momento de Newton, cuando de todos modos eso ocurrió, y que allí, para que lo real funcione ... al menos lo real de la gravitación, es decir, no poca cosa, porque a esa gravitación todos estamos atornillados, y nada menos que por nuestro cuerpo, hasta nueva orden, no que sea una propiedad del mismo, como bien lo demostró lo que siguió, sino que estamos atornillados a ese real. ¿Que es lo que molestó a la gente en el momento de Newton?. Nada menos que esto, una cuestión que yo diría relativa a aquello de que se trataba: es decir "las masas". Las masas. ¿Cómo podían saber esas masas a qué distancia se hallaban de las otras masas, para que así pudieran observar la ley de Newton?. Es absolutamente claro que aquí hace falta dios. Las masas como tales, es decir, definidas por su sola inercia ... ¿por dónde les vendría la noción de la distancia a la que se encuentran de las otras masas?. Más aún, ¿de donde les vendría la noción de lo que pasa con ellas mismas para conducirse correctamente?. ¡En los nuevos tiempos en que esa elucubración newtoniana salió, esto no escapó a nadie!. La única noción que podía oponérsele eran los torbellinos de Descartes, pero desdichadamente los torbellinos de Descartes no existían, y todo el mundo podía percatarse muy bien de ello ... Entonces, hacia falta dios para informar, en todo instante, incluso al punto de que no sólo hacía falta que el estuviera allí para informar en todo instante a las masas de lo que ocurría con las otras, sino ... que incluso se suponía que él mismo quizás no tenía otro medio que empujarlas con el dedo ... Lo que por cierto era exagerado, pues está claro que desde el momento en que hay aceleración, inscripta ya en la fórmula, el tiempo también estaba allí, por lo tanto ¡no había necesidad del dedo de dios!. Pero sin embargo en cuanto a la información, o sea aquello de que se trata, el saber en lo real era difícil excluirlo. Y de lo que yo, aquí, les hablo, es del saber en lo real.

No deben imaginarse que porque Einstein vino después y le puso un fin, no deben imaginarse que la cosa vaya mejor, porque de todos modos hay una curiosa historia, la de que esa relatividad del espacio, desde ahora desabsolutizado, porque en fin, hace un buen tiempo habría podido decirse esto que después de todo dios era el espacio absoluto; estas son bromas, bueno. Pero la relativización de ese espacio con relación a la luz, eso tiene una linda facha de fiat lux, y todo el aspecto de volver a pasarse por el trasero la espuma religiosa. Entonces, no exageremos nada. Quizás esté aquí, ustedes comprenden, en todo caso así es que por hoy me limitaré, en fin, a lo que hace surgir al analista. Han oído bien, todo eso proviene de aquel hecho que hasta aquí no hemos hablado sino de lo que viene del cielo. Todo lo que tenemos de real así sea un poco seguro, comprendidos nuestros relojes, es únicamente algo descendido del cielo. Si no fue de allí que se partió para lo que vuelve siempre al mismo lugar, definición que doy de lo real, hoy no tendríamos ni reloj ni televisión ni todas esas cosas encantadoras gracias a las cuales ustedes son no sólo cronometrados (minutés) sino me atrevo a decir "secundados" (secondés). Son tan bien secundados que pueden (...) el lugar de vivir.

Felizmente, hay analista. El analista. Terminaré con una metáfora el analista es el fuego fatuo (feu follet). Esta metáfora no hace fiat lux. Es todo lo que puedo decir para excusarla. Quiero decir que ella se opone a las estrellas de donde ha descendido todo lo que los asesta y coloca aquí, tan bien para escuchar mi discurso. Es decir, que esto no tiene absolutamente nada que ver con aquello en lo cual vendrán ustedes a quejarse en mi en un instante.

La única ventaja que encuentro en ese fuego fatuo es que no hace fiat lux. El fuego fatuo no ilumina nada, sale incluso ordinariamente de cierta pestilencia. Esa es su fuerza. Esto es lo que puede decirse a partir del fuego fatuo, cayo hilo! hilo alocado (fil follet) intentaré retomar la próxima vez.


Referencias

(1) Aquí se hace jugar la homofonía entre vote, camino y voix, voz.

(2) on baise: ¿alusión a la expresión popular por "ayuntamiento carnal" 

(3) Entendemos en sensu una condensación de sense, sensato y su, sabido.

(4) En todo este pesaje Lacan hace jugar el doble sentido de cause: "causa", por una parte, y en forma conjugada del verbo causar, "conversar", por la otra.

(5) Pot, vasija, emboté, zopenco. La partícula pot de esta última permite el juego ironico.


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