Seminario 21 - Jacques Lacan
Los no engañados erran (Los nombres del padre)

Clase 13, del 14 de Mayo de 1974

Los no incautos yerran ... Esto no quiere decir que los incautos no yerren. Si partimos de lo que se propone como una afirmación digamos que por medio de ella se introduciría que los no incautos bien podrían, sin más, no errar. Pero esto ya nos conduce al problema de la doble negación. Ser, no ser no incauto, ¿se reduce esto a ser incauto?. Ello supone, y nada menos, que hay un universo, y que pueda sostenerse que el universo es dividido por todo enunciado; que se pueda decir "el hombre" y que si se lo dice — quiero decir, por decirlo— todo lo demás se vuelve no-hombre.

Un lógico —pues sostengo que la lógica es la ciencia de lo real—, un lógico dio un paso mucho tiempo después de Aristóteles fue preciso esperar a Boole para que en 1853 saliera An Investigation of Laws of Thought, una investigación sobre las leyes del pensamiento, que tiene ya sobre Aristóteles la ventaja de constituir un paso, una tentativa de ajuste a lo que el pretende observar, fundar, en suma, a posteriori (1) como constituyendo las leyes del pensamiento. ¿Que es lo que hace? Escribe, muy precisamente lo que acabo de decirles, o sea que a partir de lo que fuere que se diga y enuncie — y las cosas para el son tales que no puede sino proponer la idea de universo— él la simboliza por una cifra, una cifra que allí conviene, la cifra Uno, escribirá, pues, de todo lo que se propone como notable en ese universo, x —deja vacío a ese x, ya que tal es el principio del uso de dicha letra— cualquier cosa que sea notable en el universo, x, escribe, multiplicado por uno menos X, sólo puede ser igual a cero:

x (1 — X) = O

Por poco que se dé tal sentido a la multiplicación, esto no puede dejar de notar la lntersección. De allí parte. En la medida en que x es notable en el Universo, algo se sustenta sólo del "no": a los hombres se oponen los no-hombres como tales; y todo lo que subsiste como notable es aquí considerado como subsistente en su carácter de tal. Ahora bien, está claro que como tal lo notable no es individual; que ya en esta manera de plantear la ex-sistencia lógica, hay algo que, desde el comienzo, parece inadecuado.

¿Cómo es posible proponer sin crítica el tema propuesto del universo?. Si creo que este año podré soportar algo del nudo borromiano, algo que por cierto no es una definición del sujeto, del sujeto como tal de un universo, en esto hago observar una vez más que mi tentativa no tiene nada de metafísica; quiero decir que la metafísica se distingue por su poner, como tal, al sujeto, sujeto de un conocimiento. En tanto que supone un sujeto, Ia metafísica se distingue de aquello cuyos elementos trato aquí de articular, a saber, los elementos de una práctica, y esto en el hilo de haberle definido como distinguiéndose de algo que es puro lugar, pura topología y que de allí hace engendrarse la definición situada sólo por el lugar de esa práctica de lo que, desde ese momento, se anuncia como siendo otros tres discursos. He aquí un hecho, un hecho de discurso, un hecho por el cual trato de dar al discurso analítico su lugar de ex-sistencia.

¿Qué es lo que, hablando con propiedad, ex-siste?. ¿No ex-siste, como lo marca la ortografía de este término, que yo modifico, no ex-siste en toda practica sino lo que constituye fundamento del decir?. Me refiero a lo que el decir aporta como instancia en esa práctica. A ese título trato de situar bajo estos tres términos, lo simbólico, lo imaginario y lo real, la triple categoría que hace nudo, y que por allí da su sentido a esa práctica. Pues esa práctica no sólo tiene un sentido, sino que hace surgir un tipo de sentido que esclarece a los otros sentidos al punto de ponerlos en tela de juicio, quiero decir, de suspenderlos. A lo cual, como articulación a cuyo término, al término de un progreso hecho para suscitar en quienes sostienen esa practica la idea de lo que para ellos es lo real, diga lo real es la escritura. La escritura de ninguna otra cosa que de ese nudo tal como se escribe para el decir, tal como se escribe cuando, según la ley de la escritura, es puesto de plano. Y someto lo que enuncio a la prueba de poner en suspenso la distinción, justamente subjetiva, de lo imaginario, lo simbólico y lo real, en tanto que en cierto modo ya podrían llevar consigo un sentido, un sentido que los jerarquizaría y haría de ellos un 1, 2, 3; por supuesto, así no se evitará que recaigamos en otro sentido, como ya pudo manifestarse ante ustedes por el hecho de que acentúo la asociación de lo real con un tres, de lo imaginario con un dos, y de lo real, justamente (lapsus):y de lo simbólico, justamente, con el uno. 

Algo en el nivel, en los términos de lo simbólico se presenta como uno. ¿Se trata de un uno que pueda sostenerse de individuación alguna en el universo?. Tal es la pregunta que propongo, y desde ahora, la emitirá con esta forma, a saber plantear la cuestión a propósito de la escritura de Boole. Si el ''uno" que Boole propone como suficiente punto de partida de (á repartir la verité) la verdad, si hay x, no es verdadero que x sustraído de uno sea otra cosa que todo lo demás que todo lo demás nombrable. Nada hay aquí de sorprendente si comprobamos que Boole mismo, al escribir lo que resulte de la escritura de sus términos en una fórmula matemática, es llevado a fundar en ella que lo propio de todo x, de todo x en tanto que enunciado es que x menos x dos es igual a cero, lo que se escribe: x igual a x dos; quiero decir a soportarse en una fórmula matemática.

Es extraño que aquí una nota de su libro, del libro cuya fecha recién les he dado, la fecha capital en el sentido de que a partir de ella se tomó un nuevo punto de partida para la especulación lógica, y que un tal Charles Sanders Peirce, de quien ya les hablé, pueda por ejemplo mejorar, según su decir," la formulación de Peirce (lapsus: Boole) mostrando que en ciertos puntos puede resultar que ella se extravíe, digamos. Esto poniendo en evidencia lo que resulta de las funciones con dos variables, o sea no solamente x sino x e y, y mostrando donde yo mismo creí tener que considerarlo, que la función llamada de la relación puede servir pare mostrarnos que en lo referente a lo sexual, esa relación no puede escribirse.

¿Por que, se pregunta Boole, mejor que escribir "x igual a x dos—" y la inversa, no escribir "x igual a x tres"? Es llamativo que Boole — y esto a partir de la noción de la verdad como separando radicalmente lo que corresponde al uno y lo que corresponde al cero, porque es del cero que él connota el error—, es llamativo que este universo, desde entonces solidario como tal de la función de la verdad, le parezca limitar le escritura, la escritura de lo que tiene que ver con la función lógica, a la potencia dos de x, mientras que le niega la potencia tres. Se la niega porque matemáticamente sólo podría ser supuesta, supuesta en la escritura, si se le agregara un nuevo término del producto, a lo que él no se rehusa por cierto cuando se trate de hacer funcionar la operación multiplicación; en esa oportunidad escribe x.y.z, y según los casos puede marcar que x.y.z, tales que fueron situadas las variables de una cierta función que x.y.z, por ejemplo, iguale también a cero. Pero ya que se limite a valores cero y uno, puede también tomar la función, tomando ésta su valor de un cierto cifrado cero y uno para cada uno de los tres; al hacer a cada uno de ellos, x, y. z, igual a uno, puede advertir que no es cero su resultado.

Entonces, ¿qué puede impedirle agregar a su "uno menos x", un "uno más x"' y agregarlo no como edición sino como término de la multiplicación?. Advierte entonces muy bien que "uno menos x" multiplicado por " uno más x" de "uno menos x dos", y culminará — no tengo necesidad de señalarlo— en esto: que "x menos tres" será igual a cero' y que debido a ello x se igualará a x tres. ¿Por qué y en qué se detiene?: en la interpretación de lo que podría ser esa x en tanto que justamente agregada al universo. ¿No es acaso lo propio de aquello que en el universo ex-siste, agregarse a el?. Es propiamente lo que hacemos todos los días, y justamente lo que designo como un más soportándolo del objeto a. Pero entonces esto nos supiere lo siguiente: preguntarnos si el "uno. de que se trata es efectivamente el universo considerado como conjunto, colección de todo lo que en él es individuable. 

Sugiero — me es sugerido, digamos, a propósito de esa escritura de Boole, por fundar lo que él instituye del universo, porque es como tal que lo articula, que le da su sentido— sugiero suponer que este "uno", lejos de surgir del universo, surge del goce. Del goce y no de cualquiera: del goce llamado fálico y esto en la medida en que la experiencia analítica nos demuestre su importancia; que de esta consecuencia lo que se plantea como lógico, como significante, pero literal quiero decir inscribible, por cuanto es de la inscripción que surge en nuestra experiencia la función de lo real, al menos si me siguen ustedes, que algo como una x a ese goce pueda agregarse, y constituir lo que ya he definido como fundando el plus-de-gozar.

Sigue siendo cierto que Boole esta lejos de no indicar que no se trata sólo de la relación del goce con el plus-de-gozar en tanto que éste sería justamente lo que ex-siste, ¿ex-siste a qué?. Justamente, al nudo del que por ahora intento aclararles su uso y función; él ve muy bien que para llegar a la función "x igual a x tres", y no ya sólo a "x dos", ve muy bien que el tercer término, el término "uno más x", puede escribirse de otro modo, y especialmente "menos uno, menos x", quiero decir "menos uno menos x", tomado en un paréntesis; lo que equivale, matemáticamente, quiero decir en tanto que la escritura es lo matemático, lo que puede inscribirse también por un menos antes del paréntesis, y por "uno más x" puesto en el interior 

-(1 + X) = -1- x

Escribo "uno más x"' digo que esto es equivalente a la adición aquí de ''menos uno menos x", tales que Boole los agrega para rechazarlos, y ello en tanto que la lógica estaría destinada a asegurar el estatuto de la verdad. Pero por ahora apuntamos no a dar su estatuto a la verdad, ya que la verdad, lo decimos, no se enuncia nunca sino por el decir a medias, que es propiamente impensable, sino en el lugar del decir, de marcar que una proposición no es verdadera, y de marcarle con una barra superior que la excluye y la marca con el signo de lo falso. En el orden de las cosas, en tanto que el símbolo está hecho para allí ex-sistir, en ese orden de cosas, es — diga Boole lo que diga al estudiar o pretender hacer el estatuto del pensamiento— propiamente impensable, justamente, escindir (cliver) lo que fuere de denominable, escindirlo como un puro "no" para designar lo que no está nombrado. 0 sea, que debíamos poner a prueba lo que resulta de "x tres igual a x"; seguramente ya es algo ver funcionar ahí ese "tres" con el que marco como tal lo real, y aquí retomaremos nuestro nudo borromiano.

Si es verdad que el enunciado del nudo borromiano ex-siste a la práctica analítica, si es cierto que él permite soportarla, quisiera, mostrándoles una vez más el ejemplo, en ese espacio que es el nuestro, sin que actualmente sepamos, y pese a las citas de Aristóteles, cual es el número de las dimensiones de ese espacio, el mismo entiendo donde nombramos cosas miren esto, es lo mismo que dibujé al principio en el pizarrón, o sea que tienen aquí un redondel, un redondel de hilo — como justamente se lo llamó la primera vez que introduje esa función— (Lacan muestra un nudo que tiene en su mano); este redondel de hilo, estos tres redondeles de hilo, aquí los tienen y ven que se sostienen juntos, se sostienen por cuanto hay aquí uno que he puesto horizontal mientras que los otros dos están verticales y los verticales se cruzan. Es evidente que esto no es anudable (lapsus) no es desanudable. 

El nudo borromiano como tal ha hecho trabajar aquí a muchas personas, que incluso me hicieron llegar testimonio de ello. Esta es su forma más simple. Sorprende ver que los trabajos — son verdaderos trabajos los que se me enviaron sobre el punto— dan su parte a toda clase de otras formas — y las hay innumerables— de anudar los tres redondeles, de tal manera que permitan, desanudando uno sólo de ellos, liberar exactamente a todos los otros, y, como les dije, cualquiera que sea su número. Pero para limitarnos al "tres", ya que ese "tres" se ajusta a nuestras tres funciones, lo imaginario, lo simbólico y lo real, precisamente no distinguirlas, ver hasta dónde el hecho de que sean tres — y haciendo de ello la lógica misma de lo real—, ver en qué momento podremos hacer surgir simplemente de estos tres, estrictamente equivalentes — como perciben de inmediato— el comienzo de lo que allí sería diferenciación. La diferenciación se inicia en lo siguiente, y me sorprende que en los trabados que he recibido nadie me lo haya hecho notar: por estos tres tales como están aquí dispuestos, se determinan, digamos, ocho cuadrantes, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8. Tomo uno cualquiera y de él saco la puesta de plano, la que van a ver aquí — y la van a ver desde donde ustedes están, pero estando donde me encuentro yo es por cierto exactamente similar— van a ver que algo ya se encuentra allí, por el hecho de la puesta de plano, ya se encuentra allí orientado. Quiero decir que ven por cierto la misma inscripción del nudo que es la que yo veo, a saber que en este caso, para lo que les mostré (se trata siempre de la figura en el pizarrón) tomando mi nudo de la manera en que (...) por la puesta de plano se dibuja algo que se inscribe, si seguimos su forma, en la dextrogiria.

Una vez puesto de plano y dado vuelta, sé de antemano que es la misma dextrogiria. Basta con hacer este trabajito, en fin, imaginar la inversión, lo que también puede escribirse, se verá que esto no es la imagen en espejo. Porque si dan vuelta el nudo borromiano no verán algo que sea su imagen en espejo.

Esto vuelve más sorprendente el hecho de que al retomar mis cuadrantes ... pongamos que recién yo haya elegido — no sé si efectivamente lo hice— aquél, para ustedes el de arriba a la derecha (lo mismo que en el esquema precedente); si tomo éste — no sólo dije el de arriba a la derecha sino que también dije el de adelante— si tomo éste, no yá el de arriba a la derecha y de adelante, sino el de abajo a la izquierda y de atrás, el que estrictamente se le opone, y si de allí parto para ponerlo de plano de la misma manera que hice antes, es bien notable y podrán verificarlo, que de esta puesta de plano resultará una manera en que el nudo se calza, en que el nudo se ajusta, exactamente inversa, o sea, levógira.

De la sola manipulación del nudo borromiano sale, surge una distinción que es del orden de la orientación. Si uno está en el sentido de las agujas de un reloj, el otro lo estará en el sentido inverso. Claro que no debemos sorprendernos de que algo de esta especie pueda producirse, ya que corresponde a la naturaleza de las cosas que el espacio esté orientado, y de allí incluso procede la función llamada de la imagen en espejo, o, de manera general, de toda simetría.

Pido disculpas por la aspereza que implica mi discurso de hoy. Simplemente les hago notar que el hecho de la orientación para los cuadrantes opuestos nos indica ya que es conforme a la estructura la circunstancia de que la orientación surja sólo de la relación nodal de la que me sirva; es concebible marcar en esos mismos redondeles un sentido, es decir, una orientación. En otras palabras, para tomar el último, el que está aquí, plantearnos el problema de lo que resulta de hacer uso de una orientación conforme a aquella que hemos obtenido, de dos clases, y sólo de dos que son diferentes, a saber, darnos cuenta que de ello resultara una figura tal que su periferia marcará por ese hecho la misma orientación. (cf. figura 1 siguiente).

¿Qué hace falta para que una de estas figuras se transforme en la otra, ésta, igualmente completada [figura 2)?. En mi vacilación han visto la marca de la dificultad que se encuentra en la manipulación de los de nominados redondeles de hilo. Esta es la imagen en espejo de la otra, ¿Pero qué basta para transformar a la una en la otra?. Algo definible de la sencillísima manera siguiente: que, tal como ven desplegarse el nudo borromiano, ven que uno cualquiera de ellos se manifiesta por cortar a cada uno de los otros dos de una manera tal que siendo uno liberado, siendo uno secciónado, los otros dos quedan libres. Lo que quiere decir que uno de esos redondeles han girado alrededor de uno de los otros dos, y que esto por sí sólo nos dará un nuevo nudo borromiano. La ley de lo que ocurre en este caso es la siguiente: ¿qué ocurre si volvemos uno de esos nudos, uno de esos redondeles alrededor de otro?: con ello obtenemos exactamente una nueva figure que tiene la propiedad de ser de la especie de ésta, o sea. la que se presenta así ...

Tenemos esto quedó invariable, y los otros dos (...) presentan el tipo de orientación que aquí se define: que con relación a lo marcado como "a", tendrán en consecuencia una presentación como esta, a saber: si ésta es "b", tendrán una inversión de sentido del "b" y del "c", y una inversión de orientación de su curva, completándose las cosas de la manera siguiente.

Lo que importa es ver que al invertir el "a", de ello resulta una orientación totalmente diferente del ajuste del nudo, o sea que por el sólo hecho de que hemos invertido uno de los redondeles, los otros dos elementos, los que no hemos invertido, cambian de dirección. Quiero decir que, como es concebible, el segmento que yo seccióno en este tartajeo, el segmento que hice secciónar por inversión del redondel que primero estaba aquí, ese segmento cambió de sentido. O sea que ese otro segmento y este vienen a concordar de una manera que llamaremos, si lo quieren, centrípeta mientras que antes los tres eran centrífugos. Así es como , cuando invirtamos un redondel de hilo mas, éste permanecerá en su orientación primitiva, para el segmento mismo que tendremos que dar vuelta, o sea que si ahora, después de haber dado vuelta "a", damos vuelta "b", "b" aparecerá conservando el sentido centrípeto, pero entonces son los otros dos, a saber uno centrifugo y uno centrípeto, los que se invertirán de tal suerte que el resultado será el centrípeto se hará centrífugo, y este se hará centrípeto; tendremos de nuevo aquí uno centrifugo y dos centrípetos. Pero el que se haga centrifugo será uno de los centrípetos dados vuelta.

Me he expuesto a no mirar siquiera mis notas, por la sencilla razón de la dificultad misma del manejo, lo poco imaginable, si puede decirse así, de este nudo borromiano del que tratemos de Sacar partido, el mismo que no me disgusta valorizar ... Y bien, tras la segunda vuelta, un levógiro es como el precedente, se introduce. y es en tanto que hemos dado vuelta el "b" después de haberlo hecho con el "a" que obtenemos un centrifúgo en el lugar del (lapsus) un centrípeto en el lugar del centrifugo que esta aquí, y un centrífugo en el lugar del centrípeto que esta aquí. Por consiguiente, tenemos aquí "b", "a" y "c".

En un sitio donde se trabajaba se me preguntó qué relación tenía el nudo borromiano con lo que yo había enunciado acerca de las cuatro, diría yo, opciones, llamadas de identificación sexuada. En otros términos, qué relación podía tener esto con el E de x (lapsus, ciertamente no E de x) phi de x, el E de x no phi de x, el A de x phi de x y el no A de x phi de x.

$x Fx $xFx 

"
x Fx "xFx

Voy a tratar de decirlo ahora. Supongamos que (...) diéramos a esto la posición en cuadrante que designamos según la marca en las coordenadas cortesianas, los ocho cuadrantes en cuestión. Tomemos el cuadrante de arriba a la derecha y de adelante rebatiendo el redondel de hilo aquí marcado, quiero decir en tanto que este redondel de hilo está sostenido de este otro, a saber, el que yo llamaría "en profundidad", a éste lo llamaremos el "alto" y a este otro el "plano":

(Lacan marca las aristas que sirven de referencia)

(falta gráfico)

Bueno. Entonces el "plano" viene aquí ... y éste va allá (muestra el nudo que tiene en su mano), o sea verde, azul, rojo. Así se presentarán las cosas. Aunque ... es un poquito ... un poquito diferente. Y bien. Les dará algún trabajo hacerlo, después de todo me doy cuenta de que no resulta tan fácil.

Lo importante es esto: marcar que es al rebatir aquel, especialmente el vertical, hacia la profundidad, al rebatir este, es decir, el que primero estaba bien marcado en su lugar, al rebatirlo así vamos a obtener el nudo borromiano tal que se situará en el cuadrante que esta a la izquierda del cuadrante cualquiera del que hemos partido. En este cuadrante, pues, con inversión, inversión de la levogiria, es decir, pasaje a la dextrogiria, ya que aquél que hice abajo era un levógiro. Lo toma así porque tal como los nudos están dispuestos (lapsus) tal como los redondeles de hilo están dispuestos, es así como eso se anude. Por lo tanto, aquí tenemos una inversión. Lo que quiere decir que, para tomar las cosas colocándolas como aquí, por ejemplo, en este cuadrante, tenemos que pasar a ése, con lo que tendremos una primera inversión. Al pasar a este tendremos una segunda inversión, como en cierta dirección, a condición de que sea una dirección de simetría con relación a uno de los planos de intersección; en las tres extremidades tendremos un cambio en el nudo borromiano, una inversión, Si pasamos por aquí. es decir de arriba abajo, tendremos una nueva inversión, es decir una vuelta (rétour) de lo que estaba aquí, del levógiro. Estas operaciones son conmutativas, o sea que al pasar así llegamos a la misma vuelta.

(falta gráfico)

En otros términos, en los cuatro puntos de oposición, es decir, sobre los ocho cuadrantes, en cuatro cuadrantes definibles por, si puedo decir, la inscripción en el cubo de un tetraedro, en esto es que veremos aparecer las cuatro figuras homogéneas, las tres todas ellas en este caso levógiras, ya que hemos partido de un levogiro. ¿Que resulta de esto?. ¿Cómo considerar esta multiplicación, si puedo decir, por cuatro, de lo que resulta simplemente de la puesta de plano, o la escritura del nudo borromiano?. Propongo sencillamente esto que dada la hora no tendré que comentar la próxima vez si como acaban de ver, se trata de una figura tetraédrica, una figura tetraédrica en la medias en que es producida por la basculación de dos de los redondeles de hilo, y puede decirse dos cualesquiera que fuesen, volvemos a la figura levógira, para especificarla volvemos a ella cualquiera de los dos haya sido el rebatido. Quedará uno que no fue rebatido. El que quede es evidentemente el tercero, quiero decir el que queda después de que los otros dos hayan sido rebatidos; por ejemplo, si hacemos de esos redondeles de hilo lo simbólico, lo imaginario y lo real, lo que quedará, y en una posición centrífuga'' esto todavía tienen que verificarlo" quiero decir que deben advertir que al bascular S a I, al final R queda centrífugo. Hay una buena razón para eso si vieron bien la última figura, será R, o sea lo real, lo que habrá que bascular para obtener la última figura la cual será dextrógira e íntegramente centrífuga. Es una manera fácil para ustedes retener lo que ocurre en el segundo tiempo de lo que pasa después de dos basculaciones, ya que como les mostré en su momento deben encontrar en el cuadrante estrictamente opuesto, aquel del que les hablé cuando les hice esta observación de lo que no había sido encontrado, a saber que al pasar de un cuadrante al cuadrante estrictamente opuesto, al cuadrante contradictorio, al cuadrante diagonal, obtenemos un nudo; si hemos partido del levógiro, obtenemos un nudo dextrógiro.

Por lo tanto, verifiquen todo esto haciendo pequeñas manipulaciones como las que yo tan bien marre ante ustedes, y verán lo siguiente: que al mantenerse en el nudo levógiro obtenemos lo qué califique como (...) tetraedro; ya ven como sucede esto, pueden hacerlo, por ejemplo aquí, tomando una de las caras del cuadrado; reconstituirán así el cubo, a partir del hecho de que es siempre en una disposición diagonal — diagonal con relación a una de las caras del cubo— que se encuentran los cuadrantes. los cuadrantes cuya orientación es de la misma especie, y particularmente en este caso, de la especie levógira.

Sólo les sugeriré esto: que lo que sale de ello, a partir de la función del goce, es que en alguna parte, en una de estas extremidades del tetraedro, en alguna parte se sitúa el: no hay x para decir "no" a phi de x. En alguna parte hay algo como "no phi de x., en alguna parte hay "A de x phi de x", o sea que todos hacen de ello función, y que en alguna parte tienen ustedes no-todas; no por nada lo puse en esta forma, o sea una forma de base, si quieren.

(falta gráfico)

En cierto modo deberemos poner en cuestión esto el No (Pas), no el No (Pas) exclusivo como el de recién, el No (Pas) de lo que existe para decir "no"` (non) a la función fálica. Por otra parte tendremos lo que ello dice "si" pero que está desdoblado, a saber que hay el Todos, por una parte, y por la otra el No-todos (Pas-tous), dicho de otro modo lo que califiqué como no-todas (pas-toutes). ¿Se dan cuenta de qué esto es un programa?. A saber, promover en lo que es sujeto el examen, promover la critica da lo que tiene que ver con el "non (pas) de lo que implica el decir "no" (non), o sea la prohibición (l'interdit), y muy especialmente, al fin de cuentas, lo que especificándose por decir "no" (non) a la función fálica es lo que en el discurso analítico llamamos la función de la castración. Hay lo que dice "sí" a la función fálica, y lo dice en calidad de todo. es decir, muy especialmente un cierto (...) que es totalmente necesitado por la definicion de lo que llamamos el hombre. Suben ustedes que el no-todo (pas-tout) sirvio esencialmente para marcar que no hay La mujer, o sea que de ella no hay, si puedo decir, más que diversas y en cierto modo una por una, y que todo esto se encuentra en cierto modo dominado por la función privilegiada de lo siguiente que sin embargo no hay de ella no-una (pal-une) a representar, el decir que prohibe, a saber, lo absolutamente no (non).

Puesto que hay un examen —hay un examen ahora, si— hoy simplemente he comenzado la cosa, les pido perdón por haber sido tan extenso, lo retomaremos la próxima vez.


Referencias

(1) En latin en el original.

(2) Lacan.


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