Seminario 21 - Jacques Lacan
Los no engañados erran (Los nombres del padre)

Clase 14, del 21 de Mayo de 1974

 

(falta gráfico)

 

Pido disculpas por mi demora y les agradezco que me hayan esperado. Ven ustedes que persevero en cuanto el fundamento que doy este año a mi discurso en el nudo borromiano. El nudo borromiano está aquí Justificado por materializar' por presentar esa referencia a la escritura. El nudo borromiano no es, en este caso, más que modo de escritura. En suma, él presentifica el registro de lo real.

Cuando al comienzo me pregunta qué era el inconsciente, entendí tomarlo sólo a nivel de lo que constituye efectivamente la experiencia analítica. En ese momento de ninguna manera había elaborado yo el discurso como tal: la noción, la función de discurso sólo llegaría después. Fue en la medida en que ese discurso esta allí donde si sitúa un vinculo social — y por lo tanto, hay que decirlo, político—, fue en la medida en que ese discurso lo sitúa, que hable de discurso. Pero yo sólo partía de la Experiencia, y en esa experiencia esta claro que el lenguaje es algo que indiscutiblemente se impone en la practica del análisis, que la práctica del análisis esta basada en un patetismo, un patetismo que se trata de situar, y se trata de situar como interviene uno allí. 

Intervenir hace surgir la noción de acto. Es esencial igualmente pensar esa noción de acto, y demostrar cómo puede llegar a consistir en un decir. He creído, en otro tiempo — como se dice—, que debía hacer observar que el Analista no solamente no opera más qué con la palabra, sino que se especifica por no operar más que por ella. Rehusa por ejemplo esa intervención sobre el cuerpo que pasa por la absorbida, bajo una forma cualquieras de sustancias que desde ese momento entran en la dinámica química de aquél como por ejemplo los medicamentos que así le llaman. El punto en que estoy es simplemente algo, la vuelta, el circulo que ven dibujado aquí; hay un vinculo, se trata de saber cual, entre el sexo y la palabra. Está claro que el sexo comporta la dualidad de la estructura corporal. Dualidad que se reflejó en cascada, si puede decirse, sobre la dualidad, por ejemplo, del somen (lapsus), del soma y del germen, sobre la oposición de lo viviente con el mundo inanimado, etc.

¿Basta la noción de dualidad para homogeneizar todo lo que es dos?. Ven de inmediato que esto no es cierto; la sola enumeración que he efectuado de la dualidad de estructura corporal, de la dualidad del soma y el germen, de la oposición de lo viviente al mundo inanimado, debe bastarles para ver que esa polaridad, para llamarla por su nombre, no homogeneiza de ningún modo la serie de los polos de que se trata. Ella no basta, en absoluto, para hacer que la noción de mundo, o de universo, sea puesta en correlación con esa cosa impensable que es el sujeto, en tanto este seria el reflejo la conciencia del susodicho mundo. Esto en razón de lo que yo llamaría el patetismo de los sentidos. No cabe maravillarse de que haya un ser para conocer ... ¿para conocer que?, al resto, y es evidente que en todo tiempo se empleó la metáfora de la relación sexual para esa dualidad patente. Patente, pero especificada, local, distinta de las otras dualidades; de allí el acento dado a la palabra conocer de allí también la idea de activo y de pasivo, sin , que pueda saberse, por otra parte, en esa polaridad llamada del sujeto y el mundo, donde está lo activo y donde lo pasivo. No hay necesidad alguna de un activo para que lo patético subsista y se atestigue en lo vivido por nosotros que, como se dice, sufrimos. De eso se trata cuando no se trata más que del análisis. Actuamos también para salir de el de ese sufrimiento, y llegado el caso nos metemos en el con todo; se trata de saber qué son dos personas, como se dice, o sea dos animales situados por una organización política muy especificada por lo que he llamado un discurso, se trata de saber que es el decir de un intercambio ritualizado de palabras, y lo que llaman, lo que se supone está en Juego en este ejercicio, es decir, el inconsciente.

Aquí trato de decirles: hay saber en lo real, que funciona sin que podamos saber cómo se hace la articulación en lo que estamos habituados a ver realizarse. ¿De esto se trata y deberíamos admitirlo como correspondiendo a un pensamiento ordenador?. Tal es el partido que toman religión y metafísica que en esto se encuentran del mismo lado se dan la mano en cuanto a la suposición de que ellas ordenan al ser.

Entonces, lo que quiero decir es que el saber inconsciente, el que Freud supone, se distingue de ese saber en lo real pues sea lo que fuere que se tenga de él, hasta la ciencia llega a hacerlo providencial; es decir que algo, un sujeto, lo asegura como armónico. Lo que Freud propone — aunque no es todo, lo apunta al pasar— es que dicho saber no es providencial sino dramático. Hecho de algo que parte de un defecto en el ser, de una disarmonia (dysharmonie) entre el pensamiento y el mundo, y que ese saber esta en el centro de ese algo que llamamos ex-sistencia, porque insiste desde afuera y es perturbador. Es en, este sentido que en el ser — que no soy el único en carácterizar como ser hablante— la relación sexual se muestra perturbada. Esto en contraste con todo lo que parece pasar en los otros seres. De Aquí incluso vino la distinción entre naturaleza y cultura. Y Justamente es preciso que, aquí caráctericemos a esa naturaleza por no ser tan natural. Porque allí donde vivimos, la naturaliza no se Impone. Lo que se nos impone sí otro modo de ese saber, un saber que de manera alguna es atribuible a un sujeto que allí presidiría el orden, que allí presidiría la armonía; y por eso, muy al principio, en mis primeros enunciados, para carácterizar al inconsciente de Freud había una fórmula — a la que volví varias veces que propuse en Santa Ana "Dios no cree en Dios".

Decir "Dios no cree en Dios" es exactamente lo mismo que decir hay inconsciente. Por supuesto, dado el orden de auditorio que por entonces yo tenia — psicoanalistas tales como en esa época podían presentarse esto no causaba ningún efecto; no causaba ningún efecto fuera da que me plantearan la pregunta de si yo mismo creía en el. Después hubo quien me definió diciendo que yo era alguien que creía que era Lacan modo con el que yo mismo había definido a Napoleón, pero hacia el fin de su vida, en el momento en que, mi dios. estaba loco, porque creer en el propio nombre, en fin, es ...es su definición misma. Contrariamente a lo que imaginaba el nombrado Gabriel Marcel, no creo en Lacan. Pero pregunto si no hay estricta consistencia entre lo que Freud propone como siendo el inconsciente, y el hecho de que en cuanto a Dios, no hay nadie que crea en el, sobre todo el mismo, porque en eso consiste el saber del inconsciente.

El saber del inconsciente es todo lo contrario del instinto, es decir, de lo que preside no sólo la idea de naturaleza sino toda idea de armonía; es en la medida en que en alguna parte hay ese falla que hace que la cosa más natural, por así decir, la que desde nuestro punto de vista nos parece, cuando miramos ya sea animales, o cosas completamente diferentes, objetos en el mundo: hacemos al respecto todas las extrapolaciones que podemos. Lo que comprobamos parece constituir entre dos cuerpos algo que sin duda es totalmente diferente en la mayoría de las especies, que la relación del cuerpo llamado masculino con aquél que muestra ser femenino . . que Entre esos dos cuerpos hay, yo diría, muy poca semejanza, mientras que entre los animales lo sorprendente es hasta qué punto el macho y la hembra— digamos la palabra para ir rápido e indicar mi pensamiento— son narcisistas .

Entonces, hoy quisiera decir — porque al menos debo decir algo, algo importante— que si puse el acento sobre lo que obstaculiza la relación sexual, ello no es otra cosa que esa función que la vez pasada reescribí. En el pizarrón bajo la forma "phi de x", y que no por nada escribí así, en forma matemática, en le medida en que lo que puede escribirse me permite confiar en que me hallo en el buen camino para alcanzar, de él, lo real. ¿Que quiere decir esto? ¿Es porque aquí sucede que a veces — en toda la cedida en que ustedes me lo permiten a causa de este micrófono— escribo cosas en el pizarrón?. ¿Es esto lo que soporta mi relación con ustedes tal como ella se instaura en este discurso?. No lo creo, me lo pregunto sin Cesar: lo que quiero señalar aquí, lo que importa, es que yo digo siempre la verdad, y que esto que se inscribe en lo simbólico "yo digo siempre la verdad", no solamente que la repito, abre un camino que ¿quién? hace existir un decir, y que vuestra relación conmigo en esta situación es que eso les hace gozar. He planteado la pregunta más de una vez, le doy vueltas, pero lo seguro es que allí se encuentra el acento de ese Justo decir que trato de enunciar en la medida en que en otra parte toma sin duda apoyo en la escritura pero que es del lado de Ia escritura que se concentra aquello donde trato de interrogar acerca del inconsciente cuando digo que el inconsciente es algo en lo real.

He dicho saber por otro lado, pero también señale que si esa dimensión de saber toca en los bordes de lo real, que ha de ser captado, Jugado con lo que yo llamaría los frunces los bordes de lo real, es por cuanto doy fe a que sólo la escritura soporta como tal a ese real que puedo decir algo que esta orientado simplemente, simplemente orientado. Por que decir la verdad está, si puedo decir, al alcance de todo el mundo, en cierto modo la verdad para nosotros, en la experiencia analítica, es nuestro asunto y ello pues es la verdad sobre ese patetismo, sobre ese sufrimiento que como tal he designado lo que lleva a ese cerramiento de una experiencia estructurada como un discurso. He tratado de efectuar la articulación de esos discursos, pero la articulación escrita: sólo en ello algo puede dar testimonio de lo real.

Entonces, de que se trataba cuando la vez pasada les recordé los cuatro términos, las cuatro puntuaciones, puntuaciones escritas de la identificación que en el caso llamaré no sexual sino sexuada, cuando recordé que el nudo borromiano permitia situar cada una de esas escrituras en algo que se localiza a partir del nudo primitivo, del nudo que les mostré como pude, con redondeles, redondeles de hilo que tenia en le mano, en los cuatro cuadrantes que ellos determinan a partir de una primera puesto de plano, y de una primera puesta de plano en que es preciso que dos de ellos — y dije dos y no los mismos, no el mismo ya que si fuera el mismo volvería al mismo lugar— o sea que hacen falta dos, y dos diferentes para llegar a un cuadrante que se homologue por el primero puesto de plano. En ese momento creí poder mostrarlo en el pizarrón de una manera evidentemente aventurada, como pudieron ver y, ante mi gran exasperación, allí me atasqué, me atasqué porque, cosa curiosa, hay algo — y esto es lo que significa esa experiencia— algo ... todavía no dominado en — ustedes lo saben— , lo indiqué y se los recuerdo todavía no dominado en lo relativo al orden de los nudos. Es extraño, es singular aunque ya algo de ello pudo ser anticipado, que el nudo borromiano fuera identificado con la trenza de seis movimientos, seis y no tres como parecería: esto ya es algo y lo que hoy les muestro por haberme referido a lo que les había ya marcado ya escrito como siendo la forma más simple del nudo borromiano, que es muy exactamente esta, es decir aquélla donde en ninguna parte hay un tercer redondel (figura 2), pues el tercer redondel aquí esta representado sólo por una recta que ustedes me permiten suponer infinita, suposición totalmente capital y en sí misma esclarecedora, dirija yo, por esto: que es bien conocido, es la primera observación de toda elaboración de los nudos, la de un Artin, por ejemplo, cayo volumen quizá conozcan, en todo caso algunos de ustedes seguramente se lo han procurado, la de un Artin que dice: no hay más que una sola manera, sobre una simple línea de afirmar que el nudo no puede ser desanudado, pues una de dos, o sus dos extremos se extienden en efecto al infinito, lo que torna imposible desconocer sea lo que fuere que se haya formada en ellos, o los dos extremos se unen. en cuyo caso se controla si es efectivamente o no un nudo.

¿Que nos sugiere esto como observación?. Que si ese recta, en la que en este caso consiste al nudo borromiano y que se especifica por cruzar los nudos yo diría de una manera que corta al primero, pero tanto como el primero corta el segundo, lo que al mismo tiempo impone la alternancia a Saber que cortará al primero y será cortado por el segundo al que encuentra en tanto que él mismo (...) al primer redondel. y que cortará entonces dos veces, que cortará entonces las dos veces el redondel azul así como será cortado las dos veces por el redondel verde. El redondel azul y el verde se distinguen por estó: que el redondel azul corta al redondel verde. Es pués en una relación triádica que se sitúa en el caso lo que conforma el nudo, y pueden ver que la recta infinita impone que no pueda dársele ninguna orientación, porque ¿de dónde parte dicha recta?. Ha de saberse si hay un comienzo, para que con relación a éste se tome una orientación. Por el contrario. basta que esa recta infinita esté empalmada como redondel, para expresarnos de una manera que no implique ninguna forma geométrica sino sólo una consistencia, para que por el hecho mismo de que le damos consistencia de redondel aparezca algo que es del orden de la orientación, no en lo que hace un instante llame recta y a la que de golpe hice redondel, sino en el nudo mismo; porque ven ustedes —se los marque cada vez por una correspondencia— que debido a que el individuo aquí especificado como naranja-amarillo (indicado rojo en las figuras) está puesto de plano bajo la forma de un redondel. debido a ello y a ninguna otra cosa aparece aquí la orientación que he llamado levógira (figura 1); ello si me obligó a seguir la dirección que me indica cada uno de los tres, al exterior, al exterior del nudo que forman, mientras que del otro lado (figura 3) es de una manera muy diferente. (...) dextrógira, que los redondeles aparecen. En tanto que aquí tenemos las cosas bajo esta forma' podremos decir que lo que en ésta se presentó de un modo determinado. en la otra forma está precisamente invertido. Resulta claro que en la medida en que tomamos aquí las cosas bajo el borde, bajo el lado opuesto a aquél el punto donde hemos rebatido la línea naranja, tenemos aquí una forma levógira (figura 1), es decir, que lo que aquí aparece es algo de este orden:

(con figura 3)

Al mismo tiempo comprobamos que, con relación a lo que se ha invertido, o sea la línea naranja, hay inversión de lado; aquí la línea azul esta a la derecha, aquí esta a la izquierda. y es en una relación de extremidad con relación a la línea naranja que la línea verde se encuentra; o sea que es fácil comprender —traté de mostrárselos la vez pasada— que al rebatir uno de los redondeles de hilo con relación a los otros dos, lo que encontramos es, desde luego, que es en otra parte sobre uno de estos círculos. o sea el que está aquí, el verde (lapsus) el azul, que nos encontramos cortándolo, dicho de otro modo que la línea amarilla (roja) en Ia medida en que es la que hemos rebatido, se continúa y corta.

Cada vez hay, por lo tanto, algo que cambia en la orientación del nudo. Cada vez que pasamos de un cuadrante a otro hay algo que cambia en dicha orientación. Y por eso los nudos se especifican cuatro por cuatro. y tienen esa relación entre si quecalifiqué el otro día como tetraedrica, y dando quise reconocer lo relativo al modo de los cuatro lugares reservados. A los modos de la identificación llamada sexuada. Como ven, es sorprendente que todavía hoy — y hasta bajo una forma ultrasimple— me haya encontrado en dificultades para hacerles sentir, para demostrarlo yo mismo en la escritura, lo que pasa con el efecto de rebatimiento, en la medida en que ya aquello de que se trata es uno de los términos elegido como tal y distinguido de los otros en cierto modo previamente.

Esto es, con seguridad, lo que hace que ese objeto de escritura nos presente algo particularmente llamativo. Tenemos aquí una escritura que en cierto modo yo diría dominamos difícilmente. Es bastante sorprendente que ya en un segundo tiempo, o sea después de haber creído que saldría del apuro mediante este artificio, de nuevo me haya encontrado con que esa escritura que confunde, me embarulla. ¿No será esto el signo de ese algo que mi fe ha presidido en la aversión tan asombrosa en cuanto a las matemáticas, aversión producida respecto de lo que tiene que ver con los nudos?. Porque después de todo no habría sido inconcebible que ese algo que se dibujó en una geometría desarrollada, que en efecto funcionó totalmente como escritura, escritura por la cual comenzó la ciencia, quiero decir en la geometría griega, es bien asombroso ver que eso también habría podido ser, en un esfuerzo concerniente al calce, por ejemplo' que se produce cuando separemos esos dos nudos (figura 2) con relación a la línea que sirve para constituir, propiamente hablando. el nudo, así como al rebatirlo aquí (figura 3), vemos manifiestamente, calzando algo, calzando, qué decir sino aquello de que se trata, a saber, algo "calzado", no hay más que decir al respecto, y es eso calzado lo que esta sobre el tapete en esa función por la cual, para decir la relación de lo simbólico, de lo imaginario o de lo real, yo digo que allí es tomado algo, algo que en el caso es, en efecto, el sujeto. Aún es preciso que a ese algo yo trate de aclararlo, en cierto modo individualizando lo que es cada uno de esos redondeles, o sea, en que lo simbólico difiere de lo imaginario y difiere de lo real.

Para aclarar más pronto cómo puedo yo hacerlo, no más, este farol, yo diría que lo simbólico es del orden del uno, ese uno que la vez pasada ya les propuse como constituyendo— en el orden lógico que trata de construir nuestro Boole— como siendo el universo; les hice notar al mismo tiempo que hay allí algo discutible, porque es ya plantear una hipótesis hacer del universo algo del "uno". En contra de eso, y en la línea en que Boole procede al plantear la formula x factor, entre paréntesis, de uno menos x, y al plantearla igual a cero, a saber, todo lo que no es x, es lo que no es ... lo que es x sustraído el universo, y su producto su intersección, su encuentro, es estrictamente igual a cero. Sobre esta base Boole cree poder proponer una Normalización de lo concerniente a la lógica.

Bien opuestamente propongo dar al uno el valor de aquello en lo cual por mi discurso, consiste, consiste en tanto que es ese valor lo que obstaculiza la relación sexual, o sea, el goce fálico. En la medida en que el goce fálico — y aquí digamos que lo hago órgano, lo supongo encarnado por lo que en el hombre corresponde a el como órgano— en la medida en que dicho goce toma ese acento privilegiado, tal que se impone en todo lo que es nuestra experiencia analítica, allí alrededor, y porque sólo es allí alrededor, alrededor del individuo mismo sexuado que lo soporte, en la medida en que ese goce es privilegiado se ordena toda la experiencia analítica, y propongo que sea ella la que vincule la función del "uno" en la formalización lógica tal como la promueve Boole. En otros términos, que si hay significante, y significante no es signo, significante se distingue del signo en que a este podemos hacerlo circular en un mundo objetivado: el signo es lo que va del emisor al receptor, y lo que al receptor hace signo del emisor. Pero es muy el contrario bajo la forma de lo que llame el mensaje, recibido en forma invertida, que se plantea el significante Para quien ..., es en tanto que tiene relación con otro significante que él hace surgir un sujeto, o sea, en su configuración.

Esto sugiere que en la medida en que algo designado en Boole por una x, algo se precipita como significante, este es en cierto modo hurtado, sustraído, tomado al goce fálico mismo, y en tanto que el significante lo sustituye, el mismo resulta será obstáculo para que jamas se escriba lo que llamo la relación sexual. Quiero decir algo que supuestamente podría ser escrito "x", "R mayúscula", y después "y"; a saber, que de ninguna manera pueda escribirse de un modo matemático lo que corresponde a lo que se presenta como función con respecto a la función fálica misma. Quiero decir que en la medida en que lo que se escribe es "E de x no phi de x", negación de la función fálica misma, y muy en contra de que no la haya a saber, que no existe x para denegar la función phi de x, para oponerse a ella, y que inversamente introduzca yo a nivel de lo universal ese algo que' adhiriendo a la función fálica, se carácteriza de un lado por una A mayúscula cuantor universal, una A mayúscula invertida, — saben que se escribe así pero en el otro pone allí una barra negativa, es decir, dice que en alguna parte hay una función que se distingue por no ser toda (n'être pas-toute).

No-toda, ¿que quiere decir esto?. Lo menos que pueda decirse es que haya dos de ella. En la medida en que al nivel en que se articula ese no-toda, no hay más que un goce. Aquí no vayan demasiado rápido ni supongan que lo que yo distingo es no sé qué como algo que sexualmente respondería a esa pretendida división entre el goce llamado clitoridiano y el goce llamado vaginal. No se trata de esto. De lo que hablo es de la distinción que debe hacerse del goce fálico en tanto que en el ser hablante el prevalece y que de allí se hurta toda la función de la significancia' que debe hacerse una distinción entre ese goce prevalente en la medida en que constituye obstáculo a lo que tiene que ver con la relación sexual, que debe hacerse una distinción entre ese goce con esto que introduje el otro día, pienso que de manera suficiente, lo que pasaba con el Árbol, el Árbol llamado de la ciencia, de la ciencia del bien y del mal que seguramente el animal se distingue por subsistir no sólo en un cuerpo, sino que ese cuerpo como tal no se identifica, no tiene identidad, no como se dice desde siempre, tradicionalmente, acerca del pensamiento, de ese no se qué, que por pensar lo haría ser, sino que él goza de sí mismo. Quiero decir que no hay sólo esta apercepción, aprehensión, sensación, presión, tocar, vista o cualquier otro modo de afectación por los sentidos, sino que en tanto el consiste, y consiste en un cuerpo, de lo que se trata es de un goce, y de un goce que de acuerdo con nuestra experiencia encuentra ser de un orden diferente a lo relativo al goce fálico.

Así es como lo que desde el inicio de mi enseñanza comencé por autentificar, por originalizar acerca de la relación imaginaria, hacia referencia a lo que llamaré la homología, la semejanza, Justamente esa parte que es tan vacilante cuando se trata del ser hablante, de la homología de los cuerpos, que en el animal debamos comprobar que el goce fálico, cualquiera que sea, no tiene la misma prevalencia, el mismo peso. el mismo peso en cierto modo de oposición que tiene con respecto al goce en tanto que dos cuerpos gozan uno del otro. Aquí está la falla por donde (...) si puede decirse, en la experiencia analítica, todo lo que se ordena con respecto al amor, si se habla como lo he dicho — lo evoqué anteriormente— si se habla del nudo, se hace alusión al abrazo, al estrechamiento, pero otra cosa es la manera como irrumpa en la vida de cada uno ese goce, que haya aparecido, si puede decirse, para uno de esos cuerpos, pero al otro no se le aparece sino con esa forma, si puede decirse, de referencia a un otro como tal, incluso si algo, en el cuerpo, puede darle un débil soporte, quiero decir a nivel de ese órgano que se llama el clítoris.

Es en tanto que debemos concebir lo simbólico como hurtados sustraído al orden uno del goce fálico, y en tanto que la relación de los cuerpos en su condición de dos, en esa medida no puede sino pasarse por la referencia, la reflexión sobre algo que es diferente de lo simbólico, que es distinto de el, y es lo que de aquí en adelante aparece del tres en la menor escritura. Lo que el lenguaje en cierto modo sanciona es el hecho de que, en su formalización, impone otra cosa que la simple homofonía del decir. Es en una letra — y en esto muestra el significante una precipitación por la cual el ser habiente puede tener acceso a lo real— es en la medida en que desde siempre, cada vez que fue cuestión de configurar algo que en cierto modo fuese el encuentro de lo que se emite, de lo que se emite como queja, como enunciado de una verdad, cada vez que se trata de todo lo que tiene que ver con ese decir a medias, decir a medias alternado, contrastado, canto alternado de lo que deja separado en dos mitades al ser hablante, cada vez que se trata de esto, es siempre por una referencia a la escritura que aquello que puede ser situado en el lenguaje encuentra su real. Y es en tanto que trataré de llevar a ustedes a esa referencia a lo real, a lo real como tercero, que hice esto hoy, excusándome por no haber podido desarrollarlo más.


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