Seminario 21 - Jacques Lacan
Los no engañados erran (Los nombres del padre)

Clase 3, del 11 de Diciembre de 1973

Quisiera decir, en esta tercera clase del año de este seminario, en qué constate su lugar en el seminario y su programa. Y es por ello que lo enuncié al hablarles desde el comienzo de nudo borromiano. El nudo borromiano que así he visto surgir, — en fin, quiero decir que en cierto modo él me ha invadido—, el nudo borromiano no tiene ninguna especie de ser. No tiene en absoluto la consistencia del espacio geométrico, del que se sabe que no hay limites para su corte en partes, para su proyección, para todo lo que ustedes quieran. e incluso más: eso... invade. Y es en esto instructivo: invade el otro orden. Estamos de tal manera capturados por ese modo imaginario que cuando intentamos manipular el orden simbólico acabamos en él; en fin, recuerden la manera como se abordan los conjuntos, se nos habla de biyección, de sobreyección, de inyección... todo esto no va sin imagenes, en todo caso es con imagenes que ustedes los soportan, modos hechos, sin embargo, para libera a ustedes de lo imaginario. Es con puntitos que ustedes advertirán que entre un dominio y un codominio hay inyección o biyección o sobreyección. Por qué no ha evocado el nudo borromiano otro comienzo concerniente al punto. .. el punto... el punto que somos, por que hasta en el mejor de los casos, es lo que vemos. Hasta ahora no les hablé más que de lo imaginario y lo simbólico, pero justamente mi discurso tiende a mostrarles que es necesario que estas dos dimensiones se completen con la de lo real. En otras palabras, es preciso que haya tres dimensiones. Tres para que exista ese punto que tal vez hubiera podido igualmente, si uno no fuera lo que absurdamente se llama "geómetra", porque, piensen, qué tiene que ver nuestra geometría con la tierra. Puesto que la tierra no es, en absoluto algo plano. Si no tuviéramos vocación por el mapping, por el catastro, ¿en qué nos sugeriría ella lo plano? ¿Por qué, a condición de partir del nudo, no hubiéramos partido de la idea de que un punto parte? Parte desde el comienzo, en su definición, del punto de tirón, por ejemplo. ¿Esto no les dice nada? Entre vuestro simbólico, vuestro imaginario y vuestro real, desde la época en que lo vengo machacando, ¿acaso no sienten que vuestro tiempo se lo pasa tironeando?; además tiene una ventaja, eso sugiere que... que el espacio implica al tiempo, y que el tiempo no es quizás otra cosa, justamente, que una sucesión de instantes de tirón. Esto en todo caso expresarla bastante bien la relación del tiempo con esa estafa... designada bajo el nombre de eternidad.

Decididamente, el nudo borromiano no es cosa para desdeñar. Si lo ponen de plano advertirán todo lo que se puede sacar de él. Por ejemplo les daré uno así, a ver cómo lo manejan. Vean un poco lo que se puede discurrir acerca de esto: cuando está de plano, para transformarlo de dextrógiro en levógiro, en la primera posición que acaban de ver esta con hacerle esto a cualquiera de ellos. Después se lo hacen al otro, enseguida se lo hacen al tercero, invistiendo a cada uno por vez. Es decir, al levógiro primero lo hacen dextrógiro, y cuando han dado vuelta el tercero es de nuevo levógiro. No carece de interés. Además, aclara la cuestión de la famosa historia de que el universo sería ambidextro, lo cual en todo caso, arroja cierta luz sobre él. Vale la pena detenerse en el asunto; da otra idea de la especialización. Se trata, en todo caso, de una estructura que... que cambia totalmente del alcance de la palabra espacio en el sentido con que es empleada en la Estética Trascendental. A saber, que no podemos percibir las cosas sino bajo el ángulo de un espacio, que en Kant es simplemente imaginario. Si hay tres dimensiones del espacio, y si comenzamos enumerando a esas tres dimensiones como lo Simbólico y lo Imaginario, hay que hacer la experiencia de lo que esto produce para la tercera, o sea, para lo Real. Por ahora sólo una cosa habrá que decir de esto. No puedo decir que sea la fecha de bautismo de ese Real: ''yo te bautizo, Real, a tí, en tanto que tercera dimensión..."; lo hice ya, hace mucho tiempo, inclusive aquí dí comienzo a mi enseñanza. Salvo que en mi fuero interno agregué: "yo te bautizo, Real, porque si no existieras habría que inventarte". Por eso lo inventé. No, por cierto, en virtud de que desde hace muchísimo tiempo no haya sido denominado; lo que la lengua tiene de notable es que el naming (suerte que tenemos el inglés para distinguir naming de nomination, naming quiere decir to name, dar el nombre propio). Obviamente, no por nada dije: "yo te bautizo''. No le tengo miedo a las palabras sospechosas de herejía, ningún olor a sotana, ni todo lo que él propague, es tabú para mi.

Es un hecho que el naming, en tanto que nombre propio, precede a la necesidad por la cual éste no dejará ya de escribirse. Mientras no tomen —he aquí el sentido de lo que sostuve con aparente subestimación por lo imaginariomientras no tomen lo simbólico cuerpo a cuerpo, no acabarán con él. Ni tampoco con lo que, mi dios, llamo en mis papeles ''iglesia", pero que es el cristianismo. Por cuanto allí, el Cristianismo los posee. Es la ver dad era religión. Habría que mirarla dos veces. Es lo verdadero en la religión. Cuando menos vale la pena interesarse por esto (quizás) aunque más no fuera para ver qué da. Pero nada de lo que digo lo hará. Yo digo: la verdad sólo puede decirse a medias. Esto significa confirmar que sólo hay verdad matematizada, es decir, escrita, es decir, que ella no es suspendible, como verdad, sino de axiomas. Es decir que no hay más verdad sino de lo que no posee ningún sentido. Es decir, de aquello de lo que no hay que sacar otras consecuencias que las de su registro, el registro de la deducción matemática; después de esto, ¿cómo puede el psicoanálisis imaginarse que procede de la verdad?.

No hay allí más que un efecto — efecto necesario, sin duda, aunque seguramente es ta necesidad no se manifiesta en ninguna parte fuera de mi oficio, el oficio que estoy desempeñando ¿no es cierto?— no hay más que un efecto, esa especie... de olor a verdad en el análisis un efecto de que éste no emplee otro medio que la palabra. Estrictamente no. Que no se me venga a contar que el análisis emplea la transferencia. Porque la transferencia no es un medio, es un resultado. Un resultado que reside en que la palabra, por medio de ella, medio de palabra, revela algo que nada tiene que hacer con ella, y muy precisamente el saber, que existe en el lenguaje. Por otra parte, nunca dije que el lenguaje fuera saber. Si aceptan recordar algunas de las cosas que escribí en el pizarrón en la época en que tenía fuerzas para ello, el lenguaje es un efecto de lo siguiente: de que hay significate Uno.

Pero el saber no es la misma cosa. El saber es la consecuencia de que hay otro. Con lo cual hacen dos, en apariencia. Porque este segundo obtiene su estatuto, justamente, del hecho de que no tiene ninguna relación con el primero, de que no forman cadena, aún cuando yo he dicho, en alguna parte, en mis plumiferajes, los primeros, Función y Campo, eso no era tan boludo. Quizá en Función y Campo dije que formaban cadena. Es un error, porque para descifrar, fue preciso que yo hiciese algunas tentativas, de allí esa boludez. Incluso es lo propio del descifrado. Cuando se descifra, se embrolla. E igualmente es así como llegué, después de todo, a saber lo que hacía. Descifrar. Es decir, sustituir el otro Significante por... por el Significante Uno. Aquél no da dos sino porque ustedes le agregan el descifrado. Lo que enseguida permite contar tres. Esto no impide escribir — lo hice—: S, índice 2, porque es así como debe leerse la fórmula del vínculo de S1 a S2. Es puro forzamiento, pero no forzamiento de una noción. Es lo que nos pone bajo el yugo del saber. Puesto que les estoy hablando del psicoanálisis, agrego: el yugo del saber, en el lugar mismo de la verdad. En el lugar, también, de la religión, de la que acabo de decirles que es verdadera. 

He aquí uno de los pilares del discurso psicoanalítico.

Inclusive califiqué a ese discurso, como a todos los otros, de cuatrípodo. Tal vez lo califiqué como acabo de decirles, justamente; considero que es una calificación, cuatrípodo, y no una cuantificación (1), porque cuanto más ando más me convenzo de que no contamos más que hasta tres. Inclusive, sólo porque contamos "tres" podemos llegar a contar "dos"; además, la verdadera religión — pues hablo del cristianismo— miró allí dos veces. Especialmente la ortodoxa, que no quiere filioque — y no por casualidad— no quiere que haya dos para que se proceda al tercero. Pues, por el contrario, es del tercero que surge el dos. De suerte que no por nada se denomina a sí misma " la ortodoxa", y tiene razón. Esto no quiere decir en absoluto que lo logre. Lograr, como se los señalo a la lejahía, es el signo de nada. Pero justamente esto falla... Bien puedo decir que para nosotros, analistas, es más bien en su favor, lo que no le impide que deba eliminarse. El ecumenismo no está allí de balde. ¡Bueno! En fin, me extiendo y charlo, tengo bastantes bromas (bateaux) (2), ustedes se divierten con ellas pero además, al menos son barcos que flotan, ¿no? Todo esto apunta... a que me hacen sudar un poco al responderme siempre con un eterno "dos". Mientras que nunca lo produje como otra cosa que como índice, es decir, como síntoma. Por otra parte, la misma palabra lo confirma. Lo que cae conjuntamente: es esto lo que dice. No quiere decirlo expresamente, pero sin embargo lo dice. El dos no puede ser ninguna otra cosa que lo que cae con juntamente del tres. Y por eso este año elijo como tema, — eso quiere decir, eso quiere decirlo en todo caso hoy, en que insisto sobre ello—: el nudo borromiano.

Es evidente que se trata de un esfuerzo pedagógico. Sin embargo, en razón de algo del orden de esa debilidad que se llama amor, donde casi no puede hacerse mejor cosa que... mi dios, el texto de Kant sobre la pedagogía me...— lo he reabierto pues lo adquirí, en edición original, (yo necesito mis pequeños placeres, ¿no?) pero ustedes pueden encontrarla, fue editada, creo que reeditada por Presses Universitaires, en fin, alguien de aquí me lo obsequió, y es... es apasionante. Es apasionante. Nada mejor se ha escrito sobre el tema de... de lo que ocurre con los débiles, ni siquiera lo que escribió Maud Mannoni. ¡Bueno! El niño está hecho para aprender algo. He aquí lo que nos enuncia Freud, lo que nos enuncia Kant... es extraordinario que lo haya presentido, pues ¿cómo podía él justificarlo?. Está hecho para aprender algo, es decir, para que el nudo se haga bien. Porque no hay nada más fácil que lo que falla; sobre todo si ustedes lo ponen bajo esta forma, a saber, la misma que aquélla. Miren : he aquí el círculo verde y el círculo rojo — en fin, el redondel—; supongan que para construir el tercero yo parta del interior del rojo, que está en el exterior. Para construirlo, es preciso que yo lo trence, y que él pase a alguna parte, sea abajo, sea arriba del verde.

Pero si partí de abajo del rojo, que yo lo haga pasar sobre o bajo el verde, el resultado será el mismo: no habrá nudo. En otras palabras, si yo no parto de encima del rojo, lo que me obliga a pasar por debajo del verde, no habrá nudo borromiano. Kant no puede saber —porque no es de eso que habla—, por qué el niño debe aprender algo. El niño debe aprender algo para que el nudo se haga. Para que él no sea, si cabe decirlo, no incauto (non-dupe), es decir, incauto (dupe) de lo posible. Incauto, incauto (dupe, dupe), es un poco demasiado. Los no-incautos (non-dupes) son los dos veces incautos (dupes). Justamente, son incautos (dupes) por ser dos. Y ésta es, en suma, la única objeción de la que creí partir, porque yo me enfrentaba a orejas que no estaban, precisamente, despiertas, objeción, única objeción que tengo que hacer a la "mitada" (moïté) (3). Esta es una expresión que me ha atribuido, con razón o sin ella, porque quizás lo he dicho en algún momento, uno de mis analizandos, recientemente, y que desde hace mucho tiempo concurre a mis seminarios. La mitada (moité), como él se expresa, es evidentemente caer de inmediato en el dos: ya que la mitada (moité) está forzosamente hecha de dos mitades.

El nudo borromiano no puede estar hecho sino de tres. Lo Imaginario, lo Simbólico no bastan, hace falta el elemento tercero, y yo lo designo como lo Real.

Es preciso que exista esa solidaridad determinante de que haya sujeto, sujeto hablado, en todo caso: la pérdida de una cualquiera de las tres dimensiones, la condición para que el nudo se sostenga, es que la pérdida de una cualquiera de esas tres dimensiones debe volver locas, es decir, libres una de la otra, a las otras dos.

Esas tres dimensiones, ¿cómo se las represento?. Como redondeles de hilo, como se ha querido, y a muy justo título, de manera pertinente, intitular mi penúltimo seminario del año pasado. ¿Qué es, como dimensión, un redondel de hilo? Les hago observar que un redondel de hilo no es un nudo, porque un nudo, un nudo se ve, se hace, puede dibujarse en el pizarrón... a condición de hacer las pequeñas interrupciones necesarias, y dios sabe lo que es preciso poner, tan poca imaginación tenemos.

Aquí está, ven ustedes, todavía debo corregir: un nudo es esto. En otras palabras, un nudo se desanuda. Si ustedes lo desanudan, están perdidos, porque no pueden más que hacer otro, y nunca llegarán a distinguir un nudo de otro nudo. Porque esos nudos no son todos parecidos. Por ello es necesario el redondel de hilo. El redondel no es un nudo, pero es necesario para la teoría de los nudos.

En efecto, para que un nudo pueda ser distinguido de otro, en ningún caso había que desanudarlo, porque entonces cuando hagan ustedes otro nudo tendrán la sensación de que es el mismo. Por eso es que no hay más que dos cosas: o bien extender hasta el infinito la cuerda que forma nudo — y entonces no podrán desanudarla—, o bien unir sus dos extremos, lo que es exactamente la misma cosa. Y esto justifica el redondel de hilo. El redondel de hilo es algo que les permite la teoría de un nudo. Para romperse, exige tener que ser cortado. La culpa. Es lo que se distingue — pero ¡ totalmente! esto quizás, todavía no se les haya ocurrido pero lo mismo espero que a algunos sí—, es una topología. Un redondel de hilo, es un toro. Y es lo único que permite elaborar el nudo No se anudan juntas dos esferas. Pero lo interesante de este asunto es que no se anudan dos redondeles de hilo, se anudan tres, pero de tal suerte que el tercero sólo anuda a los otros dos. Hay en alguna parte un artículo que reza: "De la causalidad psíquica", un lugar alrededor del cual algunas personas se han batido, un lugar donde yo anudo — ya que es de esto que se trata— la libertad y la locura, donde digo que una no se concibe sin la otra lo que, desde luego, perturba porque igualmente ellos piensan de inmediato que yo digo que la libertad es la locura... ya que por no hacerme comprender — por qué no, yo me entiendo—; en esta ocasión deseo que observen que el interés de juntar así en el nudo borromiano, lo simbólico y lo imaginario y lo real, es que de ello resulta, —no solamente resulta de ello sino que debe resultar de ello—, es decir que si el caso es bueno —me permitirán esta abreviación dada la hora— si el caso es bueno, basta con, bastan dos, cortar uno cualquiera de esos redondeles de hilo para que los otros dos queden libres uno del otro. En otras palabras, si el caso es bueno — déjenme implicar que éste es el resultado de la buena pedagogía, a saber, que uno no ha fallado su anudamiento primitivo—, si el caso es bueno, cuando a ustedes les falta uno de esos redondeles de hilo, ustedes deben volverse locos. Y es en esto, es en esto que el buen caso, el caso que he llamado "libertad", es en esto que el buen caso consiste en saber que si hay algo normal (4) es que, cuando una de las dimensiones les revienta, por una razón cualquiera, ustedes deben volverse verdaderamente locos.

Y aquí querría terminar, para mostrarles su interés. Supongan el caso del otro nudo, que antes llamé olímpico; si uno de vuestros redondeles de hilo les... revienta, por así decir, debido a algo que no les concierne, ustedes no se volverán locos por ello. Y esto porque, lo sepan o no, los otros dos nudos se sostienen juntos, y eso quiere decir que ustedes están neuróticos. En base a esto siempre afirmé algo que no se conoce lo suficiente que los neuróticos son irreventables. Las únicas personas a las que vi comportarse de manera admirable durante la última guerra —dios sabe que no me causa especial agrado evocarla— son mis neuróticos, aquellos a quienes aún no habla curado. Eran absolutamente sublimes. Nada los afectaba. Así les faltara lo real, lo imaginario o lo simbólico, ellos aguantaban. 

Y no sé si algunos de ustedes lo recuerda, en una época escribí algo sobre la fobia de Juanito. Es muy curioso, pero nunca vi a nadie valorizar ese signo, que no solamente he escrito sino que he repetido, machacado, ¿no es cierto?; no he visto a ningún otro, buscando qué era esa sagrada historia del caballo, porque desde luego yo me preguntaba, como todo el mundo: ¿por qué el caballo, por qué le daban miedo los caballos...? La explicación que yo encontré, pues lo he trabajado, he insistido, es que el caballo era el representante, hasta puedo decir...de tres circuitos. No señalé la verdad de que eran tres esos circuitos, pero el caballo representaba cierto número de circuitos; incluso he ido a buscar una carta de Viena para marcarlos bien, porque ante todo eso está en el texto de Freud: ¿cómo los hubiera encontrado yo de otra manera?. Esto en la medida en que la fobia, la fobia de Juanito, está muy, está muy... precisamente en ese nudo triple cuyos tres redondeles se sostienen juntos. Es en esto que es neurótico puesto que, así corten ustedes uno, los otros dos se sostienen siempre.

No es cuestión de ocuparnos únicamente de esto, hay otros acoplamientos cuyas neurosis son más simples que la de la fobia Ya llegaremos a ellos. Lo importante, lo importante no está tampoco en esto. Ustedes pudieron decir, en suma, que he definido lo anormal en el sentido de que está hecho de tal manera que cuando uno de los tres redondeles revienta, eso no puede sino volver loco. Pero lo importante no es esto, en absoluto.

Lo importante es que, aunque estén pintados de colores diversos uno con relación al otro, esos tres redondeles, esos redondeles de hilo son estrictamente equivalentes. Quiero decir que lo importante es que tanto lo Real como lo Imaginario como lo Simbólico pueden jugar exactamente la misma función con relación a los otros dos. Esto no es obvio. Si yo les presento el nudo así: el rojo por encima del verde y calzándolo, y el negro — a ése lo llamo provisoriamente negro porque tiene puntos negros— y el negro en buena posición, no es obvio que yo pueda muy fácilmente poner a los otros dos en una posición diferente, es decir, hacer que el verde esté por encima del rojo, siendo el nudo borromiano igualmente correcto. A saber, en ningún momento fue cortado. Puede creerse que hay un obstáculo para que yo ponga el verde en el lugar del rojo, a partir de una posición fija del negro, sin embargo éste es el caso. Sin embargo, éste es el caso, y es también lo que hay que decir a propósito de las tres dimensiones de nuestro Real. Ese Real acerca del cual uno se interroga hacia el final de la Interpretación de los Sueños, y lo que hay que decir, lo que hay que decir es esto: que si la vez pasada los aburrí con esa historia de lo oculto, es justamente por esto, porque para Freud es en cierto modo la confirmación patente: sobre esas tres dimensiones, de las cuales él nos denuncia tan bien dos, ¿qué es para Freud lo Real?.

Y bien, se los diré hoy: es, justamente, lo oculto. Y lo es precisamente por cuanto Freud lo considera como lo imposible. Pues acerca de la historia del ocultismo y la telepatía, él nos previene, e insiste, que no cree en ella para nada.

Cómo es posible que alguien como Freud haya podido perseguir, en fin, con tal obstinación, la sombra de ese oculto que él consideraba como, hablando propiamente, una cavilación de imbéciles. Léanlo bien y lo verán.

Y bien, el interés de lo que la vez pasada quise anticiparles y no les dije sino por medio de la frase final, —que no hay iniciación—, frase que los que tienen orejas supieron localizar como la única interesante, es justamente que Freud — y esto merece ser mirado dos veces— era INCAUTO (DUPE) DE LO REAL.

Era incauto (dupe) de lo Real aunque no creyera en ello. Y de esto se trata. Para el buen incauto (dupe), el que no yerra, es preciso que haya en alguna parte un Real del que él sea incauto (dupe). 


Referencias

(1) El texto repite aquí la palabra "calificación'', lo que evidentemente es atribuible a un error de transcripción. Se la reemplaza por la que presuntamente empleó Lacan, es decir, "cuantificación".

(2) Bateaux, "barcos", integra dichos franceses en los que alude a "bromas".

(3) Se trata de un neologismo, explicable por lo que sigue.

(4) Tres párrafos después, describiendo el mismo fenómeno, el original dice "anormal".


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