Seminario 21 - Jacques Lacan
Los no engañados erran (Los nombres del padre)

Clase 6, del 15 de Enero de 1974

Y bien!. La vez pasada me vieron un poquito superado por vuestro número. Como tengo la esperanza de que se reduzca, continúo.

El inconveniente de ese número es que, una y otra vez, me veo llevado a inclinarme, en fin, hacia esto: que si les hablo, no puede ser sino por primera vez. Es decir que se trata de una noción de orden. Evidentemente, dicha noción de orden me molesta, y de allí espero salir mostrándoles otra cosa, a saber: que hay nodalidad.

Para decirlo, el problema es saber lo que el saber inconsciente... — aquí, forzosamente veo que... — veo que yo encadeno, es decir, que al saber inconsciente yo lo planteo. Lo planteo como lo que trabaja. Y lo que trabaja puede trabajar: no hay aprehensión cualquiera del trabajo que no se dé en un discurso. Se trata de fundar lo que trabaja en el discurso analítico. Si no hubiera vínculo social, y vínculo social en tanto que fundado por un discurso, el trabajo sería inasequible. Digamos, con la ironía que esto implica, que en la naturaleza eso no trabaja (ça ne travaille pas). Parecería que esto es además lo que la funda — la idea que de ella tenemos— : la naturaleza es el lugar donde eso no trabaja. El saber, en tanto que inconsciente, en tanto que en nosotros "eso trabaja" parece, pues, implicar una suposición. Una suposición, me dirán ustedes, por la cual no tenemos necesidad de forzarnos, ya que en suma nosotros mismos somos el sujeto, el hypokeiménon; todo esto quiere decir exactamente lo mismo, o sea que se "supone" que existe algo que se llama, que yo he designado, en fin, como el ser hablante. Lo cual es un pleonasmo, porque no hay ser sino por hablar; si no hubiera el verbo ser, no habría ser en absoluto. Sin embargo, bien sabemos que la palabra "existir" ha tomado cierto peso. Un peso, en particular, por el cuantor, el cuantor de la existencia. En realidad, el cuantor de la existencia ha desplazado totalmente el sentido de la palabra ex—sistir, y si incluso yo puedo escribirla como la he escrito: ex, guión, sistir, es justamente en esto que se marca la originalidad de ese cuantor.

Sólo que la originalidad no hace sino desplazar el orden, a saber, que lo que ex—siste, esto sería lo originario. Es a partir de la ex—sistencia que nos encontramos re—interrogando lo que tiene que ver con la suposición. Simple desplazamiento, en suma. Y lo que yo intento hacer este año, con mis no incautos, (non—dupes), es ver de que, en suma, es preciso ser incauto para que todo eso se sostenga, y se sostenga en una consistencia. En lo cual introduzco el ternario; o, para ser más exactos, advierto que al haber partido de ese ternario, el de lo Simbólico, lo Imaginario y lo Real, planteo una pregunta; o bien, más exactamente aún, como para toda pregunta, es de la respuesta que ella ha partido... De la respuesta que, al mantener como distinto lo Real, nos hace plantearnos la pregunta: ¿dónde se sitúa ese saber, ese saber inconsciente por el que somos trabajados en el discurso analítico?. Por cierto, es el discurso el que nos hace ajustarnos a ese saber de una manera que no tiene precedente en la Historia.

Después de todo, ¿por qué no podríamos considerar a ese discurso mismo como contingente, puesto que parte de un decir, de un decir que constituye acontecimiento, el que yo trato de... de prolongar ante ustedes?. Efectivamente, giramos alrededor de la contingencia de ese discurso. Si ese decir no es sino contingente, y además, de esto es que hay que dar cuenta, ¿dónde se sitúa lo Real?, ¿Acaso lo Real nunca es sino supuesto?.

En este nudo, este nudo que yo profiero, en este nudo hecho de lo Simbólico y de lo Imaginario en tanto que es solamente algo que con otro hace tres, que los anuda, es de lo Real que se trata. Que ellos sean tres, en esto consiste lo Real. ¿Por qué es tres lo Real?. Pregunta que fundo, y que justifico así: que no hay relación sexual. En otras palabras, lo preciso así: que pueda escribirse, por medio de lo cual lo que se escribe es, por ejemplo, que no existe "f", "f" tal que entre "x" e "y" que aquí significa el fundamento de tales seres hablantes, al elegirse como de la parte macho o hembra, esa función que constituiría la relación, esa función del hombre con relación a la mujer, esa función de la mujer con relación al hombre, no existe una que pueda escribirse.

$f. f(x, y)

Esta es la cosa, la cosa que produzco ante ustedes; en alguna parte — pues me repito, como todo el mundo, nadie como ustedes para advertirlo— , ya lo enuncié bajo el nombre de cosa freudiana; está allí en largo y en ancho, y seguramente pasó totalmente desapercibido, por una sencilla razón: la de que nos quedamos en ese imaginario. En ese imaginario que es justamente lo que pone en cuestión la menor experiencia del discurso analítico, pues no hay nada más impreciso que la pertenencia a uno de estos dos lados: el que designo como x, y el otro, y, justamente por esto: que al mismo tiempo es preciso que yo marque que no hay ninguna función que los vincule.

Entonces, se trata de saber cómo, igualmente, eso funciona, a saber: que, igualmente, eso coja allí adentro (1).

Al enunciar esto, al menos es preciso que yo me despegue de algo que es una.. una suposición: la de que haya un sujeto, macho o hembra. Suposición que la experiencia torna evidentemente insostenible, y que implica que lo que sostengo como enunciado, por medio de mi enunciación, por la enunciación de la que no soy sujeto sino en tanto que en el discurso analítico yo trabajo, yo mismo, es preciso que no ponga sujeto bajo esa x ni bajo esa y. Es preciso pues que mi enunciado no implique su jeta. Si algo se encuentra allí escrito, es que de sujeto sólo es cuestión en la función, y justamente que lo que yo escribo es que bajo esa función, justamente por estar ella negada, no hay ninguna existencia. El "no existe", quiere decir: no hay función. Se trata pues de demostrar que esa función, si no tiene existencia, no es sólo asunto contingente, es asunto de imposible.

Es asunto de imposible, y para demostrarlo, no es un asunto pequeño. No lo es simplemente por esto: que simplemente por escribirla, simplemente por enunciarla, incluso solamente en la escritura, la cosa no se sostiene sino hasta prueba de lo contrario, a saber: hasta el momento en que algo contingente ataque de falsedad ese decir, y por buena suerte (bon heu) —si puedo decir— buena suerte (bon heur) (2), las dos palabras separadas, se escriben f x coma e y, hay una función que anuda la x y la y, y que eso ha dejado de no escribirse.

Para que eso dejara de no escribirse sería preciso que eso fuera posible, y hasta cierto punto sigue siéndolo, ya que lo que anticipo es que eso ha dejado de escribirse. ¿Por qué no recomenzaría?. No sólo es posible escribir f x de y, sino que además está claro que no nos hemos privado de ello. Para demostrar, pues, lo imposible, es preciso buscar fundamento en otra parte. En otra parte que en esas escrituras precarias, ya que después de todo ellas han cesado, y a partir del momento en que ellas han cesado podría creerse que eso puede recomenzar. Tal es la relación entre lo posible y lo contingente.

Al tomar, apoyo en el nudo para que algo de lo imposible se demuestre, ¿qué es lo que hago?. Tomo apoyo — quizás la cuestión merezca ser suscitada— en una topología.

Pues en cuanto al orden, y bien, puede decirse que éste es, en efecto, lo que hasta ahora no ha faltado, a saber, que es poniendo orden como se soporta todo lo que ha podido expresarse acerca de la relación llamada sexual. Es verdad que en ese orden uno se embarullaba un poquito, y por cierto que no es el mismo, no es el mismo orden, en todo caso, que instaura lo que el discurso analítico expresa, o parece expresar, en lo referente a la relación sexual. En el orden 1, 2, 3, y bien, hay uno que viene primero, y no por azar — por otra parte, no se sabe cuál viene primero— , no es un azar que sea el 1, ya que el segundo lo secunda, como se dice, y que el tercero resulta de su adición, simplemente .

Esto constituye una serie que puede calificarse de natural. Lo que da que pensar. Lo que da que pensar tanto más cuanto que la vez pasada les hice la observación de que escribiéndolo a continuación, el privilegio de estos tres primeros es que basta tomarlos al revés para que todos los órdenes sean posibles. En efecto, basta que haya 1, 2, 3, ó 1, 3, 2, — a esto le llamo tomarlos al revés— , para que las otras seis maneras de componer el 1, 2, 3, sean posibles.

La idea de sucesor, y de que sucesor sólo haya uno, en la serie natural de los números, es una idea que sólo surgió después, lo cual es bastante curioso porque bien parecía que ésta era la cosa más tangible, la más real que pudiera existir en lo relativo a la serie natural. ¿Por qué no habría sucesores, una multitud?. Esto no cae de su peso. Tenemos un montón de ejemplos, el del árbol especialmente, el árbol que encontramos por doquier, hacia nuestra descendencia como hacia nuestra ascendencia; ¿por qué la idea de sucesor sería inherente a una serie privilegiada de sucesores que se fundan en esto: que sólo hay uno de ellos?.

Que en determinado caso haya tres, en determinado caso privilegiado, tiene ciertamente relación con que haya uno. "Hay uno" ("Yad'lun"), así me he expresado. Pero es enteramente imaginable que el tres no sea tomado en el orden. Esto no es nuevo: el famoso triángulo del que sacaron partido los griegos — el partido que ustedes saben— , descansa en eso, y con él, toda la geometría que extrajeron de allí y por la cual durante mucho tiempo la idea clara fue primera con respecto a lo distinto. La idea clara y distinta, se dice. Por medio de la cual es aún more geométrico que se ha demostrado durante siglos, y que ello fue un ideal que todavía sigue siéndolo. El vínculo de la medida con el fenómeno de la sombra (subrayo fenómeno), es decir con lo Imaginario en tanto que éste supone la luz, ha instaurado ese orden que llaman "armónico", ha instaurado, fundado, todo lo que tiene que ver con la proporción, con una proporción que era el único fundamento de la medida e instauró un orden, orden éste que sirvió para construir una física.

De allí partió la idea de la suposición. Porque al fundar las cosas sobre ese Imaginario era preciso que detrás hubiera otra cosa: una sub—stancia, es la misma cosa, es la misma palabra que suposición, sujeto y todo lo que de ello se sigue. Todo este asunto era, si puedo decir, demasiado fenoménico. Cuando yo atestiguo, cuando yo digo que el nudo es lo que me cogita, y que mi discurso — por cuanto es el discurso analítico— , que mi discurso da testimonio de él, sucede que, porque ha dado algunos pasos más que ustedes, ese nudo es borromiano, pero podría ser diferente. Aunque lo fuera, mi pregunta acerca de la relación que eso tiene con lo que distingue a la topología del espacio fundado por los griegos, del espacio en tanto que ha dado una primera materia a despegar de la suposición, es: ¿qué supone la topología?.

La topología no supone, en lo que tiene que ver con el espacio, sino una consistencia. Ustedes lo saben o no, en todo caso no puedo darles un curso de topología; pero nada excluye que se remitan al texto matemático donde se ha elaborado dicha noción, a partir del abandono de la medida como tal, a saber, que cualquiera que sea la relatividad de esa medida, ya que ella sólo se produce por homotecia, para saber la hora y la altura del sol no tenemos nada más que la relación de la sombra con la estaca que la proyecta: es sobre un triángulo que todo reposa en lo relativo a la medida. La topología elabora un espacio que sólo parte de lo siguiente: de la definición de vecindad, de proximidad; esto tiene el mismo sentido, es una definición de lo cercano que parte de... de un axioma, el de que todo lo que forma parte de un espacio topológico, si debe ser puesto en una vecindad, implica que algo diferente esté en la misma vecindad. La noción pura de vecindad implica pues, ya, triplicidad, y no se funda en nada que una a cada uno de los elementos triples salvo el pertenecer a la misma vecindad. Es un espacio que sólo se soporta en la continuidad que de él se deduce, porque no hay, en lo topológico, otras relaciones llamadas continuas que no estén fundadas en la vecindad, las que al mismo tiempo implican lo que llamaré —y esto no se encuentra enunciado, formulado como tal en la topología— , lo que llamaré: la maleabilidad. Los matemáticos la llaman deformación continua.

Ven ustedes que la referencia a lo continuo se encuentra en tal denominación, y adjunto, unido, a la palabra deformación, lo cual, para ser más correctos, se enuncia: transformación continua.

También se trata aquí de imagenes, pero hay que decirlo; ellas no se captan tan bien. El hecho de que yo hable de captar, Begriff, Begrifflich, implica una referencia a lo que se capta bien, es decir, lo sólido. Lo flexible se capta menos bien al tomarlo con la mano. La idea que funda la topología, matemáticamente definida, es abordar lo que tiene que ver con lo que ella soporta; es la topología la que, aquí, soporta, pues no se le supone un sujeta; la idea es abordar lo que la topología soporta sin imagen, es decir, no suponer a esas letras, tales que ellas fundan la topología, no suponerles sino lo Real. Lo Real en tanto que no agrega... — ¿advierten ustedes que este término es excesivo, ya que evoca la adición?— que no agrega, por lo que sabemos distinguir como Imaginario, esa flexibilidad ligada al cuerpo, o bien, como Simbólico, el hecho de denominar la vecindad, la continuidad; que no agrega sino algo, lo Real, y no porque éste sea tercero sino por esto: que todos ellos hacen tres. Y que es TODO LO QUE ELLOS TIENEN DE REAL nada más. Quiero decir: cada hijo de vecino (tout un chacun). Es todo lo que ellos tienen de Real. Esto parece poco, pero no es poca cosa.

No es poca cosa puesto que — se lo ha sentido tanto desde siempre— es justamente sobre eso que lo Real estaba supuesto. Se trata de desalojarlo de esa posición de su posición que al fin de cuentas lo subordina a lo que se imagina o a lo que se simboliza. Todo lo que ellos tienen de Real es que eso hace tres. Aquí, tres no es una suposición, y ello gracias al hecho de que por obra de la teoría de los conjuntos hemos elaborado el número cardinal como tal. Es preciso ver, es preciso que ustedes soporten lo siguiente: que no se trata de un modelo, lo que sería del orden de lo Imaginario. No es un modelo porque, con relación a ese tres, ustedes son no su sujeto, el que imagina o el que simbolizo; con relación a ese tres ustedes están arrinconados: en tanto sujetos, ustedes no son más que los pacientes de esa triplicidad.

Y son los pacientes, en primer lugar, porque está ya en la lengua. No hay lengua donde el tres no se enuncie. Está en la lengua, y también en el funcionamiento que se llama el lenguaje. Es decir, la estructura lógica tal que — muy ingenuamente, en fin— , el primero que comenzó allí, el primero en nuestro conocimiento, desde luego, Aristóteles, aquél de quien justamente tenemos escritos, fue bien preciso que él manejara la cosa con letras minúsculas, y eso no puede manejarse sin que haya tres de ellas. Fuera de esto, por cierto que allí quedaba algo de la suposición de lo Real, y él no creyó poder soportar este Real de otra cosa que de lo particular, lo particular del que Aristóteles se imagina que es el individuo cuando justamente, al situarlo en la lógica como particular, él muestra que el individuo no constituía más que una noción enteramente imaginaria; lo particular es una función lógica, y el hecho de que él le haya dado por soporte el cuerpo individual es precisamente el signo de que le era precisa una suposición. Un decir que no supone nada sino que triple, es lo Real — he dicho triple, es decir tres, no tercero— en eso consiste el decir que me veo forzado a sostener por la cuestión de la no relación, de la no relación en cuanto alude específicamente a lo que tiene que ver con la subjetivación de lo sexual. Mi decir consiste en ese Real, en ese Real que es aquello por lo cual el tres insiste, e insiste al punto de estar marcado en la lengua.

No se trata aquí de un pensamiento, ya que en su carácter de pensamiento él es, si puedo decirlo, aún virgen; y además el pensamiento, con respecto a lo que se soporta en esta avanzada del tres, (del tres como nudo y como ninguna otra cosa), el pensamiento no es sino lo que he llamado hace poco "lo que se cogita", es decir, un sueño negro, aquél en el cual, comúnmente, ustedes habitan. Porque si en algo nos inicia la experiencia analítica es en la circunstancia de que lo más cercano a lo vivido, a lo vivido como tal, es la pesadilla. Nada hay más tachante [barran] del pensamiento, incluso del pensamiento que se quiere claro y distinto: aprendan ustedes a leer a Descartes como una pesadilla, esto los hará progresar no poco. ¿Cómo, inclusive, pueden no advertir que ese tipo que se dice: "pienso, luego soy", es un mal sueño? .

En cuanto al acontecimiento, éste no se produce más que en el orden de lo Simbólico. No hay acontecimiento sino de decir. Pienso que en el siglo en que ustedes viven deben percatarse de eso al menos todos los días. Esta lluvia de informaciones, si cabe la expresión, en medio de las cuales puede uno asombrarse de que todavía ustedes subsistan, de que conserven vuestro sentido común, a saber, que no se crean — demasiado— lo que el diario les anuncia todas las mañanas, a Dios gracias, esa lluvia de informaciones pasa sobre ustedes, como se dice, como agua sobre las plumas de un pato... (3) De lo contrario, ¿adónde irían ustedes?. De igual modo es preciso que haya algo falaz, el malentendido de mi decir — o sea, el mismo que aquí les pronuncio, por cuanto yo mismo soy víctima de él— para el cual es preciso que cierto decir, el decir sobre el dicho, haya contribuido, para que puedan ustedes creer que lo que hace sostenerse vuestro cuerpo es una circulación de informaciones salidas de no sé qué lugares, en primer término del ADN, como se nos dice, o del DN; que de eso ustedes se soportan, que todo no sea, en suma, sino... una información de la que felizmente se nos adiverte que no consiste sino en violar uno de los fundamentos mismos de lo que, por otra parte, se edifica como energético; ¿acaso todo esto no es también del orden de la cogitación?. En otras palabras, ¿acaso estamos obligados a tenerlo en cuenta cuando aquello que enfrentamos en lo político es un tipo de informaciones cuyo sentido no tiene otro alcance que el imperativo, a saber, el significante Uno?. Es para mandar sobre nosotros, dicho de otro modo para que la punta de la nariz la siga, que toda información, en nuestra época, es vertida como tal.

Por lo tanto, en lo que les enuncio acerca de cierto decir lo importante no es otra cosa que las consecuencias que puede tener. Aún es preciso, para que tenga sus consecuencias, que yo me tome el trabajo. Ese decir ni es verdadero — aquí lo profiero, para el caso más que probable de que ustedes no lo hubieran advertido— no es verdadero sino en tanto que pone límite al alcance de lo que nos interesa en primerísimo lugar, a nosotros, en el discurso analítico, de lo que pone límite al alcance de la verdad.

En otro tiempo había algo así como un... un muchacho de oficina, que lanzaba gritos tras cada uno de mis seminarios, gritos que se resumían en: "¿por qué no dice lo verdadero sobre lo verdadero? ". Este personaje es bien conocido, hasta se le encargó un Vocabulario... Yo no tengo que decir lo verdadero sobre lo verdadero, por la razón de que de él no puedo decir más que esto: que lo verdadero es lo que contradice lo falso. Pero, por el contrario, puedo decir, —aunque además era preciso que pusiera tiempo en ello, pues hay un tiempo para todo— puedo decir la verdad sobre la verdad.

La verdad es que no se la puede decir, ya que ella sólo puede decirse a medias. La verdad no se funda, acabo de decirlo, sino en la suposición de lo falso: ella es contradicción. No se funda más que en el no. Su enunciado es sólo la denuncia de la no verdad. Ella se dice nada más que por la mitad. Digámoslo, ella es mi—médica: ella es Imaginario. Y efectivamente por eso nos vemos forzados a pasar por allí, en mi opinión. Ella es Imaginario en tanto que lo Imaginario es lo falso segundo, con relación a lo Real; en tanto que el macho, en el ser hablante, no es la hembra, y que no tiene otro sesgo por donde presentarse. Sólo que no son esos... sesgos que puedan satisfacernos. Ello es así al punto de que se puede decir que el inconsciente se define por esto. Y NADA MAS que por esto: que él sabe de ello más que esa verdad, y que el hombre no es la mujer.

¡Ni Aristóteles se atrevió a aguantárselo!. Y en primer lugar ¿cómo habría hecho? . Decir "ningún hombre es mujer" hubiera sido terriblemente bravo, sobre todo en su época. Si hubiera dicho "todo hombre no es mujer"..., y bien, ven ustedes el sentido que toma: el de una excepción; hay algunos que no lo son. Es en tanto que todo, que él no es mujer. "A/", aquí, la A del cuantor, A de x, x, un punto, e y, tachado (barré)... Lo molesto es que no es verdadero en absoluto, y que salta a la vista que no es verdadero Y que lo único, lo único que podría escribirse, es que no existe x del que pueda decirse que no sea verdadero que ser hombre no es ser mujer.

$x            x.y

Por cierto que todo esto supone que el Uno es triple. A saber, que hay el Uno del que se hace el todo, a saber, lo que se unifica como tal; hay el Uno que quiere decir el uno cualquiera, a saber, lo que les diré enseguida, y después hay el Uno único, que, solo, funda el todo.

Negar el Uno único, tal es el sentido de la barra sobre el cuantor de la existencia. En cuanto al Uno cualquiera, es preciso considerarlo como un vacío puro. Que el saber inconsciente sea topológico, es decir, que sólo se sostenga de la proximidad, de la vecindad, no del orden: en esto intento decir, fundar, que él es nodal. De esto debe traducirse que se escribe o no se escribe. Se escribe cuando yo lo escribo, cuando hago el u do borromiano; en ese instante, si tratan de ver cómo se sostiene, y, por ejemplo, rompen uno, verán que los otros dos se sueltan. El no se escribe más. Y allí vemos asomar la convergencia de lo nodal y lo modal.

En consecuencia, ese saber inconsciente no se soporta del hecho de que insiste, sino por las huellas que esa insistencia deja. No de la verdad, sino de su repetición en tanto ella se modula como verdad. Aquí debo introducir lo que funda la vecindad como tal. La vecindad como tal se funda en la noción de "abierto". Y, de inmediato, la topología muestra su carta. Es en conjuntos, en tanto que abiertos, que ella se funda. Y en esto ella aborda, por el buen sesgo, lo siguiente: que la clase no se cierra. Es decir que ella acepta la paradoja, que sólo es paradoja de una lógica predicativa, a saber: que si la lógica renunciara sencillamente a serlo, es decir, que si pura y simplemente se eliminara la lógica proposicional, no habría problema pues el problema, si lo hay, problema designado como paradoja, es solamente éste: que la clase Hombre, no es un hombre. Todas las paradojas se reducen a esto.

¿Qué queremos decir sino que, en rigor, lo que podamos designar como Hombre es un conjunto abierto, lo cual salta a la vista? .

Entonces, veamos bien esto: la verdad tiene un limite por un lado, y por eso ella es medio—decir(mi—dire) Pero por el otro carece de limite, es abierta. Y por eso puede habitarla el Saber Inconsciente, porque el Saber Inconsciente es un conjunto abierto.

Como pueden ver, exhibo esto: que el amor me inquieta. También a ustedes, por cierto, ¡pero no como a mi!. Incluso por eso — hago un paréntesis— vuestro número me molesta: desde hace algún tiempo ya no puedo identificar a ustedes con una mujer. Y me fastidio.

Yo diría, pues, que el amor — ustedes me perdonarán que el me inquiete— el amor es la verdad, pero sólo en tanto que a partir de ella, a partir de un corte, comienza otro saber distinto del saber proposicional, el Saber Inconsciente. Es la verdad en tanto que no puede ser dicha del sujeto en tanto que lo que es supuesto podría ser conocido por el compañero sexual. El amor es dos medio—decires mi—aires que no se recubren. Y esto constituye su carácter fatal. Es la división irremediable. Quiero decir que no se la puede remediar, lo que implica que el "mediar (mèdier) (4) sería ya posible. Y justamente, no sólo es irremediable sino que además carece de mediación alguna Es la conexidad entre dos saberes en tanto que ellos son irremediablemente distintos. Cuando eso se produce, constituye algo... totalmente privilegiado. Cuando se recubren — los dos Saberes Inconscientes— esto constituye una sucia mezcolanza.

Y aquí quiero anticipar, acerca de esta perorata [laius]  (5) —nombre que le conviene——quiero anticipar algo..., en fin, decisivo: el saber masculino, en el ser hablante, es, irremediablemente, un andar [erre—]; es corte que da comienzo a un cierre, precisamente el de la partida; no es su privilegio pero parte para cerrarse; y es por no llegar a ello que acaba por clausurarse sin advertirlo. Ese saber masculino, en el ser hablante, es el redondel de hilo. Gira en redondo. En él hay Uno al comienzo, como rasgo que se repite además sin contarse, y de girar en redondo se clausura, sin saber siquiera que de esos redondeles hay tres. ¿Cómo es esto posible, cómo podemos suponer que llegue a ello, a conocer una punta de esa distinción elemental?. Felizmente, por lo siguiente: hay una mujer. Ya les dije que la mujer — naturalmente resulta de lo que ya escribí en el pizarrón— la mujer no existe ... Pero una mujer..., eso puede producirse,` cuando hay nudo, o más bien trenza.

Cosa curiosa, en cuanto a la trenza, sólo se produce por imitar al ser hablante macho, porque ella puede imaginarlo, ella lo ve estrangulado por esas tres categorías que lo asfixian. Nadie como él para no saberlo, hasta aquí. Ella lo ve imaginariamente, pero es una imaginación de su unidad, o sea de aquello con lo cual el hombre mismo se identifica. No de su unidad como saber inconsciente, porque el Saber Inconsciente sigue estando más bien abierto. Entonces, con esa unidad ella redondea una trenza. Para hacer un nudo borromiano, les dije, hay que hacer seis gestos, y seis gestos gracias a los cuales resultan en el mismo orden; salvo que, precisamente, nada permite reconocerlos. Es por esto que hay que hacer seis, o sea, agotar el orden de las permutaciones dos a dos, y saber de antemano que no hay que hacer más, pues de lo contrario nos equivocaremos. Precisamente por esto, una mujer de ninguna manera está forzosamente erigida, de suerte que de ninguna manera es forzosamente con el mismo elemento que ella hace el redondel. Incluso por ello sigue siendo una mujer entre otras, pues queda definida por la trenza de la que es capaz; y bien, no he pensado en absoluto que ella sepa que no sea sino al cabo de seis, que eso aguante para constituir un nudo borromiano. Tampoco es seguro, en absoluto, que ella Sepa que el tres tiene relación con lo Real; puede faltarle la distinción, de suerte que así se produce un nudo, si puedo decir, aún más anudado, de una unidad todavía más una. En el mejor de los casos, es posible que eso... no constituya más que una cuerda, de redondel de hilo al fin de cuentas. Basta que ustedes imaginen que el 1, 2, 3 se empalma al 2, 3, 1. Esto hará un nudo todavía mucho más bello, si puedo expresarme así. Quiero decir que todo se continúa en todo, y al fin y al cabo; esto no resulta menos un nudo, porque si ustedes han hecho una trenza eso da forzosamente algo, algo que anuda, forzosamente, al menos dos, y si dos de las hebras se unen, y bien, eso hará algo que se anudará o no se anudará a la tercera; la cuestión no está aquí.

El fracaso, si puedo decir, en este asunto, es decir, aquello por lo cual LA mujer no existe, precisamente hace que ella llegue a lograr la unión sexual. Sólo que esta unión es la unión de 1 con 2, o de cada cual con cada cual, de cada una de las tres hebras. La unión sexual, si puedo decir, es interna a su hilado. Y aquí juega ella su papel, para mostrar bien qué es un nudo, por lo cual el hombre, por su parte, logra ser tres. Es decir que lo Imaginario, lo Simbólico y lo Real no se distinguen sino por ser tres, dicho crudamente. Es decir que... sin que su sujeto se reencuentre allí, es a partir de esa triplicidad — de la que una mujer, a veces, hace su logro al fallar en él, es decir, que la satisface como realizando "en sí misma" la unión sexual— , es a partir de esa triplicidad que el hombre comienza a tomar, con un poquito de sentido común, la idea de que un nudo sirve para algo.

Les había dicho que la histérica hace al hombre. Pero es formado por la histérica el hecho de que el hombre parta de la idea — la idea primera, la buena, aquella que le deja una pequeña posibilidad— de que él no sabe nada. Lo cual es su caso, el de ella, ya que ella hace al hombre. Ella no sabe que la unión sexual no existe más que en ella y por azar. Ella no sabe nada, pero el hombre se encuentra, de rebote, adviniendo ese nudo. Y eso dá en él un resultado segundo que en suma es toda diferencia: al negarse a su saber abierto, al mismo tiempo lo cierra. El hombre constituye el correcto nudo borromiano. Accede al Unico Real, que es el "3", y sabe, sabe que habla para no decir nada sino para obtener efectos; imagina, con todas sus fuerzas, que esos efectos son efectivos aunque giren en redondo, y que supone lo Real, como conviene, ya que suponerlo no compromete a nada, a nada más que a conservar su salud mental. Es decir, ser de acuerdo a la norma del hombre, a la que consiste en que él sabe que hay imposible y que, como decía esa encantadora mujer que ya les he citado: "nada para el hombre es imposible, lo que no puede hacer, lo deja"... Es lo que llaman salud mental. Especialmente, por no escribir jamás la relación sexual en él mismo sino en la falta de su deseo, el cual no es otra cosa que su ajuste en el nudo borromiano. Por ello lo expresé por primera vez, hace un tiempo, pero hay personas que recién ahora se percataron, pude comprobarlo. Desde luego, se trata de alguien que sólo posea algunas notas, en fin, para informarse: "te pido rehuses lo que te ofrezco, porque eso no es eso" ("je te demande de refuser ce que je t'offre, paree que ça n'est pas c`a".]. No eso que yo deseo que aceptes, ni llegar a lo que fuere de esa especie, porque no me hallo sino ante ese nudo mismo.


Referencias

(1) Ca baise la-dedans. Baiser, en argot: fornicar. 

(2) Juego de homofonía y sentido entre bon, "bueno'', heur, "suerte", y bonheur, "dicha, felicidad".

(3) Canard: pato. En argot, "falsa noticia", "periodicucho".

(4) "Mediar", palabra existente en castellano, resulta adecuada para traducir la que pronuncia Lacan, médier, que, por el contrario, es un neologismo en francés.

(5) El doble sentido de laius, "perorata" y "Layo", es intraducible.


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