Seminario XXV de Jacques Lacan: El momento de concluir

Introducción al Seminario XXV: El momento de concluir

El Seminario XXV de Jacques Lacan, "El momento de concluir", marca una instancia decisiva en la enseñanza tardía del psicoanalista francés. No se trata simplemente de un cierre cronológico de sus seminarios, sino de una interrogación radical sobre qué significa concluir en psicoanálisis: concluir un análisis, concluir una teoría, concluir una vida de trabajo marcada por la revisión constante de sus propios conceptos.

En esta etapa, Lacan retoma y reordena nociones fundamentales como el significante, el goce, el objeto a y los nudos borromeos, desplazando el acento desde la primacía del significante hacia una lógica más estructural, topológica y ligada al real. "El momento de concluir" es, por tanto, una tentativa de nombrar aquello que, en última instancia, no termina de escribirse en la experiencia analítica.

¿Qué significa "concluir" en psicoanálisis según Lacan?

En el uso corriente, concluir suele asociarse con cerrar, terminar, poner punto final. Para Lacan, sin embargo, el término se vuelve problemático cuando se lo aplica al proceso analítico. El inconsciente no concluye: se reconfigura, se reinscribe, se desplaza. Lo que puede concluirse no es el inconsciente, sino una cierta posición del sujeto frente a su síntoma, a su deseo y a su goce.

En este seminario, concluir implica:

  • Extraer un saber hacer con el propio síntoma, en lugar de pretender su erradicación total.
  • Reubicar el deseo más allá de las fantasías que lo encubren, asumiendo su carácter de falta estructural.
  • Modificar la relación con el goce, de manera que deje de ser una pura repetición mortificante para devenir algo tratable, bordeable.

Concluir, entonces, no es clausurar, sino alcanzar una forma singular de arreglo con lo que no cierra del todo: el real.

El lugar del analista en el momento de concluir

El Seminario XXV introduce una reflexión insistente sobre el lugar del analista cuando un análisis se aproxima a su final. Si al inicio el analista encarna, para el analizante, una suposición de saber, al concluir debe sostener el vacío de ese lugar para permitir que el sujeto se apropie de su propio acto.

Lacan subraya varios ejes:

  • El analista como semblante: no es un sujeto que “sabe todo”, sino el soporte de un vacío que hace hablar al inconsciente.
  • La caída del Sujeto Supuesto Saber: el final de análisis se articula con el derrumbe de la creencia en un Otro que tendría la clave última del sentido.
  • El acto analítico: en el momento de concluir, se pone en juego no tanto una interpretación puntual como un acto que permite al analizante asumir su decir.

De este modo, el fin de análisis se diferencia de un alta médica o de un cierre administrativo: se trata de un acto subjetivo que reordena la posición del hablante respecto de su propio inconsciente.

Concluir un análisis: del sentido al real

En la enseñanza de Lacan, especialmente en sus seminarios finales, se acentúa la idea de que el análisis no culmina en un sentido último, sino en un encuentro con el real, aquello que no se deja decir del todo. El Seminario XXV profundiza esta perspectiva: el momento de concluir es, en gran medida, el momento de dejar de pedir más sentido.

Esto supone un desplazamiento:

  • Del desciframiento infinito del inconsciente a la localización de un límite estructural de lo que puede decirse.
  • De la búsqueda de una verdad plena a la asunción de que toda verdad está atravesada por la no-toda, por un resto imposible de absorber.
  • De la ilusión de curación total a la posibilidad de hacer algo nuevo con lo incurable.

En esta clave, concluir no equivale a la desaparición del síntoma, sino a la transformación de su función en la economía subjetiva: del padecimiento opaco a un síntoma asumido, a veces incluso reinventado.

El momento de concluir y la cuestión del tiempo

Lacan siempre se interesó por el tiempo lógico más que por el tiempo cronológico. En el Seminario XXV, esta preocupación se radicaliza: el momento de concluir no puede fijarse de antemano mediante un calendario estricto ni un número de sesiones predeterminado.

Se trata de un tiempo singular que puede pensarse en tres movimientos:

  1. Tiempo de comprender: el período en que el sujeto organiza sus asociaciones, reconoce repeticiones, arma hipótesis sobre sí mismo.
  2. Momento de concluir: una suerte de precipitación lógica, donde algo se decide, no por acumulación de pruebas, sino por un corte en la serie de repeticiones.
  3. Instante de ver: la retrolectura posterior, en la que el analizante reinterpreta el conjunto de su recorrido a la luz de esa decisión.

Este tiempo lógico hace imposible reducir el final de análisis a protocolos estandarizados. Cada análisis inventa su propia manera de concluir, aunque se apoye en referencias comunes a la orientación lacaniana.

Los nudos borromeos y la consistencia del final de análisis

En sus últimos seminarios, Lacan se sirve de la topología de los nudos borromeos para pensar la articulación entre real, simbólico e imaginario. En "El momento de concluir", esta perspectiva permite concebir el final de análisis no como una armonía perfecta de los registros, sino como un nuevo modo de anudamiento.

Algunas implicaciones de este enfoque son:

  • El análisis no suprime el desanudamiento posible, pero ofrece herramientas para re-anudar cuando los lazos se aflojan.
  • El síntoma puede ser pensado como un cuarto nudo que da consistencia al conjunto, antes vivido como pura molestia.
  • Concluir un análisis implica reconocer cómo cada sujeto anuda sus registros, sin imponerle un modelo ideal de normalidad.

El recurso topológico, lejos de ser un adorno teórico, acompaña la tentativa lacaniana de dar forma a algo que se resiste a la representación lineal: la lógica del fin de análisis.

Deseo del analista y testimonio del pase

El Seminario XXV dialoga de manera implícita con el dispositivo del pase, mediante el cual Lacan proponía recoger testimonios de quienes consideraban haber concluido su análisis. Allí se pone en juego la cuestión crucial del deseo del analista, que no es un deseo personal, sino la función que sostiene la experiencia hasta su desenlace.

Concluir un análisis, desde esta perspectiva, se vincula con:

  • La posibilidad de que el analizante dé testimonio de su recorrido, no en términos de éxito o fracaso, sino de transformación de su posición subjetiva.
  • La emergencia de un deseo diferente, ya no atrapado en la demanda al Otro, sino más cercano a un estilo propio de vivir.
  • La caída de ciertas identificaciones alienantes, que hacía del analizante un objeto del deseo del Otro.

Así, el final no es sólo un punto de llegada, sino también la apertura de una posibilidad ética: asumir la responsabilidad del propio deseo sin ampararse en un garante externo.

El momento de concluir y la clínica contemporánea

La clínica actual presenta desafíos que Lacan sólo pudo entrever, pero su Seminario XXV ofrece herramientas vigentes para pensar cómo se concluyen hoy los tratamientos psicoanalíticos, en un contexto de urgencias, medicalización masiva y demandas de soluciones rápidas.

Algunas claves que se desprenden de esta enseñanza son:

  • Resistir a la tentación de reducir el fin de análisis a criterios cuantitativos (síntomas desaparecidos, escalas estandarizadas).
  • Sostener un trabajo que apunte a la singularidad de cada sujeto, incluso cuando los dispositivos institucionales presionan hacia la homogeneización.
  • Reafirmar la diferencia entre alivio sintomático y transformación subjetiva, sin oponerlos de manera rígida.

En este sentido, "El momento de concluir" puede leerse como una invitación a cuestionar los modelos de alta terapéutica que no consideran la dimensión ética y lógica del final de un proceso analítico.

La ética del no-todo: por qué ningún final es absoluto

Un eje fundamental de la obra de Lacan es la idea de que el saber, el goce y la verdad son no-todo: nunca alcanzan una totalidad cerrada. El Seminario XXV asume esta lógica y la lleva al terreno del final de análisis. Ningún análisis, por bien llevado que esté, puede pretender agotar el inconsciente ni ofrecer una solución definitiva a la división del sujeto.

Desde esta ética del no-todo, concluir implica:

  • Aceptar que siempre quedará un resto inaprehensible, un punto de opacidad que no se deja traducir plenamente.
  • Renunciar a la fantasía de una reconciliación total consigo mismo o con el Otro.
  • Asumir la propia existencia como trabajo en curso, donde el análisis fue un momento decisivo, pero no el último.

Esta perspectiva preserva el psicoanálisis de convertirse en una técnica de adaptación y lo mantiene fiel a su vocación de interrogar lo imposible que habita en cada uno.

Conclusión: el legado de "El momento de concluir"

El Seminario XXV de Lacan no sólo clausura una serie de seminarios; introduce una manera más rigurosa y sobria de pensar el final del análisis. Lejos de los triunfalismos, propone un horizonte donde concluir se parece más a encontrar una forma soportable de vivir con lo que no tiene solución que a una promesa de curación absoluta.

Su actualidad radica en que ofrece una brújula para orientarse en tiempos donde se exige inmediatez, garantías y resultados medibles. Frente a ello, Lacan recuerda que el trabajo analítico apunta a algo menos visible pero más decisivo: una reconfiguración de la posición del sujeto ante su deseo, su goce y su lazo con los otros. "El momento de concluir" es, en definitiva, una apuesta por la dignidad de esa transformación silenciosa.

Resulta interesante notar cómo las reflexiones de Lacan sobre "El momento de concluir" pueden dialogar, de manera indirecta, con experiencias cotidianas como la elección de un hotel al viajar. Un proceso analítico, al igual que una estancia en un alojamiento, es un trayecto acotado en el tiempo: se ingresa con ciertas expectativas, se transita un espacio singular y, en algún punto, es necesario decidir la partida. Sin embargo, así como no hay un hotel ideal para todos los viajeros, tampoco existe un modelo único de final de análisis que se ajuste a cada sujeto. Importa menos la cantidad de noches o la categoría del establecimiento que la huella que deja esa estancia en la forma de habitar el mundo. De modo análogo, Lacan invita a pensar que la conclusión de un análisis no se mide por su duración ni por un estándar externo, sino por la manera en que cada persona, al "hacer las maletas" psíquicas, puede salir con un modo más propio de alojarse en su deseo y en su vida cotidiana.