La
distorsión del yo en hermanos de self verdadero y falso
(1960)Un fenómeno reciente del
psicoanálisis es el uso creciente del concepto de
"self falso". Este concepto lleva implícita la
idea de un "self verdadero".
Historia
Este concepto no es nuevo en sí mismo. Aparece en
diversas formas en la psiquiatría descriptiva, y sobre
todo en ciertas religiones y algunos sistemas
filosóficos. Evidentemente existe un estado clínico
real que merece estudiarse. Y este concepto le plantea al
psicoanálisis un desafío etiológico. El psicoanálisis
se interesa en los interrogantes siguientes:
(1) ¿Cómo surge el self falso?
(2) ¿Cuál es su función?
(3) ¿Por qué en algunos casos el self falso es
exagerado o enfatizado?
(4) ¿Por qué algunas personas no desarrollan un sistema
de self falso?
(5) ¿Cuáles son los equivalentes del self falso en las
personas normales?
(6) ¿Qué podría llamarse "self verdadero"?
A mi juicio la idea de self falso, que proviene de
nuestros pacientes, puede discernirse en las primeras
formulaciones de Freud. En particular, vinculo lo que yo
divido en un self verdadero y falso con la división
freudiana del self en una parte central y dotada de
energía por los instintos (o por lo que Freud denominó
sexualidad pregenital y genital), y una parte vuelta
hacia afuera y relacionada con el mundo.
Contribución personal
Mi propio aporte a este tema deriva de mi trabajo
simultáneo
(a) como pediatra con madres e infantes, y
(b) como un psicoanalista cuya práctica incluye una
pequeña cantidad de casos fronterizos tratados con
análisis, pero que necesitan experimentar en la
transferencia una fase (o fases) de regresión importante
a la dependencia.
Mi experiencia me ha llevado a reconocer que los
pacientes dependientes o en regresión profunda pueden
enseñarle al analista sobre la infancia temprana más
que lo que se aprende de la observación directa de
infantes, y más de lo que se aprende en el contacto con
madres relacionadas con infantes. Al mismo tiempo, el
contacto clínico con las experiencias normales y
anormales de la relación infante-madre influye en la
teoría analítica del profesional, puesto que lo que
sucede en la transferencia (en las fases de regresión de
algunos de sus pacientes) es una forma de relación
infante-madre.
Me gusta comparar mi posición con la de Greenacre, quien
también se mantuvo en contacto con la pediatría
mientras proseguía con su práctica del psicoanálisis.
También en el caso de esta autora parece claro que cada
una de las dos experiencias influyó en su evaluación de
la otra.
La experiencia clínica en el campo de la psiquiatría
del adulto puede tener en un psicoanalista el efecto de
introducir una brecha entre su evaluación del estado
clínico y su comprensión de la etiología. Esa brecha
proviene de la imposibilidad de obtener una historia
confiable de la infancia temprana, obtenida del paciente
psicótico, de la madre o de observadores menos
comprometidos. Los pacientes analíticos que hacen
regresión a una dependencia importante en la
transferencia llenan esta brecha revelando sus
expectativas y necesidades en las fases dependientes.
Las necesidades del yo y las necesidades del ello
Debe subrayarse que al referirme a la satisfacción de
las necesidades del infante no hablo de la satisfacción
de instintos. En el ámbito que estoy examinando, los
instintos aún no están claramente definidos como
internos. Pueden ser tan externos como un trueno o un
golpe. El yo del infante está acopiando fuerza, y en
consecuencia se acerca a un estado en que las exigencias
del ello serán sentidas como parte del self, y no como
ambientales. Cuando se produce este desarrollo, la
satisfacción del ello pasa a ser un muy importante
fortalecedor del yo, o del self verdadero, pero las
excitaciones del ello pueden ser traumáticas cuando el
yo todavía no puede incluirlas ni es capaz de absorber
los riesgos involucrados y las frustraciones
experimentadas mientras no se convierte en realidad la
satisfacción del ello.
Un paciente me dijo: "Un buen manejo" (cuidado
del yo) "tal como el que he experimentado durante
esta hora es una comida" (satisfacción del ello).
No podría haber afirmado lo contrario, pues si yo lo
hubiera alimentado, él habría obedecido, en beneficio
de su defensa de self falso, o bien habría reaccionado y
rechazado mis intentos, conservando su integridad con la
elección de la frustración.
También han gravitado en mí otras influencias
importantes, como por ejemplo el pedido periódico de
notas sobre algún paciente en cuidado psiquiátrico como
adulto, pero al que yo mismo tuve la oportunidad de
observar cuando era un infante o un niño pequeño. A
menudo mis notas me llevaron a ver que el estado
psiquiátrico presente ya era discernible en la relación
infante-madre. (En este contexto dejo al margen las
relaciones infante-padre, porque estoy refiriéndome a
los fenómenos tempranos, atinentes a la relación del
infante con la madre, o con el padre como otra madre. En
esta etapa muy temprana el padre aún no es significativo
como persona de sexo masculino.)
Ejemplo
El mejor ejemplo que puedo dar es el de una mujer de edad
mediana que tenía un self falso muy exitoso, pero
también la sensación de que su vida aún no había
empezado, y de que ella siempre había buscado medios
para llegar al self verdadero. Aún continúa un
análisis que ya lleva muchos años. En la primera fase
(que duró dos o tres años) de este análisis de
investigación, descubrí que estaba tratando con lo que
la paciente llamaba su "self protector". Este
"self protector"
(1) encontró el psicoanálisis;
(2) vino a obtener una muestra de la confiabilidad del
analista como una especie de elaborada puesta a prueba;
(3) trajo a la paciente al análisis;
(4) gradualmente, al cabo de tres años o más, cedió
sus funciones al analista (en el momento de la regresión
profunda, con algunas semanas de un grado muy alto de
dependencia respecto del analista);
(5) permaneció rondando, para reasumir la protección
cuando el analista fallaba (enfermedades, vacaciones del
analista, etcétera);
(6) más adelante examinaremos su destino final.
A partir de la evolución de este caso me resultó fácil
ver la naturaleza defensiva del self falso. Su función
defensiva consiste en ocultar y proteger al self
verdadero, sea éste lo que fuere. En seguida resulta
posible clasificar las organizaciones del self falso como
sigue:
(1) En un extremo, el self falso se establece como real y
es lo que los observadores tienden a pensar que es la
persona real. Pero en las relaciones de vida, de trabajo,
en las amistades, el self falso empieza a fallar. En
situaciones en las que se espera una persona total, el
self falso presenta alguna carencia esencial. En este
extremo el self verdadero está oculto.
(2) Extremo inferior: el self-falso defiende al
self-verdadero; pero el self verdadero es reconocido como
potencial y se le permite una vida secreta. Este es el
ejemplo más claro de enfermedad clínica como
organización con una finalidad positiva: la
preservación del individuo a pesar de las condiciones
ambientales anormales. Se trata de una extensión del
concepto psicoanalítico del valor del síntoma para la
persona enferma.
(3) Más hacia la salud: el self falso tiene como
interés principal la búsqueda de condiciones que le
posibilitan al self verdadero hacer valer sus méritos.
Cuando esas condiciones no pueden encontrarse, hay que
organizar una nueva defensa contra la explotación del
self verdadero y, si hay duda, el resultado clínico es
el suicidio. En este contexto, suicidio es la
destrucción del self total para evitar la aniquilación
del self verdadero. Cuando el suicidio es la única
defensa que queda contra la traición al self verdadero,
al self falso le toca organizar el suicidio. Desde luego,
éste supone su propia destrucción, pero al mismo tiempo
elimina la necesidad de su existencia continuada, puesto
que su función es proteger de afrentas al self
verdadero.
(4) Aún más hacia la salud: el self falso se basa en
identificaciones (por ejemplo, en el caso de la paciente
mencionada, cuyo ambiente infantil y cuya niñera real
dieron gran colorido a la organización del self falso).
En la salud: el self falso está representado por la
organización total de la actitud social cortés y bien
educada, un "no decir las cosas con franqueza y
sinceridad". Ha aumentado mucho la capacidad del
individuo para renunciar a la omnipotencia y al proceso
primario en general, gracias a lo cual se ha ganado un
lugar en la sociedad que nunca podría haberse obtenido o
mantenido gracias al self verdadero solamente.
Hasta ahora me he mantenido en los límites de la
descripción clínica. Incluso en este ámbito
restringido, el reconocimiento del self falso es
importante. Por ejemplo, tiene importancia que los
pacientes que son en lo esencial personalidades falsas no
sean derivados para su análisis a estudiantes de
psicoanálisis que están en formación. En estos casos
el diagnóstico de personalidad falsa es más importante
que la caracterización del paciente según las
clasificaciones psiquiátricas aceptadas. Incluso en el
trabajo de asistencia social, que obliga a aceptar y
tratar todos los tipos de casos, este diagnóstico de
personalidad falsa es importante para evitar la
frustración extrema asociada con el fracaso
terapéutico, a pesar del trabajo de asistente social
aparentemente sólido y basado en principios analíticos.
Este diagnóstico es especialmente importante en la
selección de estudiantes para la formación en
psicoanálisis o en asistencia social psiquiátrica, es
decir, en la selección de estudiantes de asistencia
individualizada de todo tipo. El self falso organizado
está asociado con una rigidez de las defensas que impide
el crecimiento durante el período de formación.
La mente y el self falso
Un peligro especial surge de la no infrecuente ligazón
del enfoque intelectual con el self falso. Cuando un self
falso se organiza en un individuo con un alto potencial
intelectual, la mente experimenta una tendencia muy
fuerte a convertirse en la sede del self falso, en cuyo
caso se desarrolla una disociación entre la actividad
intelectual y la existencia psicosomática. (Debe
suponerse que en el individuo sano la mente no es algo
que le sirve para huir de su ser psicosomático. He
desarrollado este tema con algún detenimiento en
"Mind and its Relation to the Psyche-Soma",
1949c.)
Cuando se ha producido esta anormalidad doble -es decir,
(i) el self falso organizado para ocultar al self
verdadero, y (ii) un intento del individuo tendiente a
resolver el problema personal mediante el empleo de un
intelecto afinado-resulta un cuadro clínico peculiar por
la facilidad con que engaña. Es posible que lo que el
mundo ve es un éxito académico de alto grado, y resulte
difícil creer en la angustia muy real de este individuo,
que se siente más "falso" cuanto más exitoso.
Cuando estos individuos se destruyen de uno u otro modo
en lugar de realizar lo que prometían, el hecho
invariablemente genera una conmoción en quienes
esperaban mucho de ellos.
Etiología
Estos conceptos adquieren interés para los
psicoanalistas sobre todo por el estudio del modo como el
self falso se desarrolla al principio, en la relación
infante-madre, y (lo que es más importante) del modo
como un self falso no se convierte en rasgo significativo
en el desarrollo normal.
La teoría concerniente a esta importante etapa del
desarrollo ontogenético corresponde a la observación de
la vida del infante con la madre (paciente en regresión
con el analista), y no a la teoría de los mecanismos
tempranos de defensa yoica organizados contra el impulso
del ello, aunque desde luego estos dos temas se
superponen.
Para llegar a un enunciado del proceso evolutivo
pertinente, es esencial tomar en cuenta la conducta y la
actitud de la madre, porque en este campo la dependencia
es real y casi absoluta. No es posible describir lo que
sucede refiriéndose exclusivamente al infante.
Al buscar la etiología del self falso, estamos
examinando la etapa de las primeras relaciones objetales.
En ella, el infante está casi permanentemente
no-integrado, y nunca integrado totalmente; la cohesión
de los diversos elementos sensoriomotores corresponde al
hecho de que la madre sostiene al infante, a veces
físicamente, y de modo permanente en términos
figurados. Periódicamente el gesto del infante expresa
un impulso espontáneo; la fuente del gesto es el self
verdadero y ese gesto indica la existencia de un self
verdadero potencial. Tenemos que examinar el modo como la
madre satisface esta omnipotencia infantil revelada en un
gesto (o agrupamiento sensoriomotor). He vinculado la
idea del self verdadero con el gesto espontáneo. La
fusión de la motilidad y los elementos eróticos está
en proceso de hacerse real en este período del
desarrollo del individuo.
La parte de la madre
Es necesario examinar la parte desempeñada por la madre,
y al hacerlo me parece conveniente comparar dos extremos;
en un extremo, la madre es suficientemente buena, y en el
otro no es suficientemente buena. Se preguntará
entonces: ¿qué se entiende por "suficientemente
buena"?
La madre suficientemente buena da satisfacción a la
omnipotencia del infante, y en alguna medida también le
da sentido. Lo hace repetidamente. Empieza a tener vida
el self verdadero, gracias a la fuerza que le cede al yo
débil del infante la instrumentación por la madre de
las expresiones omnipotentes de este último.
La madre que no es suficientemente buena no es capaz de
instrumentar la omnipotencia del infante, de modo que
repetidamente falla en dar satisfacción al gesto de la
criatura. En lugar de ello, lo reemplaza por su propio
gesto, que adquirirá sentido por la sumisión del
infante. Esta sumisión por parte del infante es la etapa
más temprana del self falso, y corresponde a la
ineptitud de la madre para sentir las necesidades de su
bebé.
Según una parte esencial de mi teoría, el self
verdadero sólo adquiere un mínimo de realidad como
resultado del éxito repetido de la madre en dar
satisfacción al gesto espontáneo o a la alucinación
sensorial del infante. (Esta idea está estrechamente
asociada con el concepto de Sechehaye contenido en la
expresión "realización simbólica". Esta
expresión ha desempeñado una parte importante en la
moderna teoría Psicoanalítica, pero no es totalmente
precisa, pues lo que se hace real es el gesto o la
alucinación del infante, y la capacidad de éste para
usar un símbolo es el resultado.)
En mi formulación, los hechos se desarrollan siguiendo
uno de dos lineamientos posibles. En el primer caso, la
adaptación de la madre es suficientemente buena, y en
consecuencia el infante empieza a creer en la realidad
externa que aparece y se comporta como por arte de magia
(gracias a la relativamente exitosa adaptación de la
madre a los gestos y necesidades del infante), y que
actúa de un modo que no choca con la omnipotencia del
bebé. Sobre esta base, el infante puede ir abrogando
gradualmente la omnipotencia. El self verdadero tiene
espontaneidad y los acontecimientos del mundo lo han
acompañado. El infante puede entonces empezar a
disfrutar la ilusión de la creación y el control
omnipotentes, y llegar gradualmente a reconocer el
elemento ilusorio, el hecho de que está jugando e
imaginando. Aquí está la base del símbolo, que al
principio es la espontaneidad o alucinación del infante
y también el objeto externo creado y finalmente
catectizado.
Entre el infante y el objeto hay alguna cosa, o alguna
actividad o sensación. En la medida en que ello una al
infante con el objeto (es decir, con el objeto parcial
materno), ésa es la base de la simbolización. Por otra
parte, en la medida en que ese algo separe en lugar de
unir, queda bloqueada su función de conducir a la
formación del símbolo.
En el segundo caso, que corresponde más particularmente
al tema en discusión, la adaptación de la madre a las
alucinaciones e impulsos espontáneos del infante es
deficiente, no suficientemente buena. El proceso que
lleva a la capacidad para el uso de símbolos no se
inicia (o bien se interrumpe, con el correspondiente
repliegue por parte del infante respecto de las ventajas
adquiridas).
Cuando la adaptación de la madre no es suficientemente
buena al principio, podría esperarse que el infante
muriera físicamente, porque no se inicia la catexia de
los objetos externos. El infante sigue aislado. No
obstante, en la práctica el infante vive, pero vive de
modo falso. La protesta contra el hecho de ser forzado a
vivir una existencia falsa puede detectarse desde las
etapas más tempranas. En el cuadro clínico vemos
irritabilidad general y perturbaciones de la
alimentación y de otras funciones, que pueden
desaparecer clínicamente, pero sólo para reaparecer en
forma grave en una etapa ulterior.
En este segundo caso, en el que la madre no puede
adaptarse suficientemente bien, el infante es seducido
para que sea sumiso; es un self falso complaciente el que
reacciona a las exigencias ambientales, y el infante
parece aceptarlas. A través de este self falso el
infante construye un conjunto falso de relaciones, y por
medio de introyecciones llega incluso a alcanzar un
aspecto de realidad, de modo que el niño crece para ser
exactamente como la madre, la niñera, la tía, el
hermano, o quien quiera domine la escena en ese momento.
El self falso tiene una función positiva y muy
importante: ocultar al self verdadero, lo que hace
sometiéndose a las exigencias del ambiente.
En los ejemplos extremos de desarrolla del self falso, el
self verdadero está tan bien oculto que la espontaneidad
no es un rasgo de las experiencias vivas del infante. El
rasgo principal es la sumisión, con la imitación como
especialidad. Cuando el grado de escisión en la persona
del infante no es demasiado grande, puede haber alguna
vida casi personal por medio de la imitación, e incluso
es posible que el niño interprete un papel especial, el
del self verdadero como sería si hubiera tenido
existencia.
Así es posible ubicar el punto de origen del self falso,
que ahora vemos que constituye una defensa, una defensa
contra lo impensable, contra la explotación del self
verdadero, que daría por resultado su aniquilación. (Si
el self-verdadero llega a ser explotado y aniquilado,
esto ocurre en la vida del infante cuya madre no sólo no
fue "no suficientemente buena" en el sentido
expuesto, sino que fue buena y mala de una manera
atormentadoramente irregular. En este caso la madre, en
razón de su propia enfermedad, necesita causar y
mantener la confusión en quienes están en contacto con
ella. Esto puede surgir en una situación transferencia)
en la que el paciente trata de enloquecer al analista
[Bion, 1959; Searles, 1959], y en algunos casos llega a
destruir los últimos vestigios de la capacidad del
infante para defender al self verdadero.)
He tratado de desarrollar el tema de la parte que
desempeña la madre en mi artículo titulado
"Primary Maternal Preoccupation" (1956a). En
ese escrito asumí el supuesto de que en la salud la
mujer que queda embarazada va logrando gradualmente un
alto grado de identificación con la criatura. Esa
identificación evoluciona durante el embarazo, alcanza
su punto culminante en el parto, y poco a poco se
extingue en las semanas y meses ulteriores. Esta cosa
sana que les sucede a las madres tiene consecuencias
tanto hipocondríacas como de narcisismo secundario. Esta
especial orientación de la madre con respecto a su
infante no sólo depende de su propia salud mental, sino
que también es afectada por el ambiente. En el caso más
simple, el hombre, respaldado por una actitud social que
es en sí misma un desarrollo de la función natural
masculina, se ocupa de la realidad externa en beneficio
de la mujer, de modo que por algún lapso resulta seguro
y sensato para ella volcarse hacia adentro y centrarse en
sí misma. A esto le corresponde un diagrama que se
asemeja al de la persona o familia paranoide. (Recordamos
aquí la descripción por Freud [1920] de la vesícula
viviente con su capa cortical receptiva...)
No corresponde que ahora desarrollemos este tema, pero
tiene importancia que se entienda la función de la
madre. De ningún modo se trata de una evolución
reciente, debida a la civilización, al refinamiento o a
la comprensión intelectual. No es aceptable ninguna
teoría que no tenga en cuenta el hecho de que las madres
siempre han cumplido suficientemente bien esta función
esencial. La función materna esencial le permite a la
madre conocer las más tempranas expectativas y
necesidades de su infante y hace que esté personalmente
satisfecha cuando el infante se siente bien. En virtud de
esta identificación con su infante, ella sabe cómo
sostenerlo, de modo que la criatura empieza existiendo y
no reaccionando. Aquí está el origen del self
verdadero, que no puede hacerse realidad sin la relación
especializada de la madre, una relación que podría
describirse con una palabra corriente: devoción (1).
El self verdadero
El "self falso" tiene que equilibrarse con una
formulación de lo que podría denominarse adecuadamente
el "self verdadero". En las etapas más
tempranas, el self verdadero es la posición teórica de
la que proviene el gesto espontáneo y la idea personal.
El gesto espontáneo es el self verdadero en acción.
Sólo el self verdadero puede ser creativo, y sólo el
self verdadero puede sentirse real. Mientras que un self
verdadero se siente real, la existencia de un self falso
da por resultado una sensación de irrealidad o
futilidad.
El self falso, si, tiene éxito en su función, oculta el
self verdadero, o bien encuentra un modo de permitirle
que empiece a vivir. Este resultado puede lograrse por
medios de todo tipo, pero nosotros observamos con mayor
detenimiento los casos en que la sensación de que las
cosas son reales o valen la pena aparece durante un
tratamiento. La paciente a la que me he referido llegó
al comienzo de su vida casi al final de un análisis
prolongado. Ella no tiene verdadera experiencia, no tiene
pasado. Empieza con cincuenta años de vida
desperdiciada, pero por lo menos se siente real, y por lo
tanto ahora quiere vivir.
El self verdadero surge de los tejidos y las funciones
corporales, incluso de la acción del corazón y de la
respiración. Está estrechamente vinculado con la idea
del proceso primario, y al principio es esencialmente
no-reactivo a los estímulos externos, sino primario. La
idea del self verdadero se justifica principalmente para
tratar de comprender al self falso, porque no hace más
que reunir los detalles de la experiencia de estar vivo.
Poco a poco el grado de refinamiento del infante llega a
un punto en el que decir que el self falso oculta la
realidad interior del infante es más correcto que decir
que oculta al self verdadero. En ese momento el infante
tiene una membrana limitadora establecida, un exterior y
un interior, y en una medida considerable se ha
desenredado del cuidado materno.
Es importante observar que, según la teoría que estamos
formulando, el concepto de una realidad interna
individual de los objetos corresponde a una etapa que es
posterior a la del concepto de lo que denominamos self
verdadero. El self verdadero aparece en cuanto existe
alguna organización mental del individuo y significa
poco más que la suma de la vida sensoriomotriz.
El self verdadero se vuelve rápidamente complejo y se
relaciona con la realidad externa mediante procesos
naturales, los procesos que se desarrollan en el infante
individual con el transcurso del tiempo. El infante se
vuelve entonces capaz de reaccionar a estímulos sin
trauma, porque el estímulo tiene una contraparte en su
realidad interior, psíquica. Entonces el infante explica
todos los estímulos como proyecciones, pero ésta es una
etapa que no necesariamente se alcanza, o que sólo se
alcanza parcialmente, o que se alcanza y después se
pierde. Si esta etapa se ha alcanzado, el infante
conserva la sensación de omnipotencia incluso cuando
reacciona a los factores ambientales que el observador
puede discernir como verdaderamente externos a la
criatura. Todo esto ocurre años antes de que el infante
pueda dar cabida en el razonamiento intelectual a la
acción del puro azar.
Cada nuevo período de la vida en el cual el self
verdadero no ha sido interrumpido gravemente da por
resultado un fortalecimiento de la sensación de ser
real, acompañado por una capacidad creciente del infante
para tolerar dos conjuntos de fenómenos, que son:
(1) Rupturas en la continuidad del vivir del self
verdadero. (Este es uno de los modos como el proceso del
parto puede ser traumático, como cuando hay demora sin
inconsciencia.)
(2) Experiencias reactivas o del self falso, relacionadas
con el ambiente sobre una base de sumisión. Esto se
convierte en la parte del infante a la que (antes del
primer cumpleaños) se le puede enseñar a decir
"ta" o, en otras palabras, a reconocer la
existencia de un ambiente que se está aceptando
intelectualmente. Pueden o no seguir sentimientos de
gratitud.
El equivalente normal del self falso
Es así como, a través de procesos naturales, el infante
desarrolla una organización del yo adaptada al ambiente,
lo cual no ocurre automáticamente, y por cierto sólo
puede ocurrir si en primer lugar el self verdadero (como
yo lo llamo) se ha convertido en una realidad viva,
gracias a la adaptación suficientemente buena de la
madre a las necesidades vivas del infante. En el self
verdadero de la vida sana hay un aspecto sumiso, una
capacidad del infante para obedecer y no quedar expuesto.
La capacidad para llegar a soluciones de transacción es
un logro. El equivalente del self falso en el desarrollo
normal es lo que puede convertirse en el niño en una
actitud social, algo adaptable. En la salud, esta actitud
social representa una transacción. Al mismo tiempo,
también en la salud, la transacción se vuelve imposible
cuando los problemas se convierten en cruciales. En tal
caso, el self verdadero supera al self sumiso. En la
clínica, ésta es una situación reiterada de la
adolescencia.
Los grados del self falso
Si se acepta la descripción de estos dos extremos y su
etiología, no nos resulta difícil en nuestro trabajo
clínico tener en cuenta la existencia de un grado alto o
bajo de la defensa del self falso, que oscila entre el
aspecto cortés y saludable del self y el falso self
sumiso y en realidad escindido que erróneamente se toma
por el niño total. Es fácil ver que a veces esta
defensa del self falso constituye la base de cierto tipo
de sublimación, como cuando el niño madura y se
convierte en actor. Entre los actores, están los que
pueden ser ellos mismos e interpretar un papel, y los
otros, sólo capaces de interpretar papeles, que se
encuentran completamente perdidos cuando no lo hacen y
cuando no son apreciados o aplaudidos (reconocidos como
existentes).
En el individuo sano que tiene un self con un aspecto
sumiso, pero que existe y es un self creativo y
espontáneo, hay al mismo tiempo capacidad para usar
símbolos. En otras palabras, en este sentido la salud
está estrechamente ligada con la capacidad para vivir en
un ámbito intermedio entre el sueño y la realidad, que
es denominado "vida cultural". (Véase
"Transitional Objects and Transitional
Phenomena", 1951.) En contraste, cuando existe un
alto grado de escisión entre el self verdadero y el self
falso que oculta al anterior, encontramos una capacidad
escasa para la utilización de símbolos y pobreza de la
vida cultural. En lugar de actividades culturales, en
tales personas observamos una extrema inquietud,
incapacidad para concentrarse y necesidad de recoger
incursiones de la realidad externa, para que el tiempo de
vida del individuo pueda llenarse con reacciones a ellas.
Aplicación clínica
Ya nos hemos referido a la importancia de reconocer la
personalidad del self falso cuando está realizándose un
diagnóstico a los fines de la evaluación de un caso
para su tratamiento, o la evaluación de un candidato a
psiquiatra o a asistente social psiquiátrico.
Consecuencias para el psicoanalista
Si estas consideraciones demuestran tener valor, la
práctica del psicoanálisis debe ser afectada de los
siguientes modos:
· En el análisis de una personalidad falsa debe
reconocerse el hecho de que el analista sólo puede
hablarle sobre el self verdadero al self falso del
paciente. Ocurre como si al principio el analista
discutiera el problema del niño con la niñera que lo
llevó, sin tomar un contacto directo con éste. El
análisis no se inicia hasta que la niñera ha dejado a
solas al niño con el analista, y el niño tolera esa
situación y empieza a jugar.
· En el punto de transición, cuando el analista empieza
a entrar en contacto con el self verdadero del paciente,
debe haber un período de dependencia extrema. A menudo
este hecho se pasa por alto en la práctica del
análisis: el paciente tiene una enfermedad, o de algún
otro modo le da al analista la oportunidad de asumir la
función de self falso (niñera), pero en ese punto el
analista no advierte lo que está sucediendo, y en
consecuencia son otros los que cuidan al paciente, y
éste pasa a depender de ellos en un período de
regresión encubierta a la dependencia, con lo cual la
oportunidad se pierde.
· Los analistas que no están preparados para satisfacer
las agudas necesidades de los pacientes que se vuelven
dependientes de este modo, deben tener la precaución de
escoger casos entre los que no haya tipos de self falso.
La práctica psicoanalítica incluye análisis que
continúan indefinidamente porque se realizan sobre la
base del trabajo con el self falso. En uno de estos
casos, de un paciente que ya había estado analizándose
durante un tiempo considerable antes de recurrir a mí,
mi trabajo con él comenzó realmente cuando le planteé
con claridad que yo reconocía su no-existencia. El
observó que durante años todo el buen trabajo realizado
con él había sido fútil, porque se basaba en que él
existía, mientras que en realidad sólo tenía una
existencia falsa. Cuando yo le dije que reconocía su
no-existencia, él sintió que se había comunicado por
primera vez. Quiso decir que su self verdadero, oculto
desde la infancia, había entrado entonces en
comunicación con su analista del único modo no
peligroso. Este es un ejemplo típico del modo como este
concepto afecta al trabajo psicoanalítico.
Me he referido a algunos otros aspectos de este problema
clínico. Por ejemplo, en "Withdrawal and
Regression" (1954a) seguí paso a paso, en el
tratamiento de un hombre, la evolución en la
transferencia de mi contacto con (su versión de) un self
falso, a través de mi primer contacto con su self
verdadero, hasta un análisis directo. En este caso el
repliegue tuvo que convertirse en regresión, según lo
describo en el artículo citado.
Podría enunciarse el principio de que en la zona del
self falso de nuestra práctica analítica encontramos
que se progresa más reconociendo la no-existencia del
paciente que mediante un trabajo prolongado sobre la base
de los mecanismos de defensa del yo. El self falso del
paciente puede colaborar indefinidamente con el analista
en el análisis de las defensas, como poniéndose de
parte de él, por así decirlo. El único modo de detener
con utilidad esta tarea infructuosa consiste en que el
analista señale y especifique la ausencia de cierto
rasgo esencial: "usted no tiene boca",
"usted aún no ha comenzado a existir",
"desde el punto de vista físico usted es un hombre,
pero por experiencia no sabe nada de la
masculinidad", y así sucesivamente. Estos
reconocimientos de hechos importantes, realizados con
claridad en los momentos oportunos, preparan el camino
para la comunicación con el self verdadero. Un paciente
que ha pasado por un prolongado análisis fútil basado
en el selffalso, cooperando vigorosamente con un analista
que creía que ése era su self total, me dijo en una
oportunidad: "Sólo me sentí esperanzado cuando
usted me dijo que no tenía ninguna esperanza, y
continuó con el análisis".
Haciendo pie en todo esto, podríamos decir que el self
falso (lo mismo que las proyecciones múltiples en etapas
ulteriores del desarrollo) engañan al analista si él no
advierte que, considerado como una persona en
funcionamiento total, el self falso, por bien emplazado
que esté, carece de algo, y ese algo es el elemento
esencial de la originalidad creativa.
A medida que pase el tiempo irán describiéndose muchos
otros aspectos de la aplicación de este concepto, y es
posible que en muchos sentidos el concepto mismo tenga
que modificarse. Mi propósito al explicar esta parte de
mi trabajo, que se vincula con el de otros analistas, es
señalar que este concepto moderno del self falso que
oculta al self verdadero, junto con la teoría de su
etiología, puede tener un efecto importante sobre la
práctica psicoanalítica. Hasta donde puedo verlo, no
supone ningún cambio importante en la teoría básica.
.
NOTAS:
(1) Por esta razón he
denominado "The Ordinary Devoted Mother and Her
Baby" (Winnicott, 1949a) a mi serie de charlas a las
madres.