En el caso que trataré aquí no estoy tornando notas, aunque me doy cuenta de que un día mi paciente me manifestará su deseo de que lo hubiese hecho. Intenté tomarlas en las primeras etapas, pero comprobé que interferían en mi análisis de esta mujer al hacer que se enfatizaran demasiado los detalles en la mente consciente. La reacción inconsciente, o menos consciente, quedaba así distorsionada.
Repasando las dos últimas semanas del tratamiento, pienso que una descripción podría ser valiosa como referencia para una fecha posterior, y que la clase de cosas que sucedieron ilustran la pauta de este análisis. Además, las reacciones de la paciente son menos violentas que en una etapa anterior, de modo tal que yo puedo incluso cometer errores o "manchones", como se los llama en este tratamiento, sin correr gran riesgo de que la paciente tenga una reacción verdaderamente seria o se busque otro analista.
En la actualidad, la base del tratamiento es mi silencio. Toda la semana pasada permanecí en un silencio absoluto, salvo por un comentario que hice muy al principio. A la paciente esto le parece un logro suyo, mantenerme silencioso. Hay muchos lenguajes para describir esto, y uno de ellos consiste en que una interpretación es un pene atravesando súbitamente el campo, y el campo es el pecho con un bebé incapaz de habérselas con la idea de un pene. El pecho es aquí un campo más que un objeto para chupar o comer, y en las asociaciones de la paciente estaría representado por un almohadón en vez de estarlo por una fuente de alimento o de gratificación instintiva.
La semana pasarla fue quizás, en este, aspecto, la más "esa" de todas, y la paciente se mostró encantada de que yo. desempeñara tesa rol, que contrarresta con su meticuloso estudio de Henry James. En Henry James encuentra un analista verán que se ocupa de palabras y tiene una comprensión muy particular y abarcadora, pero es soltero.
Esta semana casi perfecta cm concluyó de una manera extraña. Yo no tenía idea alguna de que hubiese habido alguna perturbación, pero el lunes la paciente me informó que lo que yo había hecho al final de la. sesión del viernes la molestó mucho, En consecuencia, durante el fin de semana habían retornado, moderadamente, todas sus viejas defensas. Parece ser que en el momento en que ella se levantaba se produjo un sonido como el de un papel que alguien arruga. El lunes pudo hablarme de esto y-de su reacción, pero no antes de haber encontrado la manera, menos delirante, de quejarse de mí. Desde mi punto de vista, resulta clarísimo que ella no puede creer en mi conducta . perfecta durante la semana, y al final tuvo una idea delirante de algún tipo que indicaba que yo me pongo sumamente impaciente en este rol de no hablar. Ella dice que al conseguir que yo no hable me convierte en una mujer, me castra, me vuelve impotente, etc., etc., y entiende muy bien que yo, no pueda soportarlo; incluso llegó a pensar que yo estoy celoso de :ella al darle lo que necesita, porque jamás lo tuve para mí.
En otro nivel; ese ruido significó para ella que yo me estaba masturbando, lo cual era pira prueba de mi incapacidad para, tolerar el permanecer sin hacer nada, La única base real de esa delusión que yo puedo descubrir sería que al fanal de la hará a veces me meto en el bolsillo el pañuelo que tengo entre las manos. No obstante, no estoy seguro de que en esta ocasión haya habido alguna base real para esa idea delirante.
El lunes sí dije dos cosas, y las dije no porque me fuera difícil mantenerme en silencio, sino porque creía que debían ser dichas. Ella me pidió que le hiciera saber lo que yo pensaba hacer durante el verano y las próximas Navidades, por las modificaciones que debían introducirse en los horarios, e insistió en que lealmente quería tener una respuesta. Mi intención fue contestarle: "No estoy en condiciones de darle la respuesta que usted me pide", pero en cambio le dije: "Usted quiere una respuesta a algo que no estoy en condiciones de dar". Como lo formulé así, ella entendió que la estaba reprendiendo, que le estaba diciendo que no debía preguntar esa clase de cosas. Volví a interpretarle cuando me dijo que se creía capaz de tolerar al menos un pedacito de interpretación de mí. Hice referencia a un sueño de la semana anterior y le puntualicé que un objeto sólido de gran tamaño en medio de un material vinculado a una delicada decoración ornamental representaba los hechos o la realidad externa estallando en la fantasía: Esta era otra versión del pene a través del pecho y de otros modos de hablar similares. El problema de esta interpretación es que con ella yo no hacía sino repetir una interpretación que la paciente misma había formulado. Ahora ella disponía de dos "manchones", y el lunes sintió que se encontraba en la misma-situación en que había estado cerca de los comienzos del análisis, cuando no regresó. Había vuelto .a estudiar mis artículos sobre la madre común y corriente subrayando los pasajes relevantes,. y sabía que yo realmente comprendía lo que ella necesitaba: "La única explicación -dijo- es que usted no es capaz de hacer lo que sabe necesario, .y todo el asunto es falso. El motivo, -continuó diciendo- debe ser que usted no soporta que se lo convierta en mujer, -o cualquier otra cosa que el silencio signifique, para usted". Y ya me había manifestado que en ese momento Henry James había asumido todo el funcionamiento masculino y que en el análisis la que ella necesitaba era pura y absolutamente un quehacer materno. Para atender a ello, se muestra extremadamente regresiva y dependiente en la sesión analítica, aunque .en su trabajo puede funcionar bien la mayor parte del tiempo. En esta etapa su vida privada se limita casi exclusivamente a la gran actividad que despliega en su cuarto, y que incluye su lectura y estudio de Henry James, cuya biografía está leyendo con voracidad.
En primer término, yo debía aceptar mi situación como alguien que no dice nada. Esto me fue extremadamente difícil en la mañana del mares, no porque me importase estar callado sino porque podía entender lo que estaba sucediendo, y no hay nada más difícil de soportar para un analista que la transferencia delirante del paciente. Esto surtió en mí el efecto de producirme un cosquilleo en la garganta que; empero, pude ocultar, y admito que si hubiese podido pronunciar tras palabras el cosquilleo habría desaparecido. El no poder hablar produce en mí un efecto curioso, al demandarme una escucha distinta de la habitual. Hasta cierto punto, yo siempre escucho con la garganta, y mi laringe va siguiendo los sonidos que oigo en el mundo y, en particular, la voz de alguien que me habla. Esta ha. sido siempre una característica mía, y en una época fue un síntoma serio.
Después de media hora la paciente me dijo: "Me siento muy diferente ahora que pude decir todo eso, y estoy en condiciones de soportar que usted diga algo; más aún, creo que lo necesito". El alivio que esto me trajo fue grande, y yo tenía bien en claro que ello no se debía a mi silencio, del cual más bien yo estaba disfrutando. La razón de mi alivio fue que pude empezar a hacer algo con respecto a la idea delirante de la paciente, aunque desde luego no pude hacer mucho: En esta clase de análisis es esencial aceptar ciertas ideas no verdaderas sobre uno mismo.
Este permiso para hablarme dio la oportunidad de interpretar que el problema estaba en lo acontecido al final de la sesión del viernes, con muy poca base real; para la paciente había resultado más sencillo hablar acerca de los dos "manchones" del lunes; que destruían el análisis; por lo demás bueno, durante el cual yo permanecía en silencio. Corrí un riesgo y dije que la forma en que yo había transmitido mi información acerca de las vacaciones le dio a entender que la estaba censurando: Además, no hay muchos motivos válidos para formular una interpretación que ya había formulado la propia paciente. Por consiguiente, estas das cosas tenían una base real, en comparación con lo cual lo sucedido al final del viernes aparecía endeble y casi por completo un producto de sus expectativas: Mediante la técnica del silencio yo podría haber establecido las condiciones para que la paciente misma resolviese el problema del viernes; todo lo que ella precisaba era tiempo y oportunidad, sin que "el pene se cruzase en el campo de su pecho". A la sazón, la paciente ya casi había vuelto a poder considerar mi silencio como algo que yo podía darle a raíz de su necesidad. Debe subrayarse, empero, que conservó la fuerte idea delirante de que en realidad no soy capaz de permanecer en silencio. A la postre, con el fin de ayudarme, formulé una interpretación sobre mi incapacidad para estar callado, consistente en que si yo hacia algo por ella me ponía celoso, ya que nadie lo había hecho jamás por mí. En el curso de estos quince días sucedieron muchísimas cosas; y confío mucho en la técnica del silencio: estoy dispuesto a seguir empleándola, salvo en la medida en que la paciente no pueda creer en ella.
Ocurre que conozco, con un grado razonable de certeza, una interpretación aplicable a toda esta fase No obstante, es necesario que espere hasta que la propia paciente la formule. Como ella ha dicho: "Con mi historia, en la que un padre excitable interrumpía constantemente lo qué hubiese entré la madre y el bebé en su experiencia mutua, necesito llegar por mí misma a la interpretación". Desde luego, coincide con esto que en ciertos momentos una interpretación es necesaria porque la paciente prisa algo más de lo que en ella misma tiene para ver. Sea como fuere; en esta fase es perfectamente capaz de llegar a comprender lo que necesita, y de hecho casi lo ha alcanzado la última semana. Intentaré enunciar esta interpretación:
La paciente se halla en un punto de transición muy delicado entre el comer y el ser comida, esto último como reacción taliónica; y en tal comer y ser comida, dicha dualidad es simplemente una expresión de la identificación mutua del bebe y la madre -o de la falta de diferenciación de ésta respecto del bebé-. Figura en mis escritas (y la paciente los ha leído) la etapa en que el bebé de doce semanas alimenta a la madre con el dedo mientras tomé el pecho; y la paciente me ha dicho que siente como si me trajera algo para alimentarme. Sin embargo, pienso que ella está tratando de alcanzar la idea de ser comida por la madre; y siente que su madre le falló 'en esta área de experiencia. Tuvo, :por supuesto, la experiencia del temor-,a ser comida talión-feamente,. pero faltó la base de esto, qué es, ser comida simplemente porque cualquier cosa que atenté un bebé, también la madre lo siente.
II
En general, hay varios problemas pendientes. Por debajo de todo lo demás está el problema que surge del no hablar. Yo rara vez hago una interpretación, y el análisis prosigue mejor sobre la base de que no diga nada en absoluto. Sin embargo, esto trae complicaciones, porque se vuelve cada vez más evidente que uno de los propósitos de la interpretación es plantear los límites de la comprensión del analista. El fundamento para no interpretar, y de hecho para no emitir ningún sonido, es la premisa teórica de que el analista realmente sabe lo que está aconteciendo. Probablemente, hasta la fecha puedo decir que sé lo que está aconteciendo en este análisis, y por tal razón continúo con mi política de no hablar, que es por cierto lo que la paciente me pide.
Dentro de este marco, hay dos temáticas. Más en la superficie está toda la cuestión de las relaciones triangulares, como entre personas totales; el complejo de Edipo, Electra, etc. Esta temática se inició con "cabello rubio", etc., e incluyó la idea de que yo estaba celoso de las relaciones sexuales de la paciente con hombres, y también que mi esposa está celosa de su relación conmigo (los paraguas en el pórtico; mi esposa puede llevarse su paraguas por error, etc.). Hay en torno de este tema gran cantidad de material y mucha actuación, que ha formado parte cuantiosa de este análisis.
Todo esto se ve alterado por el hecho de la otra temática, que podría designarse como la de la fatalidad o el destino. De este modo, todo lo de naturaleza edípica queda dentro o fuera del ámbito de la fatalidad. La principal enunciación acerca de la fatalidad sobrevino antes de los feriados de Pascuas, cuando el problema interpersonal en su conjunto fue formulado en términos de la mitología griega, hasta tal punto que yo estudié La tragedia en Sófocles, de Bowra, para estar preparado. La frase operativa fue "no un peón del destino sino un agente del destino". Después de Pascuas la misma temática reapareció con otro lenguaje: "Siempre fui un objeto parcial", "Por primera vez puedo decir que soy una persona muy neurótica; el acento recae en la palabra persona": Aquí la interpretación, en caso de haberla formulado, tendría que haber sido que un objeto parcial no puede experimentar la omnipotencia. No obstante, la paciente no está preparada para ser una persona total que experimenta la omnipotencia, y no tiene suficiente confianza en el ambiente facilitador como para extraer fuerza del yo materno. Aquí interviene el analista de muy buenos modales de quien, sin embargo, no se puede esperar confiablemente que se conduzca bien, salvo en un sentido negativo, o sea, que no se conduzca mal.
La principal interpretación, que no puede formularse a raíz de las circunstancias, es que la omnipotencia infantil que evidentemente la paciente no experimenta en relación con la madre, ha sido íntegramente proyectada en la mitología griega y ahora, desde el feriado, en la historia antigua de Irlanda; los druidas, las raíces del cristianismo en Irlanda; la cruz irlandesa que es un círculo. Reformulémoslo: para este paciente, que ha tenido una experiencia insuficiente de vivir omnipotente, el complejo de Edipo y todas las -relaciones triangulares -y de hecho, todas las relaciones- quedan fuera de la omnipotencia proyectada (objetos parciales interrelacionados) o de lo contrario son víctimas de la fatalidad, están atrapadas por el destino, o sea, hay en ellas una total proyección de la omnipotencia infantil de la paciente.